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La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Bien follada
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Mi amado esposo me había hecho la promesa de  que traería a un extraño para que me cogiera delante de él. Como él me había pedido, me había vestido con tacones altos, medias de seda y una tanga muy pequeña por lo demás, estaba desnuda, excepto por unas gotas de mi perfume favorito.

Sonó el timbre y oí a Víctor abriendo y hablando con otro hombre. Entonces mi marido entró en la habitación y me ordenó que no me girara cuando alguien más entrara en la habitación, luego se sentó en una silla.

Oí pasos detrás de mí, pero obedecí y me quedé mirando a los ojos de Víctor. El desconocido me ató sobre los ojos una bufanda oscura y sedosa para que no pudiera ver. Entonces sentí que me estaba fijando algo alrededor del cuello se me estaba, era un collar. Luego sentí un suave toque con una mano en la mejilla y que luego siguió rozando hacia abajo, sobre mis pezones y sobre mi barriga. Después me arrancó la tanga dejándome completamente expuesta y vulnerable.

Noté un dedo en mi liso y afeitado montículo púbico que moviéndose lentamente, en círculos cada vez más amplios, alcanzó mi coño, acariciando los labios de mi vulva. Mi marido entonces me ordenó que me tocara el coño mientras ellos miraban.

Abrí las piernas un poco y empujando la pelvis hacia adelante, mis dedos tocaron los labios de mi coño. Me sorprendí de lo mojada que estaba y deslicé el dedo corazón dentro de mi abertura hinchada. Comencé a meterlo y sacarlo y me sentí increíble... Pronto empecé a usar dos y luego tres, usé el pulgar para frotar el clítoris y noté como que estaba a punto de tener un orgasmo para mis espectadores. Gemí y mis piernas temblaban al sentir una descarga eléctrica corriendo por todo mi cuerpo. Me chupé los dedos para probar mis propios jugos, pero la voz de mi marido me ordenó arrodillarme. Luego volvió a hablarme, diciéndome que alargara mi mano y le sujetara la polla. Obedecí y al tomarla con las manos noté que era enorme. Me preguntaba si era real ya que apenas podía enroscar mi mano alrededor de la circunferencia y apenas podía sentir la longitud. Pero si la dureza y que el desconocido tenía las pelotas apretadas y grandes. Usé ambas manos para hacer un movimiento de paja y oí la voz de mi nuevo amante, sólo se quejaba y gemía, pero creí que lo conocía. Deseaba quitarme la venda de los ojos para poder ver su gigantesca polla. De repente, una gigantesca polla me acarició la boca. La abrí lo más que pude y sentí a aquel monstruo enorme tratando de entrar entre mis labios rojos brillantes. Me llenaba la boca tanto tamaño, mi mandíbula casi me dolía. Sabía que no podía meterme muy profunda esa cosa tan grande, así que traté de chuparla lo mejor que pude y hubo otro gemido pero más fuerte. Entonces, de repente se vino. El primer chorro golpeó mi garganta con fuerza y luego hubo otros. Apenas podía tragar antes de que un nuevo estallido de semen inundara mi boca. Luego, cuando se separó un poco de mi boca pude recuperar el aliento y la compostura, pero con mi boca aún llena de semen espeso y salado.

Mi marido me ordenó que me levantara y me puse en pie con dificultad y me tiraron del cuello guiándome hacía la cama. Entonces Víctor me ordenó que me agachara. Abrí las piernas y me incliné hacia adelante, apoyándome con las manos sobre la cama. Creí que me iban a joder, pero no fue así. Un par de manos tocaron mi trasero y me abrieron las nalgas. Estaba empezando a sentirme asustada porque un dedo sondeó mi ano. No me resistí. Me sacaron el dedo, para mi alivio, pero luego me metieron algo más en mi ano que estaba muy apretado. Grité por un dolor repentino; pero el tapón anal entró completamente y quedó allí, profundamente enterrado y llenando mí pobre ano dolorido. Traté de relajar los músculos anales y después de unos momentos me acostumbré a esta sensación. Entonces una mano me golpeó en las nalgas. Grité, pero otra bofetada continuó el castigo. Más bofetadas, haciéndome daño. Apreté los dientes; otro golpe me golpeó. Una y otra vez esa mano golpeó mis nalgas. Las lágrimas empezaban a salir de entre mis ojos, pero yo estaba decidida a no ceder. Las bofetadas en las nalgas cesaron y noté como mi trasero hormigueaba.

Con un movimiento firme me retiraron el tapón anal, ahora también me dolía el ano. La otra voz me ordenó que me pusiera a cuatro patas en la cama. Yo estaba rezando para que no me jodieran por el culo, especialmente no con esa polla enorme. Pero la noté, golpeando mis doloridas nalgas; estaba completamente dura y tiesa. Pero inesperadamente, aquella polla se movió entre mis piernas hasta los labios de mi coño que apretó un poco y se abrió como una flor. Jadeé cuando la polla entró en mí; pero no fue desagradable y pude sentir que estaba muy mojada y cachonda a pesar del castigo. Poco a poco, centímetro a centímetro fue empujando dentro de mí la polla y separé las rodillas, esperando que esto ampliara el paso. Eso ayudó un poco y pudo meterme toda la polla todo lo adentro que  su largo podía. Mi vientre se sintió invadido y mi coño se estiró al máximo de su capacidad.

Permanecí quieta una vez que estuvo dentro. Luego, sus manos me quitaron la venda de los ojos y miré a mi marido. La mano de Víctor sostenía su pene erecto, con los pantalones bajados. Oí una risa detrás de mí y entonces ya supe quién era, nuestro vecino negro, Phil.

Pero no era el momento de hablar, ya que su monstruosa negra polla estaba empezando a follarme. Se estaba tomando todo su tiempo y me sentí orgullosa de poder soportarlo todo. Mientas, mi marido se estaba masturbando y yo grité en éxtasis cuando lo vi venirse, con su espeso chorro saliendo de su polla.

Mientas nuestro vecino me follaba, yo gemía, maldecía, suspiraba, jadeaba y sudaba queriendo que me llenara todo el cuerpo con su dura polla. De repente no pude contenerme y grité de placer en pleno éxtasis. Todo mi cuerpo tembló cuando mi vagina se tensó, comprimió, y luego se abrió. Mis jugos fueron brotaron inundándome la vagina y saliendo a chorros resbalando por la polla del vecino. Yo estaba teniendo un orgasmo tan intenso, que mi coño parecía estar fuera de control. Luego me vine una y otra vez y nuestro vecino seguía metiendo y sacando. Unos segundos más tarde, este negro bastardo no pudo contenerse, sacó la enorme polla y me roció su semen en las nalgas de mi culo dolorido.

Después, Phil se levantó y salió de la habitación. Me quedé a cuatro patas como una perra sumisa y miré a mi marido que se acercó a mí y me besó los labios mojados.

Oímos que nuestro vecino se estaba vistiendo en el pasillo. Luego nos dio las gracias y se fue.

Me arrastré hasta el borde de la cama y abrí mis piernas para Víctor que miró mi coño estirado, con los labios externos muy hinchados. Después, me levanté y fui al baño y allí me quité el collar.

Mi pelo era un desastre; mi maquillaje estaba extendido por toda la cara, tenía manchas de semen en el mentón y las mejillas; mis nalgas estaban rojas y doloridas. Y mi coño estaba realmente abierto. Me toqué los labios hinchados y gemí. Había estado realmente muy bien y estaba realmente muy bien follada, pero mi coño quería más. Metí los dedos en la humedad de mi coño y lloré con otro orgasmo brutal.

Cuando salí del baño me acosté en la cama, con las piernas separadas y las rodillas levantadas. Yo quería más y le rogué a Víctor que me cogiera. Mi marido estaba entre mis piernas y su polla entraba en mi coño muy fácilmente. Sentía como si apenas tocara los lados. Apreté los músculos del coño con todas mis fuerzas y traté de apretar la polla de Víctor, pero todo estaba demasiado resbaladizo. Mientras él entraba dentro de mi coño bien follado, yo volví a venirme con un fuerte grito.

Esa noche estaba inquieta en la cama y estuve mucho tiempo despierta fantaseando con una enorme polla negra. Rodé sobre la cama de lado a lado; mis manos se fueron a mis tetas y luego a mi clítoris que estaba duro y erguido. Me quejé suavemente pero suficiente para despertar a Víctor, que vio lo que estaba haciendo. Luego me puse a horcajadas sobre sus muslos y pude sentir que su polla se ponía dura. Con una mano la guié hacia mi coño empapado y me senté sobre él, con su bonita y gruesa polla enterrada en lo más profundo de mí. Tenía una mano en las tetas y la otra frotando mi clítoris. Mis jugos fluían y empecé a rebotar de arriba a abajo en la polla de mi amado esposo. De repente levanté mi cuerpo y me vine, separando los labios de mi coño. Mis jugos calientes cayeron sobre la barriga de Víctor. Luego caí sobre su pecho, totalmente exhausta.

Pero luego me oí a mí misma diciendo― Por favor, cariño, vuelve a llamar a nuestro vecino negro otra vez.

Ana y Víctor

Otro relato...




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