La Página de Bedri
Relatos prohibidos Sexo en el cerro
ADVERTENCIA: Esta página contiene textos, imágenes o enlaces que pudieran ser
considerados no apropiados para personas menores de la edad legal. Por eso se hace esta advertencia. El contenido de los mismos es evidentemente "para
adultos" y de contenido explícitamente sexual por lo que, hecha esta
advertencia, si finalmente decides continuar, lo haces bajo tu única y
exclusiva responsabilidad. No se obliga a entrar, es más, se recomienda que
aquellas personas que puedan sentirse molestas, o incluso ofendidas, con el
contenido de lo que aquí aparece, que se abstengan de hacerlo.
Mi nombre es Ysa, soy abogada, estoy soltera y tengo 28 años. Luego de un día de trabajo duro en la oficina, entré al baño para quitarme el traje ejecutivo y ponerme una licra deportiva, shorts sin costura y un sujetador deportivo, para ir a caminar subiendo el cerro. Me miré en el espejo y noté que mí tanga resaltaba por lo ajustado de la licra, por lo que decidí quitármela y fue mi coño depilado el que hacía que la redondez de mis labios vaginales se hiciera notoria. Durante la caminata comenzó a llover de forma intensa, lo que me obligó a refugiarme en una especie de parada techada. Las otras personas que caminaban se fuero y me quedé sola. Comenzó a oscurecer, pero no paraba de llover y tampoco podía continuar mucho más tiempo allí. Al verme sola empecé a asustarme y tomé la determinación de seguir subiendo hasta la estación del guardabosques con la esperanza que estuviera abierta para resguárdame. Ya no me importaba mi peinado, Continúe la marcha y sin cesar de llover llegué a la cabaña. Había un guardia que me invito a pasar. Mi licra mojada atrajo su mirada mientras me ofrecía darme una ducha caliente para evitar un resfriado. Ya bajo la ducha, sin quitarme la ropa, me relajé con el agua caliente. Me encontraba casi a punto de terminar, cuando oí que tocaron a la puerta del baño, que no tenía pasador, vi un brazo acercando una toalla y oí al guardabosque que me decía― Te he traído una toalla, dame la ropa mojada para ponerla a secar cerca de fuego de la chimenea― Me acerqué a la puerta para coger la toalla, me la enrollé alrededor del cuerpo, y salí con la ropa mojada en las manos para dársela. Me senté frente la chimenea con el cuerpo solo cubierto por la toalla. El frío hacía que mi cuerpo no parara de temblar. El guardabosque se dio cuenta y me ofreció una manta, y se lo agradecí con una sonrisa. En la cabaña reinaba el silencio, solo roto por el sonido de la lluvia y el crepitar de la leña al arder. El guardabosque me ofreció una bebida para calentar el cuerpo a base de alcohol. Yo estaba sentada en el sofá cerca de la chimenea y el guardia en el suelo, no había más asientos. Mientras tomaba la bebida estuvimos charlando, me dijo que tenía 22 años y uno como guardia, luego me sirvió otro vaso de aquella bebida y él se sirvió otro. Viendo que el pobre en el suelo tenía frio, le dije que sentara a mi lado en el sofá. Se sentó a mi lado y seguimos tomando esa bebida. Lo miré de reojo y vi que me estaba observando. Entonces un escalofrío me recorrió el cuerpo haciendo que me estremeciera y empecé a temblar aún más. Él se dio cuenta y me pasó el brazo sobre el hombro, obligándome a romper esos centímetros que nos separaban, y vi como su boca dibujaba una sonrisa. De repente me di cuenta de que eso no estaba bien y me separé. Pero era notorio que en ese momento existía mismo existía una evidente tensión sexual entre los dos. La bebida me había calentado y el solo hecho de que me rozara hacía que mi cuerpo se activase y eso es aún mayor que cualquier otra cosa. Y sin pensármelo más me tiré a sus labios, nos besamos como si no hubiera un mañana. Nadie antes me había besado así mientras mis manos juguetean entre tu pelo. Tenía unos labios carnosos que me volvían aún más loca. Mientras me besaba, sus fuertes manos me levantaron del sofá, la toalla se cayó, y me colocó sobre la manta que también había caído al suelo frente a la chimenea. Se desnudó por completo y puedo ver su verga erecta. Sus manos frías recorrieron mi espalda y noté el contraste con mi cuerpo caliente. Llegaron a mis caderas y me sujetó muy fuertemente. Empezamos a frotar nuestros cuerpos mientras nuestras lenguas jugaban y poco a poco, la temperatura fue subiendo. Bajó una mano y acarició mis labios vaginales que no tardaron en abrirse para él. Pudo notar que estaba muy mojada y empezó a jugar con mi clítoris, haciendo que mis pulsaciones se multiplicasen. Intenté ahogar un grito de placer apretando la boca para evitar que se escapase de entre mis labios. Su boca bajó hasta mis tetas, donde jugó con mis pezones erectos. Mi espalda se arqueó ante el placer que me hacía sentir, mientras clavaba mis uñas en su espalda. Sentí que estaba a punto de llegar al cielo, lo tumbé en el suelo y me monté encima de él. Lo besé otra vez y fui recorriendo su cuello, su abdomen, hasta llegar a su verga que me introduje en l aboca saboreé, mientras observaba cómo sus ojos se entornaban de placer. Eso me encantó aún más, especialmente cuando s ele escapó un pequeño gemido de placer. Luego mi mano dirigió la verga hacia mi coñito. Sus manos agarraron mis tetas, y comencé a moverme arriba y abajo. Muy despacio, quería disfrutar del momento. Cambié la velocidad y el placer que sentí hizo que mis caderas se arqueasen. Luego fue él el que estuvo encima mí. Mientras me besaba, sentí como cada vez me metía la verga más y más adentro. Lo envolvía con mis piernas para no dejarlo escapar, no quería que eso se terminase nunca. Fue aumentando cada vez más y más la velocidad, cada embestida me gustaba más que la anterior. Sentía que no podía más y un fuerte gemido salió de mi boca a la vez que de la suya. Nos corrimos los dos juntos lo que hizo que mi boca dibujase una sonrisa de satisfacción mientras sentía toda su leche correr en mi interior. Se tumbó a mi lado en silencio mirando el techo. Seguía lloviendo, el fuego de la chimenea sigue ardiendo y nuestros cuerpos también. El guardabosque me dijo― Tienes que esperar hasta mañana que llega mi relevo para bajar en el Jeep. Lo miré y le dije― ¡Mejor así! No me quiero ir ―Entonces me abrazó y me besó. Seguíamos tendimos junto al fuego, la noche estaba oscura y fría. Se abrazó a mí por detrás, sintiendo en mi culo su verga dura y una de sus manos en mis tetas, acariciándolas con suavidad. Me volteó e inicio un acercamiento de labios, instintivamente llevé una de mis manos a mi clítoris para acelerar mi clímax. Mis jadeos se convirtieron en gritos. Me puse de rodillas frente a su verga erecta. Lo miré con lujuria mientras mis manos recorrían su verga de arriba abajo con firmeza. Sin pensarlo, lamí la punta y seguí lamiendo hasta la base, estaba rico, llegando a sus bolas depiladas. Mi mano masturbó su verga mientras chupaba sus bolas. Lo oí gemir mientras el me acariciaba el cabello. Comencé a subir hasta la punta de la verga y la lamí con desesperación. Me encanta, me fascina su sabor. Hice círculos con la lengua mientras mi mano no paraba de masturbarlo. Meté la punta en la boca y comencé a chupar. Chupé con intensidad metiendo cada vez más su verga en mi boca. La saliva salía por los bordes de mis labios. Se puso de pie, yo me acosté sobre las mantas y me dijo― Llegó el momento de probar tu coñito. No dije nada, solo abrí las piernas como pidiéndole que continuara. Me acarició el coño con los dedos y luego pasó la lengua cerca del clítoris y comenzó a chuparlo, sabe lo que hace. Me abrió los labios vaginales y comenzó a mamar. Yo comencé a gemir, me encanta como lo hacía así de rico. Su lengua recorrió toda mi vagina y comenzaba a penetrarme con la lengua. Yo gemía como una loca y volvió a chupar mi clítoris mientras metía uno de sus dedos en mi vagina alcanzando mi punto G. mi orgasmo no se hizo esperar y él chupó mis jugos, bañé su cara con ellos y él me limpió toda la vulva con la lengua. Se acostó a mi lado y me pidió que lo montara. Lo hice gustosa, me coloqué de cuclillas y poco a poco comencé a meter su verga en mí coño. Comencé a moverme en círculos apretando su verga con mi vagina. Comencé a mover mis caderas en un vaivén hacia adelante y hacia atrás. Mis movimientos comenzaron a acelerarse llegando a otro orgasmo. Tomó mis caderas y comenzó a subirme y bajarme a lo largo de su verga. Entendí lo que quería y comencé a saltar como una loca sobre su verga una y otra vez hasta sentir que sus bolas chocaban con mis nalgas. El gemía y eso me excitaba más. Seguimos así un largo rato, de vez en cuando se incorporaba para chuparme los pezones, agarrarme las nalgas, todo esto hasta correrme de nuevo arañando su pecho cosa que le encantó. Me besó con intensidad, el aún no ha terminado. Me cargó y me llevó hasta una ventana. Mis manos se apoyaron en el vidrio poniéndome de espaldas a él. Me inclinó hacia adelante para parar mi culito, y me dijo― ¿Dónde quieres tu leche? ― ¡En mi coño! ―le respondí digo abriendo mis nalgas con una mano y con la otra acariciándome el clítoris. El entendió que le quería dar el culo. Bajó la cabeza y me besó el culo, metió su lengua y luego un dedo, lo quería dilatar. Luego me penetró de un solo golpe hasta lo más profundo, y dijo ― Te voy a llenar de leche ese culo. Comenzó a penetrarme como un animal tomándome de las caderas. Jalando mi cabello me besaba la espalda de vez en cuando. Sus embestidas son fuertes y gimo de placer, me encanta sentirme dominada. Mis gemidos llegan a ser gritos, me muevo con él y entre gemidos le digo― ¡Así así dame duro duro, duro! ―Continuamos así y siento que estoy a punto de venirme y él me dice― Ya casi tendrás tu leche en el culo. Nuestros orgasmos se sincronizaron y pude sentir como su semen caliente llenaba todo mi culo hasta escurrirse por mis piernas. Giré la cara, nos besamos, me tomó de la mano y me llevó a la cama. Nos acostamos, apoyé mi cabeza sobre su pecho. No dijo nada, solo me acarició con ternura y nos quedamos dormidos. Al despertarme no estaba en la cama, estaba desnudo en el sofá con una taza de café, su verga aun sin estar erecta es grande. Me ofreció café y acepté. Nos besamos y acariciamos. Pasamos al baño y ahí volvimos a tener sexo. Nos vestimos sin decir nada, lo que había pasado es algo que no se podía explicar. Al llegar el jeep, fuimos a buscar mi auto. En el camino me dijo que quería estar conmigo otra vez, y le prometí que cuando él estuviera de guardia en la cabaña lo visitaría para pasar la noche. Otro relato ... Poco a poco, cada vez hay más relatos porque poco a poco os vais animando a escribirlos y a enviarlos para compartirlos. A lo mejor, tienes cosas que contar y que te apetece compartir, pues este es el sitio. Si lo deseáis, puedes enviar tu relato a la dirección que figura en este enlace enviar relatos prohibidosY si lo que quieres es copiar algún relato y compartirlo en tu sitio, o en otro, no olvides copiar y pegar también el enlace de donde lo has obtenido. y el nombre del autor, no cuesta nada y es de justicia.Y si estás interesado en adquirir esta página, debes de saber que está en venta. Si tienes interés, puedes contactar con nosotros aquí. |
|