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La Página de Bedri
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Hipercolesterolemia

¿Qué es la hipercolesterolemia,?

Si el colesterol que circula por la sangre está elevado (por encima de 200 miligramos por decilitros) el diagnóstico es hipercolesterolemia, que puede tener origen hereditario (estas personas pueden presentar colesterol elevado en edades muy tempranas), y su desarrollo también puede estar favorecido por una alimentación poco saludable o demasiado calórica que conduce a sobrepeso u obesidad. Una dieta rica en grasa saturada puede favorecer la aparición y desarrollo de hipercolesterolemia, por la capacidad que tiene este tipo de grasa de elevar los niveles de colesterol en sangre.

El colesterol plasmático sólo existe en la forma de complejos macromoleculares llamados lipoproteínas. Actualmente se reconoce ampliamente el papel causal del colesterol presente en las lipoproteínas de baja densidad (LDL) en la patogenia de la arteriosclerosis. De esta manera, la existencia sostenida de niveles elevados de colesterol LDL por encima de los valores recomendados, incrementa el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares (principalmente infarto de miocardio agudo) hasta diez años después de su determinación, tal como lo demostró el estudio de Framingham iniciado en 1948. De manera interesante, el colesterol presente en las lipoproteínas de alta densidad (HDL) ejercería un rol protector del sistema cardiovascular. Así, el colesterol tiene un impacto dual y complejo sobre la fisiopatología de la arteriosclersosis, por lo que la estimación del riesgo cardiovascular basado sólo en los niveles totales de colesterol plasmático es claramente insuficiente.

Sin embargo, y considerando lo anterior, se ha definido clínicamente que los niveles de colesterol plasmático total (la suma del colesterol presente en todas las clases de lipoproteínas) recomendados por la Sociedad Norteamericana de Cardiología son:

Colesterolemia por debajo de 200 mg/dL (miligramos por decilitros): es la concentración deseable para la población general, pues por lo general correlaciona con un bajo riesgo de enfermedad cardiovascular.

Colesterolemia entre 200 y 239 mg/dL: existe un riesgo intermedio en la población general, pero es elevado en personas con otros factores de riesgo como la diabetes mellitus.

Colesterolemia mayor de 240 mg/dL: puede determinar un alto riesgo cardiovascular y se recomienda iniciar un cambio en el estilo de vida, sobre todo en lo concerniente a la dieta y al ejercicio físico.

En sentido estricto, el nivel deseable de colesterol LDL debe definirse clínicamente para cada sujeto en función de su riesgo cardiovascular individual, el cual está determinado por la presencia de diversos factores de riesgo, entre los que destacan:

  • Edad y sexo
  • Antecedentes familiares
  • Hábito tabáquico
  • Presencia de hipertensión arterial
ADVERTENCIA: si usted está enfermo o cree que pudiera estarlo acuda a su médico, solo el puede ofrecerle un diagnostico y un tratamiento adecuado a su caso.

Nivel de colesterol HDL

En personas con riesgo cardiovascular alto, es decir, aquellas con una probabilidad de más de un 20% de sufrir un evento cardiovascular mayor o letal en un periodo de 10 años, tales como pacientes diabéticos o que previamente hayan tenido uno de estos eventos. Actualmente la recomendación es mantener su colesterol LDL en menos de 100 mg/dL. Incluso en los pacientes que se catalogan de muy alto riesgo se recomienda un colesterol LDL igual o menor a 70 mg/dL.

En España la máxima concentración recomendada de colesterol en sangre es más elevada que en Estados Unidos, como lo indica la Sociedad Española de Arterioscleosis, quizá debido a que el riesgo cardiovascular global en España es más bajo:

Prevención y cuidados

La Fundación Española del Corazón destaca que el ritmo de vida actual, el estrés y las prisas están transformando los hábitos alimenticios. Y asegura que no ha sido un cambio a mejor, ya que la falta de tiempo ha inclinado a las familias a adoptar nuevas formas de cocina que no siempre son las más saludables: se abusa de la comida rápida y los platos precocinados.

Por ello, la Fundación advierte que el crecimiento y desarrollo del ser humano pasa por una alimentación equilibrada, que en el caso de las enfermedades cardiovasculares, colabora en el control de un importante factor de riesgo: el colesterol. Los médicos resaltan la importancia de retomar en la vida diaria la dieta mediterránea, que se define como aquella dieta baja en grasas animales saturadas, rica en frutas, verduras y hortalizas y llena de productos con sustancias verdaderamente cardioprotectoras. Defienden que la clave para lograr una cocina cardiosaludable es convencerse que comer sano es sencillo, barato y, sobre todo, muy atractivo para el paladar.

Los cardiólogos advierten también que la decisión de tomar una medicación especial para disminuir el colesterol debe ser siempre a escuchas de un médico, que la recetará tras una completa valoración. Asimismo, avisan de que es muy arriesgado utilizar medicación anticolesterol sin indicación y seguimiento facultativos. Una vez que se ha iniciado un tratamiento la duración suele ser indefinida, y éste ha de llevarse a cabo bajo supervisión médica. No obstante, la Fundación reitera que la medicación no es más que una parte del tratamiento, en el que lo fundamental son las recomendaciones referentes a la alimentación.

El tratamiento dietético implica, en caso de sobrepeso u obesidad, alcanzar un peso saludable a través de la adecuación de la alimentación a las características de la persona. En la dieta, además del ajuste calórico, se ha de controlar la calidad de la grasa, reduciendo el aporte de alimentos ricos en colesterol y en mayor medida de grasa saturada. La grasa poliinsaturada, en especial del tipo omega 3, presente en las grasas de los pescados, a diferencia de la saturada, manifiesta un efecto protector, puesto que disminuye la viscosidad de la sangre, reduciendo así el riesgo de formación de trombos. La grasa monoinsaturada, cuyo principal representante es el aceite de oliva, posee también un efecto beneficioso al aumentar el buen colesterol (HDLc) y evitar la oxidación del colesterol malo (LDLc). Así mismo, es preciso aumentar el consumo de alimentos ricos en antioxidantes naturales, pues las líneas de investigación más recientes corroboran la capacidad que tienen estas sustancias de reducir o impedir la oxidación de las partículas grasas y su posterior acumulo en las paredes de las arterias. También se sabe que la fibra que contienen ciertos alimentos (frutas, legumbres y algas) tiene la facultad de captar ciertas sustancias a nivel intestinal impidiendo su absorción, entre ellas el colesterol y las grasas.

Por otro lado, puesto que la hipercolesterolemia es un factor de riesgo asociado al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, es necesario plantearse el abandono de hábitos nocivos, como el consumo de tabaco, que suponen un riesgo añadido en la aparición de dichas enfermedades, y en caso de hipertensión arterial, el control de los niveles de ésta.

ADVERTENCIA: si usted está enfermo o cree que pudiera estarlo acuda a su médico, solo el puede ofrecerle un diagnostico y un tratamiento adecuado a su caso.

Recomendaciones en la dieta

Alcanzar o mantener un peso saludable mediante una ingesta adecuada de calorías.

Distribuir las comidas en varias tomas, ya que una alimentación fraccionada influye positivamente sobre el nivel de lípidos en sangre.

Es necesario limitar:

  • Órganos ó despojos: Hígado, riñones, sesos, etc.
  • Marisco: Calamares y camarones.
  • Derivados cárnicos: Embutidos grasos, foie gras y patés, salchichas y hamburguesas comerciales, etc.

Reducir el consumo de grasas saturadas y colesterol:

Escoger las carnes más magras y quitar la grasa visible antes de su cocinado (ver cuadro alimentos aconsejados) y desgrasar los caldos de carne o aves en frío.

Aumentar el consumo semanal de pescado a unas cuatro raciones, y procurar tomar con más frecuencia pescado azul.

Se permiten hasta 4 huevos a la semana (dependiendo del grado de hipercolesterolemia y nunca más de una yema al día).

Aliñar los platos con aceites vegetales (oliva, girasol) en vez de con mantequilla o margarina.

Disminuir el consumo de carnes por la asociación que suele haber entre proteínas y grasas saturadas en estos alimentos, y aumentar la proteína vegetal combinando en un mismo plato legumbres y cereales (garbanzos o lentejas con arroz, pasta con guisantes).

Hoy día, existen diversos productos en el mercado pobres en grasa y colesterol (comprobar etiquetado).

Si se come fuera de casa, elegir del menú ensaladas, aves o pescados a la parrilla en lugar de fritos o guisos. Para evitar la adición excesiva de salsas se puede pedir que éstas se sirvan a parte, y uno mismo adicionarla.

Aumentar el consumo de fibra y antioxidantes naturales:

  • Tomando al menos 2 piezas de fruta al día, preferiblemente con piel ó pulpa, procurando incluir un cítrico.
  • Escogiendo preferentemente los productos integrales: pan, arroz, pasta...
  • Aumentando el consumo de legumbres a 3 veces por semana.
  • Tomando mínimo 2 raciones de verdura ó ensalada (cruda ó cocida) al día.
  • Las personas que tomen vino, lo deberán hacer con moderación (2 vasos de vino al día).

Recomendaciones al cocinar

Evitar las preparaciones culinarias excesivamente grasas como guisos, estofados, frituras, empanados y rebozados.

Preparar platos para luego congelarlos, y así, no tener que acudir a los precocinados, que pueden estar cocinados con más grasa.

Preferir planchas, parrillas, asados (horno, papillote), microondas, cocciones en agua (vapor, hervido, escalfado).

Para que la comida resulte más apetitosa o en el caso de que sea preciso reducir la sal se pueden emplear diversos condimentos: albahaca, hinojo, comino, estragón, laurel, tomillo, orégano, perejil, pimienta, pimentón.

En la elaboración de ciertos platos se puede emplear margarina baja en calorías, disponible en el comercio con un 50% menos de grasa que su equivalente normal.

El vinagre y el aceite (oliva y semillas) pueden ser macerados con hierbas aromáticas.

En la elaboración de salsas, los vinos u otras bebidas alcohólicas como ingrediente flambeados pueden hacer más sabrosas diversas recetas.

Otros cuidados y precauciones

En personas con hipercolesterolemia obesas una dieta hipocalórica bajo control de un especialista ayuda a reducir los niveles de colesterol en sangre.

El exceso de alcohol favorece el aumento de peso que a su vez es factor de riesgo de desarrollo de hipercolesterolemia, por tanto, se debe moderar su consumo.

Es necesario suprimir el tabaco por ser un factor de riesgo añadido ante enfermedades cardiovasculares.

El ejercicio físico moderado y regular ayuda a mejorar los niveles plasmáticos de colesterol. El estrés mantenido puede conducir a estados de ansiedad que se relacionan con aumentos del colesterol, por tanto es necesario aprender a relajarse y a llevar un ritmo de vida más saludable.

Alimentos aconsejados

Leche y lácteos: Leche y yogures desnatados, queso tipo Burgos y requesón bajos en grasa, quesitos light, queso blanco en lonchas o de barra bajo en grasas.

Carnes, pescado, huevos y derivados: Carne y aves poco grasas (pollo y pavo sin piel, ternera magra, caña de lomo de cerdo, conejo, solomillos, caballo, perdiz, codorniz...), jamón york magro (con el 3% al 5% grasa, ver etiquetado), pescados (azul con mayor frecuencia que blanco), huevo.

Cereales, patatas y legumbres: Todos, salvo los indicados en el resto de apartados.

Verduras y hortalizas: Todas.

Frutas: Todas salvo las indicadas en alimentos "limitados".

Bebidas: Agua mineral con o sin gas, caldos desgrasados, infusiones, zumos.

Grasas: Aceites de oliva y semillas (girasol, maíz , soja).

Otros productos: Salsa a base de hortalizas y poco aceite (preferentemente oliva), mayonesa elaborada con leche desnatada.

Alimentos permitidos con consumo moderado y ocasional

Leche y lácteos: Leche semidesnatada, yogur entero natural o de frutas, cuajada, petit suisse, quesos suaves y poco curados (existen quesos bajos en grasa).

Carne y sus derivados: Carnes semigrasas (vaca, cerdo, gallina, pierna de cordero), fiambres especiales bajos en grasa de pavo o pollo, jamón serrano (sin el tocino), marisco (excepto los indicados en el apartado de alimentos limitados).

Cereales, patatas y legumbres: Galletas tipo María, bollería casera elaborada con leche desnatada y aceite de oliva.

Verduras y hortalizas: Sin ninguna excepción.

Frutas: Frutas en almíbar, escarchadas y confitadas.

Bebidas: Bebidas alcohólicas de baja graduación (cerveza, sidra, vinos de mesa), según costumbre.

Grasas: Mantequilla, margarina 100% vegetal (elegir aquella con el menor porcentaje de grasa hidrogenada que aparece en la etiqueta).

Otros productos: Salsas y sopas comerciales, frutos secos (almendras, avellanas, cacahuetes) o frutas desecadas (ciruelas y uvas pasas, etc..).

Alimentos limitados por su elevado contenido en colesterol y/o grasa saturada)

Leche y lácteos: Leche entera o condensada, yogures enriquecidos con nata, quesos grasos y fundidos (loncha, porción) o para untar, nata líquida o montada.

Carnes, pescado, huevos y sus derivados: Cerdo y ternera grasos, pato, carnes ahumadas o curadas, vísceras (hígado, sesos, riñones), charcutería (salchichas, embutidos, fiambres, foie gras, patés), pescados adobados, salazones, ahumados, en escabeche y marisco (calamares y camarones).

Cereales, patatas y legumbres: Bollería convencional, productos de pastelería y repostería, yemas, tocino de cielo, patatas fritas de bolsa y otros snacks (ganchitos, gusanitos, etc.).

Verduras y hortalizas: Verduras preparadas con mantequilla, nata, queso y otras salsas excesivamente grasas.

Fruta: Coco fresco o seco.

Bebidas: Bebidas alcohólicas de alta graduación (licores, destilados).

Grasas: Margarina mixta, manteca, tocino y sebos, aceites de coco y palma, manteca de cacao y productos que la contengan (chocolate, cremas de chocolate tipo pralines, cacao soluble en polvo).

Otros productos: Alimentos que incluyan entre sus ingredientes "aceite vegetal" sin especificar su procedencia, ya que pudiera tratarse de aceites de coco o de palma ricos en grasa saturada. Productos que contienen huevo (mayonesa, bollería, bizcocho, croquetas, empanadillas, rebozados).

La dieta mediterránea

Expertos en medicina y nutrición han realizado numerosos estudios de investigación que reflejan la influencia de la grasa de la dieta sobre la salud. Recomiendan que frente a las hiperlipoproteinemias (entre las que se encuentra el exceso de colesterol o hipercolesterolemia) y el riesgo cardiovascular, la contribución de las grasas de la dieta (de alimentos y aliños) no debe exceder el 30% de la energía total consumida. No obstante, la Sociedad Española de Arteriosclerosis y la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria señalan que dicho porcentaje puede estar entre el 30/5%, siempre que se utilice como grasa culinaria el aceite de oliva y, en menor proporción otros aceites de semillas, ya que no debemos olvidar que la calidad de la grasa dietética es incluso más importante que la cantidad. Por otro lado, el Comité de Acuerdo de Consenso para la Colesterolemia en España recomienda que el consumo de ácidos grasos saturados no debe sobrepasar el 8% de la energía total de la dieta, mientras que la contribución de los ácidos grasos poliinsaturados debe ser menor al 78 %, lo que se consigue llevando a cabo las recomendaciones de dieta equilibrada, cuyo modelo más reconocido es la dieta Mediterránea.

ADVERTENCIA: si usted está enfermo o cree que pudiera estarlo acuda a su médico, solo el puede ofrecerle un diagnostico y un tratamiento adecuado a su caso.

Documentación

http://saludyalimentacion.consumer.es
http://es.wikipedia.org/