Nos conocimos navegando en la misma página web e inmediatamente me sentí atraída por sus bellas palabras, y por su buen trato y respecto hacia las mujeres. Es un chico hermoso, muy joven y por el rostro aparenta aún menos edad.
Alonso, es músico y participa en la celebración de la fiesta del carnaval del sol. Me invitó a conocer su ciudad. Arica con sus tranquilas playas y atardeceres de ensueño. Me prometió llevarme a conocer el morro y el carnaval del sol.
Ahí comenzó mi propia maratón de permisos en la compañía donde trabajo y la compra de pasajes para el vuelo Buenos Aires - Santiago. Y luego otro tramo en distinto avión. Santiago - Arica. Y la reserva de un departamento por tres días a través de Internet. Logré rentar un alojamiento muy bonito casi sobre la playa, entre las Machas y Chinchorro.
Mi corazón latía con agitación, días antes de viajar sola para conocerlo. Cuando por fin llegué, sobre el mediodía a mi ansiado destino, a metros del mar sobre la calle Francia, llamé a mi anfitrión. Alonso dijo que vendría por mí para almorzar juntos en un lugar selecto.
Mientras esperaba por él, me quité toda la ropa y comencé a llenar el jacuzzi para agregarle sales y espuma. Me sumergí a disfrutar el masaje reparador luego del largo viaje. El disfrute de la espuma y el masaje de los chorros de agua a presión, hizo que me entretuviera demasiado disfrutando de ese placer.
Alonso llamó a la puerta, esperando pasar y me apresuré a abrir, apenas cubierta con una toalla.
― Hola bebe ―Dije embriagada por la emoción y me estiré para llegar a sus labios y besarlo. Era nuestro primer contacto real, pero sentí que lo conocía desde mucho antes. Me inspiraba confianza y producía temblor por la emoción.
Alonso respondió a mi beso invadiendo mi boca con la lengua y sus brazos apretándome fuertemente. Mis tetas se pegaron a su pecho. Nos miramos a los ojos y nos reímos. El me besó el cuello y me lamió la oreja izquierda provocándome cosquillas deliciosas.
― Soy un poco remolona para alistarme y me entretuve en el jacuzzi ―Dije tratando de justificarme.
Él, siendo muy complaciente me respondió ― Termina con tu baño Belu, te espero, preciosa.
Le di la espalda, dejé caer la toalla al piso y nuevamente me sumergí en la espuma del jacuzzi
Alonso, apoyando sus manos en mis hombros me preguntó si lo había imaginado así. Apoyé la cabeza en el borde del jacuzzi para responderle mirándolo mientas apoyaba sus manos en el nacimiento de mis brazos
― Eres más lindo de cuánto imaginé, me encanta estar contigo en este lugar y sé que disfrutaré todo lo que tú quieras que conozca. Pero ahora mi amor deseo conocer... ―Dije llevando una mano al cierre de su pantalón.
Se Inclinó sobre mí para besarme hundiendo su lengua en mi boca. Mis pechos quedaron sobre la espuma y fijó sus ojos en ellos. Sus manos no pudieron contener el deseo de tocarlos con suavidad. Los pezones reaccionaron creciendo y cobraron dureza como piedras
Con voz melosa le dije― Amor deseo que me acompañes a tomar este baño de espuma. ¿Quieres?
A mis espaldas, comenzó a quitarse la ropa e ingresó al jacuzzi a mi lado. Luego quedamos enfrentados tomándonos de las manos. Mis pies sobre sus piernas llegaron hasta la pelambrera sobre su pene ya un poco despierto. Él para corresponder a mis caricias, palpó con un pie mi pubis sin pelitos. También acarició mi ombligo y los labios gorditos de la vagina haciéndome suspirar
Entre mis dos pies, tomé su pene magreando hasta sentirlo hinchado en plenitud. Inmediatamente quise tenerlo en mi boca. Y se lo pedí sacando un poco la lengua para recibirlo.
Alonso se puso de pie y con suavidad me ofreció su hermoso pene, morcillón de cabeza generosa y brillante. Jugué con la punta de la lengua en el frenillo del glande. Él cerró los ojos y suspiró.
Continúe el movimiento envolvente con mi lengua en la hermosa cabeza semejante a una gran ciruela morada. Con movimientos de tragar, la hice llegar hasta la garganta, hasta atragantarme y casi sin poder respirar se llenaron mis ojos de lágrimas.
Me puse de rodillas, liberando a su cilindro de carne, duro e hirviente que quedó apoyado en mi barriga. Aferrada a su cuello disfruté del placer de sentir sus manos palpándome el culo y apretándome las nalgas. Cuando busqué nuevamente su sedienta su boca, Alonso hurgó con dos dedos entre mis labios vaginales hinchados y mojados haciendo bajar mucho fluidos por mis piernas
Nos quitamos la espuma con una toalla, él a mí y yo a él.
Fuimos hasta la cama con él cogiendo mis tetas desde atrás y frotando su verga en mi baja espalda y glúteos. Yo ronroneaba de felicidad, como una gata en celo. Me dejé caer sobre el colchón y Alonso lo hizo sobre mí mientras su grueso pene jugaba a esconderse entre mis nalgas. Me besó con delicadeza las orejas, la nuca y cuello. Continuó por mi espalda hasta besar mis nalgas .Luego el pellizcó y grité e instintivamente cerré el anillo anal.
Alonso comenzó a darme palmas en el culo. Yo movía los pies y me quejaba por el castigo pero me excitaba y estaba manando jugos al mover los pies, estando boca abajo sobre sus piernas, mientras el permanecía sentado en la cama.
Me ardían las nalgas y movía el culo, quizás dejando ver hasta el fruncido ano marrón Alonso continuaba palmeando con más fuerza y preguntó― ¿Te gusta tenerlo así de rojo?
― Si amor, me encanta y calienta tu castigo ―Respondí sintiendo la dureza y temperatura de su verga apoyada en mi vientre.
Me dio tantas palmadas que me hizo hacer arder el culo y sentir escozor.
― Mírate al espejo ―Dijo poniéndose de pie con la verga levantada como un mástil pegado a su pubis cubierto de pelos negros ensortijados. El espejo me devolvió la imagen de mi culo blanco surcado por marcas rojas.
Suavemente me acostó sobre el colchón mirando al techo. Alonso se acomodó entre mis piernas abiertas y comenzó a lamer mi conchita, haciendo que me retorciera de gozo y pronto llegué a jadear disfrutando de mi primer orgasmo entre sus manos.
Continuo exponiendo mi clítoris a su lengua traviesa y me llegó un segundo orgasmo. Me agite, hasta convulsionar y lloré. Alonso me mordió los pezones y clavé mis uñas en su espalda pidiéndole que me llenase con su verga.
Apoyando los codos a los lados de mi cuerpo, se
posicionó recogiendo mis piernas. Los labios de mi vagina recibieron su
glande como un rico bombón de chocolate. Con movimientos suaves, pero
continuos, fue entrando en mí hasta sentir el golpe de su ariete en el
fondo del canal vaginal, y su pelambre púbico apoyado en los abiertos
labios externos de mi conchita
Mi boca entreabierta no paraba de suspirar. Creo que mis ojos estaban en blanco. Me llegaban oleadas orgásmicas que me hacían derramar jugos, mojando el colchón.
Cuando Alonso comenzó a bombear con más intensidad en velocidad y muy profundamente, intenté sujetar su miembro con mis músculos pélvicos para prolongar el placer. Apretando mi cuerpo con fuerza animal, se puso rígido, gruñó y me inyectó chorros de semen caliente con cada contracción de su verga. Quedé cansada y exhausta, sin reaccionar
Sacó su verga de mi caverna en estado de flacidez, muy mojada por mis jugos y su semen. La paso por mi ombligo y mis pezones.
La untuosidad de su semen, acariciaba mi piel mientras que, con las piernas bien juntas arriba intentaba evitar que su viscosa crema se saliera de mí. Un hilo de semen salía de mi vagina, recorría el perineo y llegaba hasta mi ano aun teniendo las piernas apretadas.
Permanecí unos cuantos minutos entre sus brazos, recibiendo mimos y caricias hasta que debí ir a quitarme los pegotes en la ducha. Alonso también tenía el pelambre púbico muy untuoso y estábamos empapados de traspiración.
Luego de higienizar todo el cuerpo volví fresca y renovada a la cama. Después, permanecí boca abajo escuchando música y esperando el regreso de Alonso desde el baño.
― Hola hermosa ―Dijo al llegar a la cama.
― ¿Quieres descansar o matarme en otra ronda? ― respondí.
Él se rio y agregó― Me agradaría hacer las dos cosas.
― ¿Cual prefieres hacer primero? ―Pregunté.
― La que tú digas preciosa. Veo que aún tienes líneas rojas marcadas en la cola ―Respondió sonriendo.
― Descansemos un momento ―y agregué― ¿Quieres abrazarme por la espalda? Deseo sentir despertar tu verga entre los cachetes del culo.
Alonso acató mi deseo, acomodó mi culo para que estuviera, con las nalgas separadas, a la altura de su herramienta. Con un brazo rodeó mis tetas, su pecho junto a mi espalda y quedamos adormecidos.
Al cabo de bastante tiempo desperté completamente. Su pene, ya despierto, estaba empeñado en mantener separados mis glúteos.
Sin moverme le dije suavemente― Mi amor, estoy gozando tu hombría. Eres encantador, te pido que, antes de que regrese, me des a beber tu lefa... también quiero que me abras la puerta chiquita a tu medida ¿Me lo prometes?
Alonso apretó con un brazo sobre las tetas y dijo― Eres muy directa Belu, me encanta poder decirte las cosas sin vueltas. Ya había pensado en romperte el culo ―Dijo riéndose
― Me hace feliz, oírte bebé, eres hermoso y complaciente conmigo.
Treinta minutos después yo estaba de rodillas sobre la cama. Alonso magreaba desde atrás mi conchita enrojecida y con los dedos pulgares untados en crema corporal hacía círculos sobre mi anillo marrón. Sus embestidas eran rítmicas, sin aumentar en velocidad. Creo que buscaba mantenerme cachonda y que su verga estuviera dura lista para sodomizarme.
Cuando cesó de prepararme, se detuvo para tomar un condón de la mesilla de noche y sacó la verga de mi conchita para enfundarse el pene. Posicionó el condón sobre el glande. Yo dejé mi posición para estirarlo con los labios a lo largo del pene.
Volví a mi posición y bajé la cabeza hasta el colchón para darle un buen ángulo de entrada a su herramienta.
Hundió un dedo pulgar en mi ano para abrirlo un poco. Lo movió de lado a lado, lo sacó y volvió a entrarlo dos veces más. Luego fue la hermosa y gigante ciruela morada la que me hizo temblar de gozo y el cilindro de carne palpitante que me llenó por completo provocándome un poco de dolor y mucho placer a la vez, con los empellones de su cadera. Un maravilloso orgasmo anal me estremeció.
Alonso aumento el ritmo de sus embestidas dando
empellones como para partirme. Su pelambre negra encrespada me
provocaban cosquillas entre las nalgas bien separadas. Parecía tener un
poco de dificultad para acabar con condón dentro de mi cola, por falta
de sensibilidad en su glande. Le dije que me diera palmas en las nalgas
hasta ponerlas rojas. Eso lo puso muy cachondo, más las caricias que yo
le daba en las bolas con mi mano hacia atrás. Lo llevé al clímax
Cuando lo sentí próximo a descargarse me asalto un segundo orgasmo anal. Apoyé la boca en el colchón y grité mucho mientras me arremetía con mucha fuerza. Cuando se puso rígido, me pellizco las nalgas y sentí las contracciones de su pene regalándome su semen caliente.
Permanecimos unos minutos estáticos. Alonso resoplaba y mi ano latía al ritmo del corazón. Comenzaba a estar ardiente por tanta fricción del condón en la piel sensible.
Ya un poco floja, sacó la verga de mis entrañas y exclamó― Belu, se rompió el látex.
― No me incomoda Alonso, lávate bien ―Respondí a mi partenaire.
Sentí su semen caliente pegarse a mi recto. Fue hermoso, me provocó dos orgasmos anales.
Luego de higienizar muy bien el pene, volvió a estar a mi lado. Muchas preguntas, muchas respuestas y la certeza de sentirnos bien disfrutando nuestros cuerpos.
Ya pasada la tarde juntos, mirándonos, besando, dando libertad a nuestros deseos.
Aplicando lengüetazos en su pene, a veces estirando el prepucio con mis dientes, o jugando mi lengua en el frenillo del glande, le provoqué una nueva erección. Tantas veces lo metí hasta mi garganta que tuve arcadas y se me enrojecieron los ojos.
Él, con los ojos cerrados me dejaba hacer y no me detuve hasta que me llenó la boca con su semen, blanco, untuoso y almizclado. Lo devoré sin desperdiciar ni una gota. Al ocultarse el sol salimos del departamento para reponer energías comiendo en un local de comida rápida.
Otro relato ...