La Página de Bedri
Relatos prohibidos Mamada salvaje después del desayuno
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Tenía demasiado papeleo para terminar así que le pedí ayuda a un buen compañero de oficina Ralph, que dijo que podíamos ir a casa para estar más cómodos y centrar nuestra atención en el trabajo. Sonaba bien así que nos fuimos a casa y a trabajar en mi estudio, mientras mi esposa preparaba la cena. Disfrutamos de una deliciosa comida y luego, Ralph y yo regresamos al papeleo. Alrededor de la medianoche decidimos que podíamos parar y descansar. Así que invité a Ralph a pasar la noche en el cuarto de huéspedes, para que pudiéramos seguir trabajando a la mañana siguiente. Después de un buen desayuno, nos sentamos en la cocina a hablar de todo un poco. Mi esposa sólo llevaba una larga camiseta y se le notaban los pezones duros pinchando el fino tejido. Sabía que estaba cachonda, porque yo había estado estresado durante algunos días y no habíamos follado en demasiado tiempo. Ralph estaba sentado al lado de mi esposa y ella tenía sus ojos clavados en la entrepierna de mi compañero, que mostraban un creciente bulto. Aquel abultamiento estaba causado porque Ralph también había notado que los pezones de Anita se endurecían bajo la camiseta. De repente oí que Ralph se dirigía a mi sensual esposa― ¡Por favor, mete mi polla en tu boca! Sus palabras eran temblorosas, mostrando su alto nivel de excitación. Mi esposa sonrió mientras envolvía con sus largos y delicados dedos la dura polla de mi compañero de oficina, me miró y yo asentí. Con los ojos fijo en él, mi esposa le bajó la polla a Ralph hasta que estuvo lo más nivelada posible, y empezó a lamerla. Mi compañero gimió fuerte y ella le provocó con la lengua, lamiendo y besando la gruesa cabeza del pene, y rodeando la bulbosa cabeza con su caliente y húmeda lengua. Yo estaba completamente seguro de que la hábil lengua de mi esposa lo estaba volviendo loco y no pudo evitar rociar su cara con semen. Pero ella se empaló la boca con la polla de Ralph y comenzó a mover su cabeza rápidamente arriba y abajo, haciéndolo gemir aún más fuerte. ― ¡Chúpamela más fuerte! ―Siseaba entre gruñidos. Tomó la cabeza de mi esposa en sus manos y comenzó a follarla en la boca. Murmuró algunas palabras mientras se follaba a la boca de mi mujer que me sonrió y supe que él no tardaría en explotar en lo profundo de su boca. De repente gimió, jadeando que se iba a correr. Ella levantó sus ojos hasta los suyos en una súplica silenciosa y agarró la gruesa polla aún más fuerte en su suave y húmeda boca. Mi amigo empujó la polla más profundamente por última vez y la retiró hasta que sólo la cabeza quedó dentro. De repente gritó con pasión mientras su polla reventaba y llenaba la garganta de mi esposa con su semen. Siguió sosteniéndole la cabeza firmemente entre las manos, mirándola fijamente a los ojos mientras ella tragaba la última gota. Mi esposa me miró sensual y separó los labios lo suficiente como para mostrarme el pegajoso líquido blanco que aún colgaba en su lengua. Ralph le soltó la cabeza y ella se puso de pie y lo miró, todavía tratando de recuperar el aliento. De repente se puso a horcajadas sobre él. Luego vi como mi esposa agarraba la polla todavía dura de Ralph y la metía bajo su larga camiseta. El repentino jadeo que se le escapó de la boca indicó que la gruesa cabeza del pene ya estaba dentro de su coño. Ella estaba bastante caliente; así que empezó a cabalgar a mi compañero de trabajo mientras se movía de un lado a otro. Llegó a los dos minutos, pero siguió montándolo. Ralph se agarró de sus nalgas e hizo que se moviera hacia él hasta que gruñó sonoramente y tensó la espalda. Entonces supe que había llenado el vientre de mi esposa con su pegajoso semen. Mi esposa se levantó y fue al baño, sonriendo y moviendo las caderas para mí, levantó su camiseta y me mostró la corrida de Ralph deslizándose por el interior de sus muslos. Miré a mi compañero que parecía totalmente agotado después del sexo― ¿Estás listo para continuar nuestro trabajo? ―Le pregunté. ― Sí, claro, pero sólo si me prometes no tener más sexo ahí dentro ―apenas logró susurrar mi compañero antes de desplomarse sobre la mesa. Otro relato ... Poco a poco, cada vez hay más relatos porque poco a poco os vais animando a escribirlos y a enviarlos para compartirlos. A lo mejor, tienes cosas que contar y que te apetece compartir, pues este es el sitio. Si lo deseáis, puedes enviar tu relato a la dirección que figura en este enlace enviar relatos prohibidosY si lo que quieres es copiar algún relato y compartirlo en tu sitio, o en otro, no olvides copiar y pegar también el enlace de donde lo has obtenido. y el nombre del autor, no cuesta nada y es de justicia.Y si estás interesado en adquirir esta página, debes de saber que está en venta. Si tienes interés, puedes contactar con nosotros aquí. |
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