El teléfono de mi mesa sonó, una llamada interna― Buenos días ― contesté.
― ¿Estás disponible para comer ahora? ―preguntó Melanie.
Melanie es la responsable de contabilidad. En los últimos años nos hemos hecho buenos amigos y pasamos tiempo juntos estudiando presupuestos y estados contables.
― Claro ―respondí.
― Estupendo, enseguida voy.
Le dije a mi ayudante que iba a salir y que volvería en unas horas. Como de costumbre, ella se ocuparía de todo lo que surgiera hasta mi regreso.
― ¿Almorzamos con Melanie? ―preguntó Barb.
― Sí―respondí― ¿Cómo lo sabes?
― Es la única vez que sales más de media hora ―contesté.
― Supongo que es verdad ―musitó.
― A veces me pregunto qué hacéis "almorzando" durante más de una hora ―bromeé.
― Lo mismo que cuando vamos a cenar ―me reí entre dientes.
― ¿Seguro? Quizá me vendría bien un almuerzo más largo contigo de vez en cuando.
― Siempre tan bromista, Barb. Sabes que aceptaré tu oferta.
― Lo sé ―se rio― Eso es lo que lo hace divertido.
― Hola, Barb ―chistó Melanie al acercarse.
Llevaba una falda blanca corta, botas marrones hasta la rodilla y un top negro. Como siempre, estaba estupenda.
― Hola, Mel ―le devolvió la sonrisa Barb― ¿Otra vez a comer con mi jefe?
― No te preocupes, lo traeré de vuelta en unas horas ―respondió con un guiño.
― No me importa prestártelo de vez en cuando, pero que no sea algo habitual ―advirtió Barb mientras salíamos por la puerta.
― ¿Adónde? ―pregunté mientras me ponía el cinturón.
― Al nuevo hotel de la esquina ―respondió― Tengo una... reserva.
― Claro, aún no he probado la comida de ahí ―admití― No sabía qué hacía falta reservar.
Aparcamos y entramos en el hotel. Esperaba que girara a la izquierda hacia el salón, pero se acercó a la recepción. Esperé mientras hablaba con la recepcionista.
― Ven ―dijo Melanie cuando regresó.
La seguí hasta el ascensor y subimos a la sexta planta. Esperaba ver la gran entrada de un restaurante cuando se abrieran las puertas, pero me sorprendió un pasillo silencioso. Salió del ascensor y la seguí por el pasillo hasta que se detuvo frente a una habitación e insertó la tarjeta de acceso. Cruzó la puerta y la seguí, oyendo el clic del pestillo cuando se cerró detrás de mí.
― Entonces... aquí estamos ―anunció Melanie mientras dejaba caer su bolso sobre la cómoda.
― En una habitación de hotel... ―agregué.
― Quiero que me folles ―espetó― Necesito que me folles.
Decidí no hacer ninguna pregunta mientras ella me rodeaba el cuello con los brazos y me besaba. Sentí una mezcla de ira y pasión en sus besos cuando agarré su trasero con ambas manos y la acerqué a mí. Mi polla comenzó a hincharse cuando sus manos recorrieron mis hombros y mi espalda y empujó su pelvis contra mí. Una repentina oleada de intensa lujuria, acumulada a lo largo de años, me llenó.
La empujé sobre la cama y me bajé los pantalones y el bóxer antes de separarle las rodillas. Mientras se acostaba con la falda levantada, pude ver su coño desnudo y bien afeitado, ya mojado y reluciente. Me coloqué entre sus piernas e introduje mi polla en su interior, encontrando una ligera resistencia. Empujé con fuerza y empecé a follarla furiosamente, apretando mi boca contra la suya. Ella gemía y se retorcía debajo de mí mientras mi polla la machacaba y nuestras lenguas se entrelazaban. Sentí el frescor de sus botas en la parte baja de mi espalda mientras me rodeaba con las piernas.
Sentí que se tensaba y mi polla estalló cuando llegamos al clímax al mismo tiempo, su acogedor coño ordeñando el semen de mi palpitante pene mientras alcanzábamos juntos la cresta de nuestros orgasmos.
Dejé de empujar y tratamos de recuperar el aliento mientras pasaba el clímax. Al cabo de un momento, me aparté y me tumbé a su lado en la cama, mientras ambos nos relajábamos y nuestra respiración se hacía más lenta.
― Ron tuvo una aventura ―anunció― Después de veinte años sintió la necesidad de follarse a otra.
― Así que pensaste...
― Llevo años pensando en ti ―admití con una sonrisa― Además, me gustas y confío en ti, estoy a salvo.
― ¿Seguro?
― Sí, seguro, estás sano, y te has hecho la vasectomía...
― Bueno, eso es verdad ―admití riendo.
― Y sé que serás discreto, no dejarás que tu mujer ni nadie lo sepa.
― No, desde luego que no.
― ¿Puedo preguntarte algo? ―pregunté mientras se giraba hacia mí.
― Claro, pregúntaame lo que quieras ―respondí.
Hizo girar mi corbata entre sus dedos― ¿Te follas a Barb?
― No ―me reí― No lo he hecho.
― Bueno, vosotros dos parecéis tan... Pensé que lo habíais hecho.
― Nos llevamos bien ―admití― La idea se me ha pasado por la cabeza más de una vez, pero ella nunca se ha ofrecido ni me lo ha pedido, así que...
― ¿Nunca se lo has pedido?
― No, igual que yo nunca te lo he pedido a ti. Has sabido que me atraes.
― Sí, siempre he tenido esa sensación... pero nunca me has tirado los tejos, sólo has coqueteado mucho.
― Una vez te dije que si alguna vez querías, sólo tenías que pedírmelo ―le recordé― Así que ahora me lo has pedido.
― Supongo que sí ―se rio.
― ¿Quieres pedírmelo otra vez? ¿O volvemos al trabajo?
― ¿Otra vez? ¿Quieres decir ahora?
― Sí, ahora.
― Claro ―soltó una risita― No estoy acostumbrada a ir a por una segunda ronda.
― Te acostumbrarás ―le aseguré mientras metía la mano bajo su falda.
Otro relato ...