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La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Cabaret en Kabukicho
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La noche siguiente, luego de dormir casi todo el día por la acción del día anterior, Kenzo me dice― Vamos a un cabaret en Kabukicho.

Me parecía un plan aventurero, y fuimos al cabaret de sillones rojos, luces azules y detalles dorados. Sigo intentando comprender qué hace que los japoneses sean tan singulares en su oferta de entretenimiento adulto. Nos sentamos y pedimos dos sakes frio, mientras conversamos, seguimos bebiendo unos tragos más y siento que el alcohol me sube rápido a la cabeza.

En eso llega un amigo de Kenzo, de nombre Ranjit, de origen indio, que estudió en Inglaterra con Kenzo. Empezamos a platicar, Kenzo me dice que Ranjit habla muy bien el japonés, ya que viene a Tokio todos los años. Kenzo se levanta y dice que debe retirarse por un momento a cumplir una actividad con su familia, pero luego regresara, y me dice― Te dejo en buena compañía.

Ranjit me habla de su país y me dice que Bangladesh es la ciudad de las prostitutas, mostró una sonrisa algo maliciosa, yo le sonreí y luego me dijo― Si quieres te puedo enseñar nuestro arte de la pasión, lo llamamos el Kama Sutra ―Yo seguía riendo ya que el kama Sutra es mi libro preferido desde que tenía 18 años.

Tomamos más sakes y pedimos comida, nos sirvieron pollo katsu en salsa blanca japonesa. Mientras comía me quedó un resto de salsa en la boca, antes que yo me limpiara, Ranjit me limpia con unos de sus dedos y llevó a mi boca el dedo que tenía la salsa que me había limpiado, así que chupé su dedo y lo saboreé como si fuera una verga con semen.

Entonces, decidí seguir su juego, me dejé llevar y le pedí que me enseñase el Kama Sutra. Se acercó y comenzó a besarme. Me metía la lengua explorando mi boca, y yo aproveché de explorar la de él. Comencé a sentir mis tetas endurecerse. Tuve que separarme porque estaba que se me lanzaba encima.

Ranjit me miró con morbo y me dijo ―Vamos a un reservado! ―Asentí con la cabeza y fuimos una pequeña sala con un gran sofá rojo y una cortina como puerta, tenía espejos. El continúo besándome con gusto, y aproveché para bajarle la cremallera y liberar su verga. Comencé a masajearla y sentí aquella verga era enorme y bastante gruesa, le dije sonriendo― Es grande ―sonrió y me dijo― ¡Pruébala! ― accedí gustosa a su petición.

Me doblé sobre la enorme verga y comencé a lamer la punta, para luego bajar y subir mi lengua por todo el miembro erguido. Comencé a chuparla desde la punta y me la metía casi toda en la boca. Fui chupando más rápido y el comenzaba a suspirar, el sólo miraba los espejos y trataba de controlar la respiración. Yo sólo buscaba obtener su leche en mi boca, sentía entre mis piernas una electricidad. Pero el me levanto y comenzó a besarme, me besaba sin perdonar ningún milímetro de mi lengua.

Su mano me subía el vestido que llevaba y comenzó a explorar por debajo de mi diminuta braga tipo hilo, sentí sus manos tocarme el coño. En el breve instante qe nos separamos para yo quitarme el vestido y el sostén, él se quitó su camisa. Me monté sobre él, dejando su verga entre nuestros vientres, y le continúe besando. Abrazados continuamos bebiendo nuestras salivas, luego él me fue besando el cuello, hasta que encontró mis tetas, que comenzó a chupar y a morder, mientras que sus manos me acariciaban el culo y yo acariciaba su espalda.

Volvió a meter sus dedos en mi coño, jugando con mis labios y mi clítoris. Mis fluidos vaginales impregnaron sus dedos. Entonces, sacó la mano y chupó los dedos llenos de mis fluidos. Luego me levantó del sofá, me puso de pie frente él con su boca bajo mis bragas. Me sentó en el sofá, terminó de quitarme las bragas, se arrodilló y puso mis piernas sobre sus hombros. Comenzó a chuparme el coño y a beber mis fluidos, saboreó cada parte de mi sexo con su lengua cálida. No pude soportar tanto éxtasis y comencé a gemir. Cada vez que me chupaba el clítoris me hacía tener orgasmos. Luego siguió por mi torso hasta que llegó a mis tetas, continuó a mi cuello hasta llegar a mi boca y besarme.

Luego se paró ante mí, se desnudó por completo y me dejó ver su gran verga erecta. Me recogió el cabello y comencé a chupar aquella verga divina. Él parado y yo sentada en el sofá rojo.

Me levantó del sofá y me puso de pie para besarme mientras metía su verga entre mis piernas. Separé las piernas y sin dejar de besarme me metió la verga y bombeo un poco. Era algo incómodo, así que me acostó en el sofá con las piernas estiradas y abiertas, él se recostó a mi lado y sus dedos jugaron en mi coño. Comenzó a besarme el cuello sin dejar de masturbarme. Abrí más las piernas y estiré una mano para agarrarle la verga y llevarla a la puerta de mi coño. Él empujó haciéndome gritar de placer, su verga logró abrirse paso en mis entrañas de un empujón. Me acarició y me besé y de a poco fue sacando y metiendo su verga. Jugaba con mis tetas, me cogió un rato así, mis gemidos de placer aumentaban y me excitaba más y más, luego llevó una de mis piernas a su hombro y me volvió a coger.

Después me dijo― ¡Ponte de perrito! ―y me puse en posición. Se colocó por detrás y me metió de nuevo su verga y comenzó a cogerme rico. Esa verga enorme me hacía delirar, me agarraba por las caderas y me la metía y la sacaba. Estaba tan lubricada que su gran verga se deslizaba fácil. Se detuvo un momento y fui yo quien tomo el ritmo, quería seguir sintiendo esa ricura, movía mi culo hacia adelante y hacia atrás.

Se paró y me volteo, me hizo acostar boca arriba y llevó mis rodillas hasta mis tetas. Con las piernas separadas me enterró la verga y está vez lo hizo más rápido que en veces anteriores. Yo sostenía mis piernas con las manos y el placer crecía. Tuve que gritar para dejar fluir el placer que sentía. Su leche me llenó el coño y eso aumentó mis convulsiones. Su verga dentro de mi seguía disparando leche caliente a mis entrañas.

Tomé aquella verga llena de leche y de mis fluidos y la comencé a chupar y a lamer otra vez, estaba divina.

En ese momento llegó Kenzo que entró al reservado, nos encontró desnudos y se unió a nosotros. Se desnudó, se colocó de mi cintura para abajo y Ranjit toda mi espalda, fue relajante, me excitó cuando Kenzo me masajeó las nalgas. Todo fluía bien y había mucha química entre los tres.

Kenzo se acostó boca arriba y yo me puse encima bien pegada a su pecho, Ranjit se puso sobre mí, hicimos un sándwich y yo era el relleno. Luego me puse en cuatro y Kenzo empezó a meterme la verga. Ranjit se acercó y mientras Kenzo me cogía yo se lo chupaba. Estaba demasiada excitada, luego cambiaron y yo no podía dejar de gemir, era un placer nuevo para mí, fue demasiado rico.

Luego, bajo el efecto del sake, les pedí que me cogieran ambos a la vez, eso había sido siempre una fantasía para mí, estaba dispuesta a sentir esa sensación de ser cogida por el culo por primera vez. Ranjit que conocía muy bien el lugar, tocó un botón una chica sexi se acercó, le pidió lubricante, y enseguida lo trajo. Nos acomodamos de tal forma que Kenzo estaba abajo y yo en encima con su verga en mi coño, Ranjit untó el lubricante en mi culo metiendo un dedo para dilatarlo. Se sentía rico, y mientras yo me movía sobre la verga de Kenzo, Ranjit me la metió por el culo, al momento tuve un orgasmo.

No lo podía creer, dos hombres entrando en mi interior de la forma más deliciosa posible yo no podía parar de gozar y de jadear. Al parecer ellos tampoco se quedaban atrás, no paraban de embestirme con ganas, agarrándome y tirando de mi pelo, sobando mis tetas, y chupándolas. Estuvimos así un buen rato, se cambiaron los papeles y esta vez yo estaba boca arriba, mirando a Ranjit cogiéndome mi coño, mientras abajo estaba Kenzo ensartando mi culo que ya estaba bien dilatado. Los dos gozaban del placer y se reían al mirarse. Mientras, yo sin duda estaba corriéndome una vez más y no paraba de gemir y gritar de placer.

Luego los dos dejaron de cogerme, se retiraron y me pusieron de rodillas. Kenzo y Ranjit se empezaron a masturbar cerca de mi cara y saqué la lengua. Me echaron toda su leche en la cara, un montón de leche que cubría toda mi cara. Luego les lamía las vergas hasta dejarlas sin una gota de leche.

Nos relajamos, nos vestimos y salimos de aquel lugar, Ranjit se despidió de nosotros. Kenzo y yo llegamos a mi apartamento y nos quedamos hablando de aquella noche que sin duda fue la más placentera y morbosa de mi vida.

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