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La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Nunca provoques a mi esposa
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Andrea siempre ha sido una persona divertida y por eso me casé con ella. Mientras salíamos, accidentalmente descubrí que ver a los demás chicos mirándola me ponía la polla dura. No le dio mucha importancia, pero en los meses siguientes noté que empezó a vestirse para lucirse. Antes de su operación de senos, eran de una linda talla de copa 34 B y pocas veces usaba sostén y sus pezones siempre estaban duros cuando sabía que los hombres la miraban. Recientemente se ha hecho nuevas tetas y ahora tiene un hermoso par de tetas de talla 36 D y ha descubierto que los hombres la miran aún más.

Después de casarnos empecé a leer historias de hombres con esposas atractivas y cómo disfrutaban compartiéndola con otros hombres. Una noche, Andrea y yo estábamos en nuestro porche tomando unos combinados y hablando de todo tipo de cosas. Esa noche hacía calor y Andrea llevaba un bikini con un fino top de algodón blanco. Sus pezones estaban obviamente duros y se lo mencioné.

― ¿Te molesta que los demás hombres me miren las tetas cuando voy sin sujetador? ― dijo ella.

Di un buen trago y le dije―No, no me molesta, de hecho me encanta ―Y continué diciéndole― Una vez, que tuvimos amigos en casa, noté que uno de ellos te miraba el coño a través de la entrepierna del bikini cuando salías de la piscina.

Tenía las piernas cruzadas cuando se lo dije, las apretó fuertemente, se puso de pie y dijo― Necesito otro trago, ¿quieres uno?

Le dije que sí, tomó mi vaso y entró en la cocina. Me quedé sentado preguntándome si me había equivocado al decirle aquello, ¿estaría enfadada? Después de unos minutos y me dio mi copa, se sentó frente a mí y cruzó las piernas de nuevo. No dije nada, sólo tomé un lento sorbo de mi bebida. Mientras tomaba el trago, ella dijo― ¿Quién?

Aparté el vaso de los labios y respondí― ¿Quién qué?

― Quien estaba mirando mi coño ―dijo ella.

― ¿Estás loca? ―Respondí al tiempo de que me daba cuenta de que estaba apretando fuertemente los muslos.

― No, no estoy loca y ni siquiera enojada, sólo necesito saber si necesito estar molesta o solo intrigada.

Sonreí y luego dije― Por favor, me lo tienes que explicar.

― Si fuera un hombre espeluznante no me gustaría eso, pero si fuera uno de tus calientes amigos podría estar excitada ―respondió ella.

― ¿Excitada? ―le pregunté.

― Excitada ―Respondió mostrando la confianza extrema que muestra cuando está segura de algo.

― Sabes que todos mis amigos piensan que eres muy sexy y todos aprovecharían la oportunidad de tener sexo contigo ―le dije.

Se inclinó hacia atrás forzando sus tetas contra el fino algodón de su camiseta y luego dijo que los nombrara. Tartamudeé cuando empecé a decir los nombres a varios de mis amigos que habían mostrado interés por Andrea.

Cuando mencioné a Carlos preguntó― ¿Carlos?

― Si, Carlos ¿por qué? ―respondí.

― ¡Ah, bueno! Ya me había visto el coño antes.

― ¿Cuándo te vio Carlos el coño?

― En tu fiesta de cumpleaños ¿Recuerdas? Yo llevaba una falda vaquera muy corta y le pillé mirándome las piernas, así que las abrí para que viera que no llevaba bragas.

― Nunca supe que habías hecho eso ―dije.

― ¿Estás enfadado porque lo hice? Me lo pidió.

Le señalé la erección que destacaba en mis pantalones y le dije si esto parecía ser enfado. Ella me sonrió y me dijo― No, no lo es, solo que parecía que querías que me cogiera a tus amigos.

― ¿Lo hiciste?

― Si, pero sólo con algunos ―dijo ella

― ¿A quién te follarías? ―Le pregunté.

―Bueno, a Carlos por supuesto y Eric y Tim y Michu y Ashley―dijo ella.

― ¡Guauuu! ―La interrumpí― ¿Cuándo podemos hacer eso?

― No me los voy a follar todos a la vez, ya sabes ―dijo.

― Sería que sería genial verlos a todos juntos ―le dije.

― Me encantaría que me follaran en grupo pero dudo seriamente que lo hicieran.

― ¿Y que por qué no hacemos que uno de ellos te coja para que yo pueda mirar?

― ¡No! ―dijo―me sentiría extraña y mal si tú estás mirando.

Yo no quería dejar pasar la ocasión y perder lo que he conseguido que admitiera, así que le dije― Prepararé una reunión con el que tu elijas y me lo cuentas todo después.

―No sé, tengo que pensarlo y te lo diré.

Un par de semanas más tarde Andrea, y después de que me armé de valor saqué otra vez el tema de que ella se follara a mis amigos y le dije― Bueno, ¿ya lo has pensado?

Ella jugó conmigo y dijo― ¿Qué cosa?

― Ya lo sabes ―respondí mirándola fijamente.

― Tendrás que volver a preguntarlo tú ―dijo ella.

Entonces no tuve otra opción que decírselo― Me preguntaba si ya habías pensado en darle a alguno de mis amigos tu coño.

Ella se rió y dijo― Deberías haberte visto la cara mientras me decías eso.

― Por alguna razón no es fácil para un hombre decirle a su mujer que se tire a otro hombre―Dije.

Tomó un trago de su bebida y se inclinó hacia atrás mostrando total confianza y dijo― Si, me lo he pensado. Ya lo había pensado el día que hablamos de ello.

― Así que vas a hacerlo ―le dije.

― Si, hice lo que me pediste.

― ¿Ya lo hiciste? ―dije casi gritando.

― Hice que Carlos me cogiera, hace una semana, el jueves.

― Cuéntame lo que pasó ―insistí.

― Llamé a Carlos el día después de que lo hablamos y le dije que quería que tuviera sexo conmigo. Acordamos que vendría un día mientras tú estabas en el trabajo. Bueno, el jueves llovió y no pudo trabajar, así que me llamó y vino.

― Bueno ¿qué hicisteis? ―pregunté.

― ¡Follamos! ―dijo ella.

― ¡Detalles! ―insistí― Dije detalles, necesito detalles. ¿De cuerdo?

― ¿Cómo qué? ―dijo ella.

― ¿Su polla es grande? ―tartamudeé.

Ella se dio cuenta de que tenía completo control sobre mí con ese tema― Su polla es dos veces más grande que la tuya ―dijo.

― ¿De largo o de ancho?

― De ambas cosas ―dijo ella―Y estaba muy tiesa, grande y dura cuando la saqué de su ropa interior. Estaba muy, dura gorda y larga. Cuando empezó a follarme dijo que mi coño estaba demasiado apretado para ser es una mujer casada y preguntó si tu pene es pequeño.

― ¿Que le dijiste?

― No te preocupes ―dijo ella riendo― le dije que si alguna vez te decía algo sobre tener un pene pequeño no me lo volvería a follar.

―La próxima vez que te lo folles no te limpies, quiero comer su esperma de tu coño.

Ella se acobardó y dijo― ¡Oh! Es algo desagradable.

― Yo también quiero algo para mí ―añadí.

―Bueno― dijo ella―vendrá el próximo día de la semana que llueva, así que cuando llegues a casa tendré mi coño preparado para que juegues.

La suerte hizo que no lloviera por más de tres semanas y me preocupaba que no sucediera. Andrea me ha estado excitando todos los días poniéndose ropa sexy y haciendo comentarios sobre que su coño ansía por una polla bien gruesa.

El lunes por la mañana, cuando abrí la puerta para ir al trabajo vi que estaba lloviendo. No pude mantener mi mente en el trabajo durante todo el día y por tres veces levanté el teléfono para llamar a casa para ver si había ido, pero me acobardé y colgué. Salía del trabajo y cuando entré en la casa no sabía qué esperar. Entré y llamé a Andrea que dijo que estaba en la cocina preparando la cena. Llevaba puestos sus pantalones cortos más ajustados y una camiseta. La besé en la mejilla, sonrió y dijo― Vino a verme.

― ¿Quién vino, cariño? le pregunté― Carlos, ¿ha venido Carlos? Hoy ha llovido.

― Si, Carlos vino hoy ―dijo mientras agitaba la olla en la cocina.

― ¿Te ha cogido?

― Si, me ha cogido.

― Eso es todo ¿Se corrió en tu coño?

― ¡Dos veces! ―dijo ella.

Me acerqué, apagué la cocina y saqué la olla del fuego― Esto puede esperar ―dije.

Ella se rió y dijo― ¿Qué estás haciendo?

Tomé su mano y le dije―― Estoy a punto de chupar tu clítoris y comerme el semen de tu vagina infiel.

Tuve que ayudarla a bajarse los pantalones y mientras lo hacía ella dijo― Me puse estos porque me están muy apretados que sabía que ayudaría a mantener su semen dentro de mí.

― ¿Cuánto tiempo hace que lo tienes?

― Poco más de una hora ―y agregó― Hemos estado follando todo el día y se corrió en mi coño dos veces y justo antes de irse le chupé la polla y le dejé correrse en mi boca.

Después de quitarle los pantalones cortos, le bajé sus diminutas bragas. La entrepierna estaba húmeda y la chupé y luego la empujé de nuevo a la cama. Ella cayó con las piernas abiertas y me zambullí inmediatamente entre sus muslos. Pude notar el olor de Carlos en su cuerpo, los labios de su vagina se abrieron solos y dejaron al descubierto su agujero dilatado. Ya le había un pequeño agujero del tamaño de una moneda de 10 centavos, nunca había visto su coño tan estirado.

Empujé la lengua hacia ella y me unté sus jugos por toda la cara. Aspiré su clítoris dentro de mi boca y esto causó que sus muslos se apretaran fuertemente alrededor de mi cabeza. Me agarró por el pelo con las dos manos y me empujó con fuerza a su coño. Arqueó la espalda para darme mejor acceso a su coño. No pude esperar más, me quité los pantalones y le clavé mi propio pene hasta las bolas de un solo golpe. Ella me envolvió las piernas alrededor de la espalda mientras yo hacía todo lo posible para follarla. Le dije― Nena, no te siento, tu coño está muy mojado.

― Estoy muy estirada porque Carlos me estuvo follando todo el día.

Yo eyaculé todo el contenido de mis bolas al oír eso. Luego me acosté a su lado sin aliento.

Ella pasó una pierna por encima y se sentó con el coño en mi boca. Noté que los músculos de su estómago se tensaban y me inundó la boca con una mezcla de ella, de Carlos y mi propio semen.

Nos quedamos allí tumbados, durante media hora recuperando el aliento y luego dijo―Necesito una ducha y luego tenemos que cenar.

Después de la ducha Andrea entró en la cocina con una de mis camisetas y un par de bragas. La camiseta llegaba justo debajo de las nalgas y eso me puso dura otra vez. Después de cenar le pregunté si podía follarla otra vez y me dijo― No, que mañana iba a llover y vendrá Carlos, así que mi coño necesita un descanso antes de que me joda otra vez.

Me masturbé mientras ella miraba y me contaba cómo planeaba follarse a Carlos al día siguiente.

Gogo

Otro relato ...




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