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La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Una larga historia, segunda parte (por David y otros)
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Nota de David y Bedri : Este que viene ahora es un relato que surgió de la colaboración de varias personas que contaron a David lo que ellos creen que pasó. Algunos de los hechos narrados no sucedieron tal y como se cuentan, de la misma forma los personajes han sido distorsionados para impedir que se puedan reconocer a cualquiera de los protagonistas. Es cierto que se han asumido ciertas licencias pero se hizo con el convencimiento de no desvirtuar el fondo del asunto y no traicionar las identidades de los narradores. De la certeza de la mayoría de lo sucedido podemos dar fe de forma fehaciente puesto que a disposición de David se han puesto tanto fotografías como vídeos así como testimonios de distintas personas, algunas de las cuales se ven reflejadas en esta narración.

David.

Segunda parte.

Unos días más tarde, en plena vorágine de las rebajas dejé a mi familia en las tiendas y me fui a tomar algo a un café. Me senté en una de las mesas situadas al lado del la gran luna de la cafetería y pedí un expresso. Acababan de servírmelo cuando, de repente, una mujer se sentó presurosa frente a mi. Era ella, Mercedes, la mujer de la otra oche.

-Hola ¿tienes un minuto?.

-Claro que si, dime.

-Es por lo de la otra noche, que mantengo el ofrecimiento, que puedes hacerme lo que quieras a cambio de que no digas nada, susurró mientras se inclinaba hacia delante para no tener que elevar la voz por encima de lo prudente.

-Tranquila, no te tienes que preocupar por eso, nadie va a saber nada por boca mía.

-¿Es que no te gusto?

-No, no es eso, es que sencillamente no veo apropiado aprovecharme de ti en esa situación, sería como hacerte chantaje y eso no me gusta.

-Muchas gracias pero me quedaría más tranquila te acostaras conmigo es como si así me garantizaras el secreto.

-No te preocupes, nadie me creería aunque nos acostemos y luego lo cuente.

Se rió con franqueza ante mi respuesta y se levantó para irse. Justo antes de arrancar me miró y dijo:

- Cuando quieras, si quieres ... ya sabes.

Sonrió con cierta complicidad y se fue. La observe pensativo mientras se alejaba y me quedé solo, con mi café y mis pensamientos, no esperaba volver a verla y mucho menos que continuara con aquella cuestión. Poco después llegó mi mujer y al cambiar el tema de la conversación se me olvidó la fugaz visita de Mercedes.

No había pasado una semana cuando Isabel, una compañera de trabajo y amiga de Mercedes se me presentó en el despacho y aprovechando que estábamos solos me espetó: -¿Qué tal con Merchitas?.

Me quede sin saber que contestar porque no sabía de quien me hablaba.

-Vamos a ver una cosa ¿No te follaste a Merchitas en el garaje? Dijo seria con cara de pocos amigos.

Eso fue la puntilla, una fugaz asociación de ideas me llevó a recordar aquella noche y a Mercedes. No sabía que le llamasen Merchitas. Completamente desarbolado contesté inocentemente:

- Yo no se nada, coincidió solo que pasé por allí.

Esa simple frase provocó el cambio de cara de Isabel.

-¡Vaya! Entonces tú sabes algo, dijo con expresión casi triunfante.

-No, yo no se nada. Insistí disimulando como pude.

Durante unos minutos hubo un intercambio de preguntas, respuestas y negaciones que finalizaron cuando Isabel dijo que me convenía decirle lo que yo sabía porque se comentaba en el barrio que Merchitas tenía un lío y que podría ser yo. Me explicó que, desde hacía algún tiempo, el marido de Mercedes tenía algunas sospechas acerca de su mujer y que se lo había comentado a Carlos que además de ser su íntimo amigo está casado con Isabel. Que la habían visto salir varias veces de la calle donde está garaje de mi edificio y una vez de mi portal, siempre de noche. Además, la habían visto tomando un café conmigo. Como parecía que ella sabía más que yo le conté lo que había pasado pero sin mencionar la propuesta de Mercedes de acostarme con ella si guardaba el secreto. Isabel es también amiga de mi mujer de los tiempos del instituto así que me prometió echarme un capote si se me llegaba a relacionar más directamente con aquel asunto. Isabel me contó también algunas otras cosas sobre Mercedes que sin venir a cuento narrarlas ahora si tendrán su relación con lo que luego sucedería. Finalmente acordamos mantenernos informados de todo aquello que tuviera relación con los presuntos amoríos de Mercedes.

Visitas como aquella se repitieron varias veces a lo largo de las semanas y meses siguientes. Y gracias a ellas pude enterarme de algunas cosas. Isabel me contó que entre algunas personas amigas de Mercedes habían logrado cesar aquella relación. También tuve acceso a una serie de informaciones e incluso algunos documentos que me permitieron conocer bastante a fondo todo aquel asunto.

Parece ser que el otro era un compañero de trabajo de Merchitas y que todo había empezado en una cena de la empresa. Ella había bebido un poco, lo justo para desinhibirse y ambos habían acabado en el coche de él haciendo el amor. Ella además de ser muy atractiva es sexualmente muy activa y parece ser que el polvo fue de los memorables y ambos quedaron en repetirlo pero en una cama.

Una tarde del mes siguiente a esto fueron juntos a un hotel distante algunos kilómetros donde mantuvieron un encuentro sexual que duró toda la tarde. Según confesó luego Merchitas fue antológico. Cuando salió de la habitación ella lo hizo satisfecha y pensando que no se repetiría.

Una vez al mes, ella y el hombre se tenían que quedar hasta tarde en el trabajo para hacer un arqueo. Normalmente se quedaban solos en la oficina con el vigilante de seguridad y a veces con el jefe. Estaban trabajando, una de esas noches, cuando el se levantó, cerró la puerta, se puso detrás de ella, se le acercó y le comenzó a manosear los pechos masajeándoselos y apretándoselos. Ella se reclinó sobre el respaldo de su sillón y se dejó hacer. El giró la silla colocando a Mercedes de frente al tiempo que volvía a masajearle las tetas y los muslos que ella dejó abrir. El caso es que la desnudó completamente y acabaron haciendo el amor sobre la mesa del despacho. Cuando se vestían, ella le dijo que no era bueno seguir con aquello y mucho menos en el trabajo.

Durante todo el mes no sucedió nada reseñable más que algunos guiños que el le dedicaba cuando se cruzaban a solas. Cuando llegó el siguiente arqueo, al salir a la calle el le propuso llevarla. Ella aceptó pero advirtiéndole que no harían el amor que no le apetecía mantener ninguna relación. El protestó y le propuso una despedida que tendría ser especial. A ella no le desagradaba algo así por lo que aceptó quedando que él buscaría el sitio y que ella procuraría disponer de todo el tiempo necesario, incluso toda una noche.

David y varios

Sigue en la tercera parte ...

Otro relato ...




De momento hay pocos relatos. Alguno de ellos lleva ya tiempo escrito. A lo mejor, tenéis cosas que contar que os apetece mandar pues aquí tienen sitio; y si lo deseáis, las podéis enviar a la dirección que figura en este enlace enviar relatos prohibidos

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