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La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Convencida en la convención
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Mi nombre es Dany, tengo 24 años, mido 1.60 metros de altura, con un cuerpo bonito, siempre he tenido pretendientes a mi alrededor, estoy soltera, pero no soy virgen.

Trabajo como ejecutiva para una empresa importante, y me he ganado la confianza de mi jefe. Un día me dijo que debía ir a una convención en otro país a representar a la empresa.

Al llegar al aeropuerto de ese país, un taxista me esperaba para llevarme al hotel donde me hospedaría, afortunadamente en ese mismo hotel se realizaría la convención.

El primer día de la convención había una presentación, la primera ponencia lo hizo un señor de unos 50 años. La forma en que se desempeñó fue formidable, me dejó impresionada, todo lo que le preguntaban lo contestaba eficientemente y en ocasiones hasta con sentido del humor, lo ovacionaron cuando finalizó.

Yo estaba en primera fila y nunca dejé de mirarlo y luego de su presentación se pasó junto a mí y me dijo― No pude apartar mis ojos de usted, cómo una joven y hermosa dama estaba concentrada en mi ponencia ―Eso hizo que me pusiera roja, el señor siguió hasta su asiento.

Empezó el segundo ponente, y mi mirada iba hasta donde estaba ese señor, y él también me miraba. Los nervios me atacaron, y salí al baño. Estando en el baño, sentada en el inodoro, sentí que la puerta se abría, y aparecía ese señor. El miedo hizo que me quedara congelada. Se me acercó, me quitó las mini bragas que ya tenía en los bobillos y las arrojó al lavamanos. Separó mis rodillas tanto como pudo y me miró fijamente a los ojos. No tuvo que decirme nada, se inclinó y puso su boca pegada a mi sexo y empezó a chupar y lamer mis labios, y el clítoris. Yo me mordía los labios para no emitir ningún gemido y revelar lo que estaba pasando. Aguanté su cabeza hasta que me hizo venir. Luego se levantó y me dijo al oído― ¡Tú jugo es divino!

Salió del baño y luego lo hice yo. En el salón de la convención mi pensamiento estaba con ese señor que me comió el coño y me gustó. En mi imaginación estaba el deseo de ser cogida, estaba muy caliente y con ganas de probar su verga.

Al final de la convención me retire a mi habitación para prepararme y asistir al cóctel de bienvenida que daba el organizador de la convención. Me puse un sexy vestido sin mangas, muy ajustado con abertura en la espalda de color negro, zapatos de tacones altos, conjunto de tanga y brassiere, siempre mi lencería es sexy por estar prevenida.

Estando en el salón para el coctel, me tocó sentarme en la misma mesa que ese señor, me tocó justo a su lado, y con otras personas muy amables.

Varias veces se m acercó para preguntarme como la estaba pasando, me decía que era una mujer muy bella y talentosa. Pasaron las horas y me tomé algunos traguitos que me desinhibieron y bromeé con él, parecíamos conocidos de toda la vida.

Al terminar fuimos rumbo a nuestras habitaciones y pude notar su mirada recorrer mi cuerpo. Cuando estuvimos frente a su habitación, tomé la iniciativa, me acerqué y le estreché la mano, el me jaló y me dio un beso suave cerca de los labios, y dijo ― Nos vemos mañana en el desayuno.

Continué hasta mi habitación, cerré la puerta, me quité los zapatos y me acosté en la cama pensando en ese hombre. A los pocos minutos tocaron a la puerta, me levanté y abrí. ¡Sorpresa, era ese hombre! que me pregunto ― ¿Puedo entrar? ―Asentí con la cabeza y entró. Sus brazos rodearon mi cintura, me empezó acariciar y a besar con mucha delicadeza. Nos sentamos en la cama sin dejarnos de besar, luego se levantó y se fue sin decir nada.

Ese hombre me había dejado la lujuria a millón, no entendía porque se había ido, pensaba que había entrado para cogerme, como yo deseaba. No aguanté, me puse los zapatos y fui hasta su habitación, toqué y abrió. Entré a la habitación y cuando cerró la puerta me dijo ―Sabía que ibas a venir ―Sus manos me tomaron por las caderas, nos dimos un gran beso de lengua, Me subió el vestido y me acarició. Sus manos se posesionaron de mi trasero, apretándome suavemente las nalgas. Una de sus manos penetró debajo de mi tanguita y tocó los labios de mi vagina con suavidad y determinación. Mi coño no pudo mentirle, estaba súper mojada y me dijo ―Estás lista para cogerte.

Luego bajó el cierre de mi vestido que cayó al suelo. Se aferraba a mis nalgas y podía sentir como crecía su verga. Luego me quitó el brassiere y comenzó a acariciarme la espalda y a pasar su lengua entre mi cuello y mi nuca. Sentí un escalofrió recorrer mi cuerpo.

Me tomó de la mano y me llevó a la cama, me acostó boca arriba, y con delicadeza me sacó el tanguita. Me abrió las piernas, y comenzó a chupar mi vulva. Entonces le dije― Soy toda tuya.

Yo misma me sujetaba las piernas con las manos, gemía y me retorcía de placer. Mis gritos sonaban en todo el cuarto. Este hombre me comía el coño como nadie lo había hecho. No tardé en tener un orgasmo en su boca.  El señor me abrió más las piernas para que su lengua llegara hasta lo más profundo de mi ser, mientras metía dos dedos en mi vagina para masturbarme al tiempo que me comía el clítoris.

Luego dejó de mamarme y empezó a desnudarse frente a mí. Cuando se bajó el bóxer, pude ver su gran verga, era larga y gruesa, mucho más que las que yo había probado. Separó mis piernas y estuvo frotando su enorme glande contra mi coño. No me imaginaba como podría entrar por completo en mi interior. Entonces le dije― ¡la quiero adentro por favor! ―necesitaba sentir su enorme verga.

Puso mis piernas en sus hombros y sentí su enorme pene penetrar dentro de mi pequeña vagina. Se fue Introduciendo poco a poco mientras yo gritaba de placer, cuando metió la mitad de su verga, se puso a bombearme con suaves movimientos, pero cada vez me la enterraba más adentro y sentía cómo me partía en dos.

Después de varios minutos en esa acción con movimientos pélvicos me estuvo penetrando profundo y suave, poco a poco mi pequeña vagina se fue adaptando a su gran verga, mientras veía en su rostro lo mucho que lo estaba disfrutando, y por supuesto, yo también. Este hombre me estaba cogiendo delicioso, estaba llegando a mi tercer orgasmo.

Aun con los espasmos de mi orgasmo, se recostó en la cama y me indicó que me sentara sobre él. Ahora yo era la que llevaría el control, era mi turno de hacerlo gozar. Mi coño ya se había amoldado a su gruesa y larga verga y me la introduje en la vagina de forma lenta y suave. Empecé con movimientos circulares mientras él me acariciaba el cuerpo, me tomaba con fuerza por las nalgas y me masajeaba el culo. Yo estaba feliz por estar ensartada en tan maravillosa verga.

Cuando estuve cerca de otro orgasmo me empecé a mover más rápido y lo cabalgué como a un caballo salvaje. Sentía como se movía la cama. Luego con las manos me tomó de las nalgas y empezó a empujar su verga rápido y fuerte. Él también estaba a punto de acabar. Sentía como su verga crecía más y entraba hasta el fondo de mi vagina. En ese momento no aguante más, estallé, y lo mejor, nos vinimos juntos. Yo en mi cuarto orgasmo, y mientras eso sucedía, él me llenaba el coño de leche caliente.

Luego de un descanso donde conversamos mucho, hizo que me acostara boca abajo, me levantó un poco las nalgas de la cama, y su lengua lamió y comió mi culito. Su lengua en mi culo me dio también un placer enorme. Después el recorrido de su lengua fue de mi culito a mi clítoris, un momento de gloria.

En un instante me estaba metiendo la verga en el culo. Introdujo un poco la punta, la sacó y volvió a la carga. Presionó un poco más y me la fue metiendo. Mi pobre culito había recibido vergas pequeñas. Ahora sí entró más fácil, se acomodó y me la metió entera. Me embestía con fuerza y dijo ― ¡Voy a llegar en tu boca! ―No perdió tiempo y puso su verga en mi boca, la mamé un poco hasta recibir largos chorros, uno tras otro, acompañados de sus gemidos. Cuando se separó, mi boca estaba llena de esperma que fui tragando y saboreando.

Luego el sueño nos ganó la partida, me quedé dormida junto a él, en su habitación. Los dos terminamos sumamente cansados.

Con la claridad de la mañana, me desperté y miré el reloj. La convención iniciaba ese día dentro de dos horas, así que pensé en ducharme allí, ponerme misma la ropa de la noche, salir al pasillo y meterme en mi habitación antes de que alguien se diera cuenta que yo había pasado la noche con ese señor.

Me empecé a duchar y por mi cabeza pasó toda la sesión de sexo que había tenido con el señor. No pude evitar masturbarme mientras lo recordaba. En eso estaba cuando se abrió la puerta del baño, era el, me preguntó si podía ducharse conmigo, yo le dije que pasara.

Me empezó a pasar suavemente el jabón por el cuerpo. Pronto sus manos con jabón se convirtieron en caricias; me acariciaba la espalda, las nalgas y sus dedos jugaban con los pliegues de mi vulva. Luego colocó la verga erecta en medio de mis nalgas, empezando un suave movimiento de penetración. Me incliné un poco y sentí como su verga rozaba los labios de mi vagina. Sus caricias me volvieron a calentar. Me di la vuelta y nuestras bocas se unieron. Nos comíamos el uno al otro con mucho deseo. Mientras el metía sus dedos en mi coño, yo tomaba su verga para mastúrbalo.

Mientras nos seguíamos besando me cargó y me abracé a su cuello, le abrazaba las nalgas con las piernas cruzando los píes pies mientras él me sostenía por la cintura y me chupaba las tetas.

Abrí las piernas, su verga entró en mi coño y nos movimos. Yo gemía como una loca mientras el agua tibia caía sobre nuestros cuerpos. Yo le decía― ¡Me encanta tu verga, dame duro!  ¡Ya me vengo!

En ese momento no pude contenerme más, y estallé abrazada a su cuello, mientras él no dejaba de metérmela con fuerza. Me estaba cogiendo delicioso. Podía sentir como su verga llegaba hasta el fondo. Luego qué pasé un tremendo orgasmo, aun con su verga dentro de mi coño, me llevó hasta la cama y me siguió cogiendo fuerte.

Al poco tiempo no pudimos contenernos más, y ambos explotamos al unísono. Mientras yo lo mojaba con mis jugos, el me llenaba con su leche. Sentía como se desbordaba de mi interior, y no dejaba de penetrarme, gimiendo de gusto. Me había dado otra cogida tremenda, mientras su boca chupaba mis pezones. Cuando se despegó de mí, salió toda su leche de mi vagina, mojando la cama. Rápidamente me hundí los dedos dentro del coño para saborear el rico néctar que había en mi interior, mezcla de mis fluidos con su esperma.

Después de haberme recuperado, me fui a lavarme al menos la vagina y salir para mi habitación. Mientras caminaba rumbo al baño iba dejando un caminito de esperma que escurría por mis piernas, era demasiada la leche que el señor había depositado dentro de mi vagina.

En ese segundo día de convención, me sentí más cómoda, más segura y expuse mi tema, fue todo un éxito. El señor se me acercó para felicitarme y me dijo al oído― ¿Estas dispuesta a seguir con esta rica aventura esta noche? ―No le respondí nada, pero en el receso del medio día, me dirigí a mi habitación, me tomé una foto en el espejo completamente desnuda y se la mandé con una nota que decía “Te espero en mi habitación”.

Kasandra

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