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La Página de Bedri
Relatos prohibidos
En el cine porno
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Una noche después de la cena, mi esposa confesó que quería follar pero me advirtió que quería otra polla en lugar de la mía. Me dijo que estaría lista en menos de diez minutos para ir al centro, a un conocido cine para adultos, porque tenía la intención de hacer algo salvaje.

Cuando regresó al dormitorio, lo hizo con un vestido negro corto y apretado, zapatos negros brillantes de tacones altos y delgados, medias y, por supuesto, sin ropa interior. Levantó el dobladillo del vestido para mostrarme que se había afeitado su bonito pubis y los suaves labios del coño esa misma tarde.

El viaje fue corto, llegamos, sacamos las entradas y entramos en el teatro oscuro. La luz de la pantalla apenas iluminaba la gran sala. No había más que un puñado de hombres sentados en asientos separados en distintas filas, que obviamente mostraba que querían mantener una cierta privacidad.

Busqué unos asientos adecuados y encontré una fila desocupada, entonces llevé a mi esposa hasta el extremo más alejado del pasillo y cercano a la pared. A medida que nos acomodábamos, nos dimos cuenta de las cabezas de varios de los hombres que giraban en nuestra dirección.

En la pantalla, una joven estaba arrodillada en un sofá, mientras dos hombres a cada lado, le lamían y acariciaban el coño y el culo. Pasé un brazo alrededor de mi esposa y le di lo que pensé que sería un tierno beso rápido. En lugar de eso, mi esposa me atrajo hacia ella y apasionadamente aplastó sus labios contra los míos, y metió la lengua en mi boca. Mientras nos comíamos los labios, acaricié sus bonitos pechos redondos a través del fino tejido de su vestido. Ella comenzó a respirar con fuerza mientras rompíamos el beso.

Sus ojos se fijaron en la pantalla mientras llevaba mi mano por su muslo hacia su coño. Le acaricié suavemente la pierna mientras su vestido se apartaba ligeramente, revelando sólo un poco de su afeitado coño.

Cuando empecé a acariciarle los labios del coño con los dedos, su propia mano buscó en mi entrepierna y me acarició la endurecida polla por encima de los pantalones. Bajé la otra mano y abrí la cremallera, sacando la polla totalmente erguida. La suave mano de mi esposa comenzó a masturbarme lentamente. Fue en este momento cuando me di cuenta de que alguien se movía cerca de nosotros. Uno de los hombres detrás de nosotros, que evidentemente había estado atendiendo a nuestros movimientos, se cambió a la fila de delante de nosotros, y se sentó directamente frente a mí. Volvió la cabeza para mirar hacia atrás y pudo ver la mano de mi esposa en mi polla y mi mano en su coño, pero su vestido aún le cubría el hermoso cuerpo.

El coño de ella estaba mojado y podía notar su cuerpo apretando contra el asiento mientras le frotaba más intensamente. Dejó de masturbarme y se aferró a mi polla, mientras se concentraba en el orgasmo que se le acercaba. Con mi mano libre, empecé a aplastarle y a acariciarle las tetas a través del fino tejido de su ajustado vestido negro. Se podía oír su acelerada respiración y ciertamente quería mostrar a mi cachonda esposa a aquel extraño curioso. Así que le desabroché el vestido y lo bajé ofreciendo el cuerpo de mi esposa a sus miradas.

El extraño no apartó la vista de su cuerpo, pero parecía estar peleándose con los pantalones, tratando de sacar la polla. Durante todo ese tiempo, los ojos de mi esposa habían estado fijos en la pantalla, siguiendo las imágenes de sexo salvaje de la película. Ella parecía estar mirando más allá pero claramente ella era plenamente consciente de que un extraño estaba mirando su cuerpo desnudo y yo estaba seguro de que la estaba excitando más de lo que jamás podría haber imaginado. Sabía que era momento de que se corriera, así que aceleré el ritmo de mis caricias cuando ella comenzó a empujar su coño contra mi mano. Bajé la cara hacia sus bonitas tetas y comencé a chuparle los rígidos y oscuros pezones. Un minuto más tarde, su respiración se aceleró y empezó a gemir y luego tembló salvajemente mientras un orgasmo la inundaba de olas de placer y el afortunado mirón de la fila de delante observaba cada movimiento.

Mi polla estaba empapada de deseo. Cuando mi esposa se recuperaba de su salvaje clímax, me miró con sonrisa de satisfacción. Mientras volvía a acariciar mi resbaladiza polla, me susurró al oído preguntándome si estaba preparado. Le dije que estaba listo para hacerlo. Agachó la cabeza en mi regazo y comenzó a lamerme la polla alrededor de la cabeza. Me estaba lamiendo todo el prepucio cuando levantó su cabeza hasta la mía y me dio un beso con sabor a semen fresco. Regresó rápidamente a mi polla y comenzó a chupármela apasionadamente en su suave y cálida boca. Comenzó a mover la cabeza arriba y abajo y entonces entendí que no iba a durar mucho.

Dejé que mis dedos se deslizaran por su pelo rubio y rizado y por primera vez, hice contacto visual con un extraño delante de nosotros. Sonrió y pasó su mano sobre el asiento, sosteniéndola sobre la cabeza de Ana. Su mirada parecía hacer una pregunta que yo entendí y con vacilación quité mi mano de su cabeza. Alargó la mano para reemplazar la mía y comenzó a acariciarle el pelo mientras su cabeza iba arriba y abajo.

Vi como aquel desconocido empujaba con firmeza la cabeza de mi mujer sobre mi polla y me quedé sin palabras. Empecé a correrme, mientras mi caliente esposa apretaba sus carnosos labios rojos sobre mi polla. Me corrí en su boca y disparé un chorro tras otro de semen caliente a su garganta. Se lo tragó todo y noté que esta vez era una gran cantidad. Nuestro nuevo amigo soltó la mano del pelo y ella se levantó hasta mi cara, dándome un profundo beso lleno de semen reciente. Estaba tan excitado que mi polla se quedó dura y entendí que solo estábamos empezando.

Cuando me giré para mirar a mi esposa en su asiento, me di cuenta de que había alguien justo detrás de nosotros. Otro mirón se había mudado a nuestra zona. Giré la cabeza al percibir aquella nueva presencia y vi que se trataba de un joven cuyas manos sostenía el pene más grande que nunca había visto. Debía estar masturbándose mientras miraba a mi esposa chupármela.

Entonces, mi cachonda esposa, levantó el culo del asiento y se bajó el vestido hasta los tobillos, quedando completamente desnuda, excepto por los zapatos.

Me volví hacia nuestro nuevo visitante e hice contacto visual con él. Entonces él alargó la mano y comenzó a tocarle los hombros a mi esposa, y la parte posterior de su cabeza. Yo también tenía mi brazo sobre su hombro, así que ella no tenía ni idea de que estaba siendo masajeada por otro completo desconocido. Entonces le aparté mi brazo y puse una mano en sus tetas y la otra en los labios hinchados de su coño. Mi esposa se dio cuenta de que las manos en su espalda no eran mías. Pero se relajó un poco y el desconocido que estaba detrás de nosotros siguió masajeándole la espalda.

El nuevo extraño entonces movió sus manos hacia abajo y rozó con sus dedos los pezones endurecidos de mi esposa. Ella, empujó su cadera contra mis dedos, que estaban en su coño y empezó a respirar un poco más fuerte.

El desconocido movió su cabeza hacia el otro lado de la cabeza de mi esposa y le susurró algo al oído. Se volvió para mirarme y asentí con la cabeza en silencio. Luego ella pasó lentamente un brazo sobre el respaldo de su asiento, girando como lo hizo para permitirse un mejor acceso. Su mano se movió hacia la entrepierna del desconocido. Todavía no lo miraba, sólo tocaba su pierna. Cuando su mano le alcanzó la polla, jadeó asombrada por el tamaño. Me susurró que era realmente enorme y que era un hombre blanco. Entonces lo miró a los ojos y le pasó sus suaves dedos a lo largo de la polla. Él levantó una mano y le acarició un lado de la cara.

Yo tenía dos dedos dentro de su suave y cálido coño y la otra mano en mi propia polla, cuando el joven puso su dedo en los labios de mi esposa. Ella se lo besó y él se lo frotó en los labios, y finalmente se lo metió en su boca abierta. Lo metió más profundamente, haciendo que Ana lo chupara como una pequeña polla. Luego puso su polla justo ante la cara de mi esposa. Ella abrió la boca y lamió la cabeza de aquel gigantesco pene. Trabajó con su lengua y sus labios, de un lado a otro, en la parte inferior de su polla, lamiendo todas las partes del enorme pedazo de carne.

Ana se giró y se arrodilló en su asiento de cara al joven, se inclinó para llevarse aquella enorme polla a la boca y sus bonitas y redondas nalgas quedaron claramente visibles desde cualquier lugar de la sala. Acarició la enorme polla y se metió unos buenos 15 centímetros entre sus labios rojos y húmedos. Luego succionó hacia adentro y hacia afuera, con un movimiento lento pero rápido.

Mientras mi esposa estaba ocupada haciendo aquella agradable mamada en público, yo dirigí mi atención a sus bonitas y desnudas nalgas que también estaban ante la mirada del hombre de la fila de delante de nosotros. Ambos tuvimos la misma idea y levantamos las manos para tocar las nalgas del culo de mi esposa, acariciando y apretando la suave y firme carne. Ella gimió levemente.

Bajé mi mano hasta su coño que estaba más húmedo de lo que esperaba y metí un dedo. Por un momento sólo me la cogí con el dedo. Luego lo saqué y metí aquel dedo lubricado en su apretado culo. Noté el cuerpo de mi esposa apretado y luego le froté el clítoris con una presión cada vez mayor, mientras que mi nena buscaba mis dedos con su cadera, mientras gemía con la boca llena de polla.

Estaba seguro de que realmente necesitaba ser follada justo después de un buen orgasmo. Pero yo quería esperar, porque realmente deseaba ver a mi cachonda esposa siendo follada por otro hombre. Miré al primer hombre y le susurré que mi esposa necesitaba una polla dentro de ella en ese momento.

Él sonrió con los pantalones hasta las rodillas, luego se puso rápidamente detrás de mi esposa, frotando la dura polla entre la raja de su bonito culo. Cuando lo vi, supe que iba a ser una noche que tanto mi esposa como yo nunca olvidaríamos.

Veía como mi esposa se tragaba aquella monstruosa polla con su dulce boca en aquel asqueroso cine para adultos, y como se inclinaba sobre el asiento levantando sus redondas nalgas en el aire.

El primer desconocido se puso detrás de ella, entre sus nalgas abiertas y frotaba su polla sobre su coño mojado y goteante mientras manipulaba su pequeño y apretado capullo del culo con sus dedos. Después, metió uno, luego dos y luego tres dedos en la abertura anal de mi esposa. Luego, lentamente empujó la cabeza de su pene en el culo abierto de ella, un centímetro de cada vez, hasta que la tuvo estaba completamente dentro. Ella jadeó cuando notó que él entraba dentro de ella. El pene de aquel extraño medía unos buenos veinticinco centímetros y el culo de mi esposa estaba acostumbrado a ser follado por pollas de más tamaño, así que no tuvo ningún problema por el tamaño de aquel pene en la profundidad de su ano.

Yo no estaba seguro de si mi esposa supiera que no me estaba follando su culo, sino que era un perfecto desconocido, quien se la metía por detrás. Pasé una mano entre sus muslos y empecé a frotarle el clítoris, mientras se la follaban por ambos extremos.

El segundo extraño se agarró a sus bonitas nalgas y le metió la polla más y más fuerte en el apretado culo, exhalando aliento tras aliento, a medida que se acercaba al orgasmo. Mientras tanto, el otro desconocido con la polla en la boca de ella se tomaba su tiempo, disfrutando del momento. Alternativamente, le acariciaba el pelo y le pellizcaba los duros pezones, mientras ella le chupaba la mayor cantidad posible de su enorme polla.

Claramente el segundo hombre estaba tan excitado como yo al ver a mi esposa chupar aquella polla, así que empezó a meterle salvajemente la polla en el culo de mi mujer.

Sujetándola por las nalgas, gruñó sonoramente mientras descargaba chorro tras chorro de semen en el estrecho agujero del culo de mi esposa. Se inclinó sobre ella, recuperando el aliento, con su polla todavía incrustada en ella y disfrutó de la visión del otro desconocido metiendo su enorme polla, dentro y fuera de su boca.

Me miró y dijo que yo era un marido muy afortunado. Sacó su polla del agujero del culo de mi esposa, se apartó y yo me puse detrás de ella. La miré todavía de rodillas con la boca llena de polla, luego miré fijamente el semen del otro hombre que goteaba de su culo follado y bien estirado.

Había otros tres hombres en el cine, y todos miraban a mi esposa desnuda en lugar de la pantalla de cine. Por lo que pude ver, también tenían sus manos en sus pollas.

Me agaché y froté las nalgas abiertas del culo de mi esposa, metiendo un dedo dentro y fuera de su culo, mientras el semen fresco goteaba fuera de ella. Luego empujé mi polla y fuerte lentamente dentro de ella, disfrutando la sensación de lo húmedo y caliente que se sentía. Estaba caliente y resbaladizo de una manera muy diferente. Al meterla más profundamente, el semen salió de su ano y corrió por las suaves piernas de mi follada esposa.

El otro extraño se movía ahora más y más rápido en su boca mientras ella deslizaba una mano húmeda a lo largo de su polla, mientras la metía profundamente a su boca, y usaba la otra mano para acariciar las enormes bolas. El desconocido le agarró la cabeza con ambas manos y empujó la enorme polla dentro y fuera de su boca, mientras yo metía una mano entre sus piernas y le frotaba el clítoris, tan húmedo que goteaba.

Las caderas de mi esposa comenzaban a temblar, mientras yo le frotaba el clítoris, tratando de llevarla a otro intenso orgasmo. Pude ver que el otro tipo también estaba cerca y eso lo empujó al límite. Su cuerpo se puso rígido y mantuvo la cabeza de mi esposa firmemente entre sus manos, mientras se la metía erráticamente en la boca. Mientras disparaba chorro tras chorro en la boca, gemía intensamente y mi esposa tragaba su semen caliente.

Ana empujó sus caderas contra mis dedos pegajosos, con la polla todavía cubierta de semen dentro de su boca. Luego gruñó y por la forma en que su cuerpo se tensó y se estremeció y cómo su culo se apretó me indicaba que fue uno de los orgasmos más increíbles de su vida. Seguía temblando de placer cuando yo mismo me corrí follándole el ano por detrás. Entonces tuve mi propio orgasmo corriéndome en su ya inundado orificio anal. Olas de placer me recorrieron y pude notar mi semen brotando en el interior de su apretado trasero. Me desplomé sobre ella y abracé con fuerza su cuerpo desnudo.

El segundo desconocido había sacado su polla de la boca de mi esposa que giró la cabeza hacia mí para compartir un último regalo conmigo. Sus labios estaban cubiertos con el semen fresco de aquel extraño. Le goteaba por la barbilla y su aliento tenía el olor del esperma. Nos besamos apasionadamente y ella giró su lengua alrededor de la mía, mientras ambos saboreábamos el sabor de la eyaculación de otro hombre. Entonces me susurró que estaba plenamente satisfecha de la visita a un cine de películas para adultos.

Nos dimos vuelta en nuestros asientos y comenzamos a vestirnos. Ambos desconocidos me agradecieron el dejarles disfrutar de las habilidades de mi caliente esposa.

Tan pronto como llegamos a casa, mi esposa se quitó el sexy vestido negro y me miró fijamente, con sonrisa malvada sus hermosos ojos. Luego se fue a nuestra cama y se puso a cuatro patas. Dijo que había experimentado muchos orgasmos con mis dedos, pero que entonces quería una polla en su coño.

Esposo confiado

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