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La Página de Bedri
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Cuando mi esposa decidió estar sexualmente con un hombre negro nos cambió mucho a los dos y me gustaría compartir esa primera vez. Cuando Lisa empezó a mirar fotos de hombres negros, a leer historias de mujeres casadas que se van con hombres negros y a ver los vídeos amateur en Internet, quiso saber si realmente era tan bueno como decían y parecía.

Así que, hace algunos años, pusimos a un anuncio en una web de contactos. Después de unos cientos de mensajes tontos y hombres presumidos, encontramos uno que nos gustaba. Tenía unos 30 años, era de piel muy oscura, lo que ella prefería y yo también, bien parecido, la polla gruesa y de unos 25 centímetros. Era musculoso y tenía un vientre plano en el que se veían los abdominales. Tenía un fino rastro de pelo que iba desde el ombligo hasta el pubis que tenía bien recortado. Era el espécimen adecuado para nuestras pretensiones.

Nos dijo que prefería follar sólo con mujeres blancas, y de hecho sólo con parejas blancas. Vivía en una ciudad cercana a la que yo viajaba por negocios. Eso era algo que Lisa prefería para su primera vez, porque así no había posibilidad de ser descubierta por nadie conocido. Hablamos con él numerosas veces y parecíamos compatibles. Realmente entendía la dinámica de lo que queríamos. A mí, al igual que muchos otros hombres, me encantaba ver a hombres negros con parejas blancas, e incluso estaba interesado en tal vez chupar una polla negra, pero eso nunca lo admitiría a nadie. Contactamos con él varias veces, y cada vez fue mejor que la anterior.

La primera vez, estábamos tan jodidamente nerviosos que ella parecía que iba a echarse atrás en el último momento. Lo que hizo fue darse un baño caliente, yo encendí algunas velas, pusimos música suave, le afeité el coño y las piernas en la bañera. Luego se puso su nueva lencería y algo de perfume y se maquilló. Después se metió en la cama y esperó boca abajo bajo las sábanas, relajándose. Yo me senté en un rincón en silencio.

Cuando él llego, le hice entrar y le señalé la cama. Volví a la silla del rincón, y tomé asiento para un buen espectáculo. Se sentó junto a ella en la cama masajeándola suavemente por todo el cuerpo, relajándola. Sabía lo que hacía. Después de un tiempo, sus manos se desviaron lentamente bajo las sabanas. La piropeó una y otra vez y al poco tiempo, le comenzó a besar en el cuello, y la mano de ella bajó hasta su entrepierna palpándole la enorme polla a través de los pantalones. Se besaron y se acariciaron mutuamente. Él bajó y le lamió el coño hasta el orgasmo. Luego se sacó la polla y le permitió a ella acariciarla antes de ponérsela en la boca. Entonces él dijo― No vamos follar en la primera cita.

Ella se corrió una o dos veces, Él se corrió en todo su culo, lanzando un enorme chorro de semen que le llegó a un omóplato de mi esposa. Ella gimió fuerte cuando él se corrió.

Cuando se fue y le dijo a ella― Espero que vuelvas a tenerme.

― ¡Joder, sí! ―Dijimos los dos.

La segunda y tercera vez que nos encontramos con él en una habitación de hotel, fueron increíbles. Ella tenía su polla en la boca a los 5 minutos de haber entrado. La folló en todas las posiciones imaginables. Y, al mismo tiempo, estaba construyendo su dominio sobre nosotros, preguntándome cosas como, si me gustaba ver a un hombre negro de polla grande follando a mi bonita esposa blanca. Y preguntando a mi esposa si le gustaba la forma en que se la follaba.

Y luego subiendo de tono decía ― Es bueno que dejes que tu mujer tenga un buen polvo conmigo.

Otras veces― Estoy seguro de que no puedes hacerlo así, ¿verdad?

A veces también me decía― ¡Prepara a tu esposa para mi polla!

También dijo― ¿Oyes eso?, Escucha a tu mujer, a ella le encanta mi polla.

Varias veces dijo ― Esto es un buen coño.

Finalmente llegó a decirme― Deberías darme las gracias por follarme tan bien a tu mujer.

Y lo hice, y ella también lo hizo.

Nuestras sesiones también empezaron a ser cada vez más largas, con él tomando más y más poder sobre nosotros.

Era nuestro cuarto viaje para visitarlo y cuando respondí a la llamada en la puerta de la habitación del hotel sus primeras palabras fueron― Tienes que desnudarte y ponerte de rodillas ―Me sorprendió, pero siguiendo obedecí y mientras me arrodillaba, me dijo―Ojos abajo; manos a la espalda ―Se puso delante de mí, todavía vestido, y definitivamente al mando. Contó cómo había enseñado a otras esposas a dominar a maridos , y de cómo ahora sería dueño de su coño, pero primero me haría su perro sumiso. Aunque esas palabras me chocaron al principio, su comportamiento y su presencia dominante me hicieron sentirme muy sumiso, y lo que es más, naturalmente sumiso a él. Luego se desnudó y admiré su hermoso cuerpo negro y su gran polla totalmente erecta, a centímetros de mi cara― ¿Qué quieres blanquito?

― Quiero tu polla negra.

― Los hombres blancos sois todos iguales. Ruega por mi polla.

Mientras lo hacía, me hizo prometer que le entregaría a mi mujer, y que la poseería como a mí al final de la noche. En ese momento, arrodillado ante él, deseando nerviosamente su polla, cambié a mi mujer por su polla. Mientras chupaba con hambre su hermosa polla y me esforzaba por hacerle una garganta profunda. Estaba muy excitado pero cuando dijo― No chupas como cualquier mujer que he conocido; chupas como un maricón ―Eso me puso aún más caliente y supongo que se notó― Tu mujer tenía razón, ¡eres un pequeño maricón! ―Me agarró del pelo y me tiró hacia atrás― ¡Dilo perro!

― Sí, lo soy.

― ¡No, dilo!

― Sí, soy tu marica.

Volví a bajar a su polla y se la chupé, y a veces me follaba por la cara, llamándome su perra, su marica, su homo. Me encantaba su gran polla y cómo me trataba. Cuando se corrió, me esforcé por tomarlo todo, hasta lo que goteaba de su polla,

En la mayoría de los hombres, eso suele poner fin al sexo, pero no a él― ¡A la cama! ―le dijo a Lisa. Luego con un tono muy diferente, más suave, más cariñoso añadió― Eres mi pequeña perra blanca ¿no? ―Y le besó el cuello. Estaba sorprendida, pero su cuerpo, su tacto, e incluso su voz tranquilizadora la hicieron sentir vulnerable. Le susurró al oído― Me encanta follarme a las esposas blancas cristianas ―Sabía que me estaba mostrando cómo iba a seducir y tomar el control sobre mi esposa y me estaba encantando. Mientras su polla entraba en ella, cada vez más profundo, nuestros gemidos lo delataban... éramos suyos― Tu coño está muy apretado nena.

― ¡Oh Dios! ―le estaba besando el cuello, jugando con sus pezones mientras le decía cosas como― Mi dulce coño de casada. Todo su cuerpo estaba lleno de excitación, mientras él la follaba cada vez más rápido. Mientras acariciaba mi polla mirándolo con mi mujer, la oí decirle― ¡Fóllame, fóllame! ¡Oh, Dios mío, fóllame!

Me froté la polla para correrme, pero él me apartó la mano― No te corras mientras yo esté en la habitación, zorra.

De repente, noté que mi polla rezumaba esperma caliente, sin correrme pero con una sensación muy diferente, mi mujer estaba aceptando su esperma en su vientre, y sus pezones estaban duros como piedras. Se quedó allí dentro de ella, mientras su semen rezumaba por su coño. Cuando se levantó, mirándome sonriente dijo― Ahora me perteneces. Tu mujer te pertenece, pero su coño me pertenece a mí. ¿Entiendes?

― Sí señor ―dije, lamiendo el semen de la cabeza de su polla.

― Mmm mmm ―oí la voz apagada de mi esposa en la cama. Mientras se vestía, dijo― ambos seréis mis putas cuando os llame.

Nos dejó solos en la habitación, con su semen goteando de la vagina de mi mujer y bajando por mi barbilla.

― ¿Comerlo? ―preguntó mi mujer y le lamí el coño mientras ella gemía de placer.

Aquello duró unos 6 u 8 meses. Pero nuestro semental se fue a otra zona del país para nuestra decepción.

Con el paso del tiempo, tanto mi mujer como yo echábamos de menos la diversión y la excitación. En lugar de pasar por el proceso de buscar a otro, mi esposa ya había encontrado un joven negro que solía trabajar con ella. En el trabajo, siempre había coqueteado con ella, intentando follarla pero, ella se resistió porque trabajaban juntos, y en ese momento, mi esposa no estaba abierta a tener otro hombre para su coño. El joven dejó aquel empleo justo cuando estábamos pensando en compartir a mi esposa. Mi mujer era reacia a invitarle entonces porque no quería follar con nadie conocido por miedo a que se supiera.

Así que esta vez, mi esposa me dijo― Antes de que se fuera, Samu, me dio su número y dijo que, si alguna vez necesitaba algo que, lo llamara. Bueno, necesito algo... ¿podemos llamarlo?

Estuve de acuerdo en que podía hacerlo y que debería quedar con él a solas unas cuantas veces, y enviarme algunas fotos y vídeos de ellos follando. Para ver cómo reaccionaba al incluirme de esa manera.

Aquello funcionó bien, al llegar bien jodida a casa, mi esposa me enseñaba los vídeos y fotos que Samu le tomaba. Eran buenas y muy sexis así que le pedí que invitara a Samu a nuestra casa para conocerme y tomar una copa.

La primera vez fue más un trío hombre-mujer-hombre que un polvo cornudo. Samu era un hombre más pequeño, amante de la diversión, con una buena polla y enormes bolas. Tenía muchas ganas de chupársela.

Mi mujer y yo le chupamos la polla juntos, mientras él se sentaba en nuestro sofá. Entonces le propuse a él y a mi mujer que subieran juntos a follar. Preparé algo para comer mientras ellos follaban y hacían temblar las paredes de la casa.

Samu fue un visitante habitual, y yo a veces sólo miraba, o participaba, o me sometía. Cualquier cosa estaba bien e incluso hablamos de que se mudara con nosotros pero por desgracia, nada es para siempre. Resulta que Samu tuvo un pequeño problema que hizo que tuviera que irse por un tiempo.

Conocimos a otros unas cuantas veces antes de decidir que nada se acercaba a lo que nuestro primer semental había hecho por nosotros. Y, cuando Samu se fue, nos mudamos a otro lugar por mi trabajo. Y, a medida que envejecíamos un poco más, el interés de ambos fue disminuyendo― He estado allí, he hecho eso ―es lo que mi esposa decía. Ahora ha dejado de tener sexo y ya no es como antes. Está tomando medicamentos que disminuyen su libido, y y ahora es bastante religiosa. La mayoría de los hombres todavía querrían follar con ella, sigue siendo guapa pero no es realmente sensual. Al menos, hasta donde yo sé. Y eso está bien para mí. Si ella tiene a alguien que se folla, tal vez incluso alguien en su iglesia, lo apoyaría. Pero no creo que lo haga.

En aquel tiempo aprendí que me gustaba someterme a machos fuertes con pollas grandes. Y sigo buscando al adecuado en ocasiones, en la clandestinidad, y me he citado en algún hotel para simplemente chupar una polla e irnos. Mi esposa es muy religiosa y no puedo compartirlo con ella.

Los chicos casados son mis favoritos, porque quieren una corrida con urgencia, no están buscando una relación gay- Yo tampoco, pero sé que aprecian que les chupen la polla. Y a mí me gusta complacer.

Anónimo

Otro relato ...




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