Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra la política de cookies, aquí Si continuas navegando estás aceptándola
Política de cookies +
La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Ella, (por E.Martínez)
ADVERTENCIA: Esta página contiene textos e imágenes que pudieran ser considerados no apropiados para personas menores de la edad legal. Por eso se hace esta advertencia. El contenido de los mismos es evidentemente "para adultos" y de contenido explícitamente sexual por lo que, hecha esta advertencia, si finalmente decides continuar, lo haces bajo tu única y exclusiva responsabilidad. No se obliga a entrar, es más, se recomienda que aquellas personas que puedan sentirse molestas, o incluso ofendidas, con el contenido de lo que aquí aparece, que se abstengan de hacerlo.

Ella es una de esas mujeres que ganan con la desnudez. No es que el vestido la desmerezca, es que la visión de su cuerpo desnudo es excitante.

El pelo es largo, rizado, brillante, negro, con apenas canas. Eso y que lo tiñe.

La cara es ovalada, con un mentón voluntarioso. Las mejillas gorditas, infantiles. La nariz es fina y proporcionada. Los ojos son grandes, de color azul, muy luminosos. Los labios son un poco gordezuelos, carnosos, le dan a un boca un aspecto atractivo y tentador. La boca es fresca y jugosa. La tez es morena, en parte porque ese es su color natural y también en parte por el bronceado ocasionado por sus largos paseos por la playa.

El cuello muestra más arrugas de las deseables para la edad que representa. Un incipiente engrosamiento se muestra bajo su barbilla lo que le da un aspecto morbosamente tierno. En su encuentro con el tronco forma unos graciosos huecos que apetece besar.

Los hombros son redondos, suaves, cuidados. Los antebrazos inician un descolgamiento en la parte posterior. Los brazos son fuertes, bien formados, ligeramente musculosos. Las manos son pequeñas, alargadas, suaves, cariñosas y tiernas.

Los pechos son apetitosos, sabrosos, de mediano tamaño, de buena forma, plenos, firmes, algo caídos. Gozan de unas marcadas, redondas, oscuras y duras aureolas. Los pezones parecen estar dispuestos siempre a elevarse y tirando de los pechos alejarlos de la fatal atracción de la inevitable fuerza de la gravedad.

El vientre es el de una mujer cercana a los cuarenta que se cuida y visita regularmente el gimnasio. El ombligo no es más que una leve oquedad, un punto geográfico en una especie de morena llanura, una referencia sexual. Después la barriga continua una curva ascendente que luego baja hasta el inicio de un nuevo ascenso, esta vez hacia un mítico Monte de Venus.

Todo el pubis está poblado por un denso, negro, brillante, ensortijado, misterioso, nunca depilado, oculto y secreto vello. La vulva muestra unos amplios labios mayores por donde asoman hambrientos los más próximos al canal vaginal. El clítoris es amplio, rebelde, siempre inquieto y dispuesto.

Las caderas son amplias, rotundas, de hembra en flor. El culo es generoso, denso, acosado por la infamia de la celulitis. A veces excitantemente temblón. Forma unos graciosos pliegues en el encuentro con los muslos. Las nalgas son grandes, redondas, suaves, atractivas, deseables, invitan al mordisco. Cuando se vuelve y dobla las rodillas bajo el vientre adquiere la forma de un sensual corazón. Pocos paisajes son tan hermosos y ninguna invitación tan tentadoramente irresistible.

Los muslos son largos, regruesados por la celulitis sobre todo por encima de las rodillas. Se insertan en el tronco en unas ingles sin depilar que no dejan de ser continuación del cuidado vientre y del misterioso pubis.

Las piernas son un punto gruesas, bien depiladas, morenas, formadas y trabajadas por los largos paseos.

Los píes son pequeños, de dedos largos, no excesivamente venosos aunque los tendones a veces se le marcan en exceso.

Tiene un olor peculiar en la piel morena, sin marcas de bañador, ni siquiera de bragas. Toma el sol desnuda y se le nota. Solo la osada cicatriz de la apendicitis le pone una exótica línea blanca en la piel. Huele a esa mezcla de flores y sexo que se impregna entre los más escondidos de los recuerdos.

Los andares son suaves, como toda su forma de moverse, suave, amplia y profunda. Camina a pasos más bien cortos, manteniendo algo rígidas las rodillas, apretando las nalgas y oscilando graciosamente la cadera.

Para mirar, inclina ligeramente la cabeza hacia un lado y fija los ojos mientras la boca tiende a la sonrisa o al menos a un gesto amable. Cuando sonríe, sus los ojos se llenan de brillos como si fueran pequeñas estrellas. Pero cuando ríe toda su expresión se modifica, los ojos se convierten en dos chispeantes líneas y la boca se abre en un franco gesto que muestra una blanca dentadura.

Su voz es algo grave, no es en absoluta chillona. Es suave, modulada y agradable. Sus susurros profundamente melosos.

Es una buena amante, hace el amor como pocas. Es ruidosa y activa, no tiene prejuicios. Tan pronto se te ofrece melosa y pasiva como se lanza voluntariosa en pos de la lascivia de un orgasmo compartido. El día que te dice que si, sabes que vas a disfrutar del sexo como pocas veces. Si te busca prepárate para tocar el cielo. Sabe lo que tiene pero sobre todo lo que quiere y como conseguirlo.

E. Martínez

Otro relato ...




De momento hay pocos relatos. Alguno de ellos lleva ya tiempo escrito. A lo mejor, tenéis cosas que contar, que os apetece mandar pues aquí tienen sitio.

Si quieres copiar algún relato y pegarlo en tu sitio o en otro, no olvides copiar y pegar también el enlace de donde los has obtenido y el nombre del autor.