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La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Loca despedida de soltera
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Mi esposo Tomás y yo empezamos a salir durante nuestro último año en secundaria, fue mi primer novio y el primer hombre al que besé. Hasta la noche antes de nuestra boda, él había sido mi único amante, y yo no he estado con otro desde mi matrimonio. La primera vez que hicimos el amor fue cuando ambos teníamos dieciocho años. Fue realmente maravilloso porque nos amábamos. Pero, físicamente fue muy doloroso.

La polla de Tomás fue la primera cosa que me insertaron en mi apretada vagina. Nunca había usado un tampón, ni me había metido el dedo o usado un consolador en el interior. Tomás tenía una polla de tamaño medio, bonita y proporcionada. Aquella vez yo ya estaba muy mojada y excitada cuando me folló por primera vez. Pero realmente dolió. Lloré y grité de dolor.

El siguiente par de veces haciendo el amor con Tomás aún me dolió un poco. Pero, desde entonces, todo ha ido bien. Aunque me lo pidió, antes de casarme, nunca le hice una mamada. También me pidió tener sexo anal conmigo, pero siempre dije que no. Ni siquiera podía imaginar lo doloroso que sería el sexo anal.

La noche antes de nuestra boda, varias de mis amigas me sorprendieron organizándome a una despedida de soltera. Yo tenía la imagen de una " chica buena" por haber permanecido virgen durante tanto tiempo. Creo que querían avergonzarme un poco y divertirse conmigo.

Me vestí pensando que íbamos a salir a cenar. Me puse un vestido corto negro sin tirantes, un par de zapatos con tacones altos, negros y brillantes; y también bragas de seda negra, por supuesto sin sujetador, porque tengo los pechos muy pequeños.

Empezamos la noche yendo a un restaurante a cenar. Después fuimos a un club en el que había strippers masculinos. Me sentí realmente avergonzada cuando entramos, al ver al menos media docena de hombres caminando totalmente desnudos y la mayoría de ellos tenían pollas enormes. Además, me puse peor cuando algunos de ellos me prestaron atención cuando supieron que yo era la novia. Después de una hora, dos de los bailarines vinieron y me tomaron de las manos. Me dijeron que mis amigas me habían preparado un baile privado.

No podía creerlo, me llevaron casi a rastras hasta una habitación privada y me sentaron en una silla; los dos hombres me vendaron los ojos y me dijeron que tenía que esperar a que entrara mi bailarín privado. Entonces noté que me quitaban la venda de los ojos. Me sorprendió ver de pie frente a mí a un enorme y musculoso hombre negro, con un minúsculo tanga blanco que apenas cubría lo que parecía ser un pene enorme y duro. Su cuerpo era realmente perfecto, sin ni siquiera un gramo de grasa. Parecía un atleta profesional, un dios olímpico. En voz baja, con acento cubano, se presentó como Supermán. Empezó a bailar de una manera sexy y su mano bajó hasta el tanga.

Supuse que no se lo quitaría pero luego se giró para mirarme a los ojos y con un rápido movimiento arrancó la pequeña pieza de tela. Mientras, yo estaba mirando sus musculosas nalgas negras balanceándose frente a mí.  Se dio la vuelta y me sorprendió ver un enorme pene negro colgando hasta la mitad del muslo y tan grueso como una gran banana, dulce y madura. Mis ojos no podían creerlo. Le oí reír y decir― Apuesto a que nunca has visto uno como éste.

Sólo agité la cabeza para decir― No. No…

Empezó a bailar de nuevo y su enorme pene se balanceaba de un lado a otro, de un lado a otro, cerca de mi cara. Luego tuvo una erección muy rápida y fuerte. Su pene se hizo aún más grande hasta que apuntó directamente hacia mí. Supermán se acercó, lo que me hizo sentir muy incómoda. Se acercó mucho y con su pene al mismo nivel que mi boca. Me preguntó― ¿Quieres que te lo pruebe en la boca, nena?

No sé qué me pasó, pero me incliné hacia adelante y muy, muy cuidadosamente toqué la enorme cabeza de su pene con mis suaves labios. Levanté la vista y Supermán estaba sonriéndome. Se movió hacia adelante y pude notar su pene golpear en un lado de mi cara. Su mano tocó mi barbilla. Levanté la vista y, por alguna razón, se me abrió la boca y metió la cabeza hinchada de su polla dentro. Sentí el grueso y firme pene de Supermán penetrando profundamente en mi boca y empecé a ahogarme. En ese momento, me asusté mucho, era como si estuviera fuera de mi cuerpo y me quedara mirando a aquel extraño follarme en la boca. Quería parar, pero no podía y empecé a sentir el sabor de un líquido salado y espeso; era el semen de Supermán. Nunca había probado algo así antes.

Empezó a gemir, agarró la parte de atrás de mi cabeza con ambas manos, y entonces noté su enorme polla latir salvajemente dentro de mi boca y comenzó a lanzar chorros de caliente semen salado en lo profundo de mi garganta. Me tiré hacia atrás con fuerza y mi boca comenzó a llenarse y me tragué su semen. Lo empujé de nuevo y su pene salió de mi boca todavía chorreando leche blanca. Se estaba masajeando delante de mí para correrse más. Los dos últimos chorros cayeron sobre mi vestido negro sin tirantes, mi cara y mi cabello. Quedé hecha realmente un desastre.

¡No podía creer lo que me acababa de pasar! Me iba a casar al día siguiente y acababa de chupársela a un enorme y musculoso desconocido hombre negro. Y nunca había hecho aquello con Tomás.

Él dio un paso atrás y me dio una servilleta de tela; yo me limpié la cara y el vestido. Mientras, Supermán estaba allí parado mirando mi cuerpo. Yo me levanté, en estado de shock. Se acercó de nuevo y me levantó por las caderas sobre una mesa cercana. No podía creer que estaba sentada pasivamente allí dejándole hacerme aquello. Me empujó por los hombros para acostarme sobre la mesa. Vi su cabeza desaparecer debajo de mi vestido, noté que mis bragas se apartaban, y noté su lengua palpando mi vagina. Y corrientes eléctricas atravesaron mi cuerpo. Involuntariamente abrí mis piernas de par en par y comencé a gemir pesadamente.

Agarró mis bragas negras y me las quitó. Me hizo separar más los muslos y empezó a chupar mi clítoris muy fuerte. Grité de placer y tuve un orgasmo muy desordenado, y otro, y otro, y otro, y otro. Fue una sensación increíble.

Supermán me abrió las nalgas y me lamió el culo. En un momento dado, noté que su lengua estaba a unos centímetros dentro de mi culo. Nunca antes me habían tocado allí.

Después de muchos, muchos orgasmos, noté que Supermán se detenía y lo vi levantarse. Entonces me di cuenta de que tenía una enorme erección de nuevo. Se agachó, agarró mis caderas y tiró de mi trasero hasta el borde de la mesa. Luego se colocó entre mis piernas, separando mis rodillas. Observé cómo colocaba la cabeza redonda de su enorme polla negra contra mis diminutos labios vaginales rosados y húmedos. Mientras se inclinaba, sentí la presión de esa enorme polla contra mi apertura y grité― ¡Nooooooo!

Un segundo después noté que una cosa gigantesca empezaba a entrar en mí. Me asusté cuando comprobé su tamaño completo dentro de mi cuerpo. El dolor fue increíble. Sabía que estaba siendo estirada como nunca antes y empecé a preocuparme de que me estuviera desgarrando allí abajo. Después de unos diez empujes me estiré lo suficiente para acomodar su gigantesco tamaño.

Grité― ¡No más, no puedo más, por favor!

Sacó su polla de mi vagina, me la mostró y la metió una y otra vez. Hizo esto unas diez veces. Le dije― No más, me duele.

Pero él sonrió y dijo― Aún no, falta la mejor parte.

Metió casi la mitad de la polla dentro de mí y comenzó a empujar hacia adentro y hacia afuera. Tuve varios orgasmos más, gimiendo y gritando de placer. Le oí empezar a gemir y luego su enorme polla explotó dentro de mí. Lo sentí bombear, bombear, bombear, bombear, bombear, bombear dentro de mi vientre.

Le dije― Por favor, no te corras dentro de mí, no tomo precauciones.

La sacó y terminó fuera de mi coño. Me roció cinco veces más.

Me costaba sentarme, y estaba aún más desubicada que antes. Cuando me levanté, mi vestido cayó alrededor de mis muslos. De repente un poco de esperma de Supermán salió de mi vagina y corrió por la parte interna de mis muslos. Me agaché para recoger mis bragas del suelo. Cuando estaba en esa posición, Supermán me empujó hacia adelante y terminé boca abajo, tumbada sobre la mesa. Lo noté levantándome el vestido por detrás.

Me volví para decir― ¿Qué haces?

Estaba erecto de nuevo y se movía hacia mí, agarrándome las nalgas del culo con ambas manos y haciendo que se separaran mucho. Se inclinó y de repente sentí una presión ardiente en mi ano muy apretado y me dije a mí mismo― ¡Oh, no, me va a sodomizar! ―y le grité― ¡Para, no más, por favor! Nunca he hecho sexo anal.

Él respondió― Ahora lo vas a hacer, nena ―y empujó su pene un poco dentro de mi ano

El dolor era realmente insoportable, no podía creer lo que me estaba pasando. Estaba siendo sodomizado por primera vez en mi vida por un perfecto desconocido.

― No puedes hacerme esto, me caso mañana ―grité, pero él seguía empujando cada vez más profundo dentro de mi ahora dolorido trasero. Sentí que me rasgaba más con cada empuje hasta que se enterró en lo profundo de mi ano. Yo lloraba de rabia y dolor en ese momento.

Después de unos dos minutos de duro bombeo, empezó a gruñir de nuevo. Yo ya sabía lo que iba a pasar después, su pene explotó dentro de mí otra vez. El dolor era peor mientras eyaculaba su semen dentro de mi culo. Me lanzó profundamente su esperma que entró en mis intestinos. No sé cuánto dejó, pero estuvo bombeando dentro de mí durante unos treinta segundos.

Sentí una punzada final de dolor cuando me sacó la cabeza de su pene del ano. Pude ver de nuevo su semen corriendo por mis muslos. ¡Realmente me lastimó!

Me puse el vestido, me puse las bragas y corrí al baño de damas. Luego me senté en el inodoro durante unos minutos mientras mis propios jugos mezclados con el esperma del desconocido hombre negro goteaban de mi vagina y ano hinchados. Me limpié lo mejor que pude y terminé de vestirme.

Definitivamente parecía que me habían jodido. Volví al bar a reunirme con mis amigas. No tenían ni idea de que había estado en aquella habitación privada con Supermán durante unos noventa minutos. Las chicas pensaron que probablemente había pasado "algo". Pero, por supuesto, nunca les diré la verdad, les dije que me divertí y les agradecí a todas la velada antes de decirles que me iba a casa porque estaba muy cansada.

Durante el camino a casa empecé a avergonzarme cada vez más de mí misma. Nunca pude contarle a Tomás lo que había pasado. Cuando volví a mi apartamento me senté en el inodoro y traté de sacar todo el esperma de Supermán fuera de mi cuerpo. Más tarde puse un espejo de mano entre mis piernas y vi lo mucho que me había lastimado. Los labios de mi coño estaban como un tomate,  rojo por el trauma de la penetración de Supermán dentro de mí. Realmente estaba muy dolorida. Moví el espejo un poco hacia atrás y me abrí las nalgas. Mi ano seguía abierto y podía sentir un profundo ardor. Pensé para mí mismo si volvería ser la misma otra vez.

A la mañana siguiente estaba tan dolorida que apenas podía caminar. Mi madre vino para ayudarme a vestirme para la boda y se preguntaba por qué estaba tan extraña. Como excusa le dije que tenía el período. Mi período había sido la semana pasada y noté que ella estaba un poco desconfiada.

Más tarde pensé que nunca había dejado que Tomás disfrutara de mi boca o se metiera en mi trasero pero un perfecto desconocido se las había arreglado para conseguir ambas cosas en menos de un minuto. Me pareció injusto para mi querido Tomás. Desde nuestro matrimonio, le dejé usar mi boca y mi culo cuando quiso. ¡Y disfrutamos tanto con eso!

Unos dos años después, Tomás y yo estábamos de compras en el centro de otra ciudad, cuando vi a Supermán caminando por la calle. Me miró, sonrió y pasó cerca de mí sin decir ni una palabra.

La verdad es que nunca me he sentido tan puta como aquella noche. Y cada vez que veo a una joven novia, me pregunto qué le habrá hecho Supermán...

Lois Lane

Otro relato ...




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