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La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Casada a la caza
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Antes de nada, déjenme empezar contando algo sobre mí. Soy una mujer casada, a punto de cumplir alguno más de cincuenta pero me mantengo en forma; descalza mido alrededor del metro setenta centímetros, tengo media melena de color castaño, buena figura, tetas de un tamaño adecuado todavía firmes, y ojos verdes. Me gusta hacer deporte y soy una asidua jugadora de tenis y ávida corredora. Me considero una dama en la calle y una zorra entre las sábanas.

Llevo casada casi treinta años, y francamente, mi vida sexual se ha vuelto rancia, aburrida, casi inexistente. Con mi marido follo, quizás dos veces al mes, pero es pura rutina y él ya no me atrae nada.

Llevo ya muchos años trabajando en la universidad en el trato directo con el alumnado y he desarrollado una gran afición por los hombres más jóvenes. He estado bastantes tardes en mi oficina, con las bragas empapadas, después de pasar unas horas, con un joven estudiante de recién ingresado, intentando solucionar su problema. Antes de nada, quiero dejar muy claro que siempre me abstuve de actuar según mis deseos carnales, debido a la posibilidad de perder mi trabajo; pero permítanme decirles que años y años de tentaciones, día tras día, ciertamente me han afectado y se han hecho realidad, esta es la historia que les voy a contar.

Una tarde de verano, hace ya unos años, estaba descansando en el jardín trasero de mi casa, junto a la piscina, tomando algo de sol, llevaba un bikini y un sombrero y gafas oscuras para el sol, algunas lecturas, simplemente estaba disfrutando el día. Mi esposo, mientras tanto, jugaba al golf con sus amigos; él es un ávido jugador de golf y pasa más tiempo en el golf que conmigo. Estaba dando sorbos de mi granizado de limón mientras leía un poco interesante libro cuando escuché risas y gritos en el jardín de al lado. Por las voces que oí, podía decir que era el hijo de nuestro vecino y probablemente algunos de sus amigos que jugaban en el jardín trasero. Sabía que nuestros vecinos, su mamá y su papá, estaban de viaje fuera de la ciudad, por lo que probablemente estaba haciendo una fiesta o algo así. Su nombre es Andrés y de aquella era un estudiante de primer año en la universidad de la que les he hablado. Solo pensar el eso se me hizo agua la boca, este chico era un espécimen físicamente perfecto, y si lo hubiera querido, le hubiera ayudado en lo que hubiera pedido, le hubiera dado algún consejo.

Mientras estaba acostada pensando en eso, me toqué el coño, través del fino material de mi traje de baño, y noté que estaba húmedo. Lo siguiente que pasó fue que un balón de fútbol voló a través de la cerca y aterrizó en mi piscina. Después apareció la cara de Andrés por encima del vallado que también se sobresalta al verme.

—¡Oh! Lo siento, señora Martínez, no pretendía asustarla, solo estábamos jugando al balón y se nos escapó.

Le sonreí y me levanté para sacar el balón de la piscina y devolvérselo, lo cogí y fui hacia la cerca para entregárselo. El hijo de mis vecinos, Andrés, mide más del metro ochenta centímetros, su abundante cabello es castaño y sus ojos marrones y profundos. Su cuerpo parece haber sido cincelado en granito, y no estoy segura de qué me pasó, pero cuando le devolví la pelota, dije: —Ustedes, muchachos, se ven sudorosos y acalorados, siéntanse libres de venir y darse un baño en mi piscina, y refrescarse si gustan".
—No, no, señora Martínez, no nos gustaría interrumpirla, parece que está teniendo una agradable y tranquila tarde.

—Andrés no sea tonto, en realidad estoy un poco aburrida y me gustaría tener algo de compañía; si os apetece, podría preparar algunos refrescos y bocadillos, y podréis venir a mi piscina y me entretenéis.

Le dediqué una especie de sonrisa maliciosa mientras me giraba y le miraba por encima del hombro. Parecía un poco incómodo, pero miró hacia atrás y le dijo a sus amigos—¿Hey, chicos queréis ir a nadar?

Pronto pude ver a los otros dos, uno era otro joven blanco con cabello rubio corto y una constitución robusta; y un chico negro más alto, con una constitución robusta y tan dura como una roca, como Andrés. Me miraron y con sonrisas en sus caras dijeron—Por supuesto.

Se acercaron y se reunieron conmigo en el jardín, al lado de la piscina. Les dije que se acomodaran y que se dieran un chapuzón, que les prepararía algunas bebidas y unos bocadillos. Ninguno de ellos llevaba bañador, todos llevaban pantalones cortos de deporte y al preguntarme si podían usarlos y les dije que no había ningún problema.

Cuando regresé de la cocina, con refrescos y algunos bocadillos, ya estaban en la piscina chapoteando y con sus cuerpos musculosos brillando al sol. Me senté al borde mirándolos de arriba abajo como un puma hambriento, que es exactamente lo que era. Podía sentir mi coño palpitando, decidí que realmente necesitaba refrescarme, así que salté a la piscina con ellos y cuando en la cabeza para refrescarla no pude evitar mirar sus jóvenes protuberancias en el delgado material de sus pantalones cortos. Subí para tomar aire y noté como había una energía o tensión indefinida en el aire. Chapoteamos en la piscina durante un tiempo e hice todo lo posible para hacer un contacto que resultara amistoso. Después de un rato, nadé hacia la escalerilla y salí de la piscina. Claramente pude sentir tres pares de ojos mirándome el culo mientras subía los escalones para coger la toalla. Me di la vuelta y los vi a todos desviar la mirada rápidamente y discretamente me reí para mis adentros, se estaba poniendo divertido.

Después, un rato más tarde, los tres salieron de la piscina a tomar un bocadillo; y sus pantalones cortos empapados se aferraban en sus bultos.

Tuvimos una pequeña charla y Andrés me preguntó dónde estaba el señor Martínez. le dije que no lo esperaba en casa hasta dentro de bastante tiempo. En ese momento, José, el chico más bajo y más robusto, recibió un mensaje de texto en su teléfono y, después de mirarlo dijo— ¡Oh! Lo siento, me tengo que ir, Sara quiere que la lleve de compras al centro.

Los otros dos le reprocharon que siempre hiciera lo que quería su novia, y él dócilmente lo admitió.

—El poder de las tetas, muchachos —les dije sonriendo con un ronroneo.

José, de repente, parecía que ya no estaba tan seguro de querer ir con su novia, pero recogió sus cosas de mala gana y se fue.

Después, Andrés dijo— Bueno, muchas gracias, señora. Martínez, por dejarnos ir a nadar en su piscina, probablemente deberíamos irno para que pueda disfrutar el resto del día en paz y tranquilidad.

—Tonterías —le dije— ¡La fiesta acaba de empezar! — y me lancé de vuelta a la piscina.

No pudieron evitarlo y me siguieron. Comencé a ser poco más audaz cada vez. Nadé hasta el extremo menos profundo de la piscina, agarré el protector solar y comencé a aplicármelo sobre los brazos, hombros y pechos mientras ellos miraban.

—¿Andrés, te importaría ponerme algo de esto en la espalda, por favor?

Los trucos más antiguos en el manual de conquista siguen siendo válidos. Pero cuando comenzó a frotarme la espalda con la loción en sus manos fuertes, casi me derrito. Entonces volvía tomar el frasco y le dije—párate, déjame hacerte ahora.

Mientras lo frotaba con bronceador extendiéndoselo, le dije que recordaba cuando se mudaron, hacía unos cinco años, y que me había dado cuenta de que cuando creciera iba a ser un conquistador.

—Apuesto a que tienes un buen palo para darle a tus chicas —se rió con nerviosismo y continué—Tu amigo también es bello ¡Damián! Ven aquí y déjame ponerte bronceador también,

—No, señora Martínez, yo estoy bien.

—Solo porque tengas la piel oscura no significa que no puedas quemarte, el sol no distingue.

No hizo ningún movimiento, así que me dirigí hacia él, le puse un poco de crema en la espalda, luego le di la vuelta y le acaricié los pectorales y los poderosos abdominales. Fue el momento y no sé qué me pasó, pero metí las manos bajo el agua y empecé a frotar su entrepierna. El chico saltó un poco, pero le dije— Cálmate, Damián ¿Es qué no sabes lo sexy que eres?

Trató de tartamudear una respuesta, pero solo asintió torpemente con la cabeza. Entonces miré a Andrés que tenía una mirada total de cachondo. Esa fue una oportunidad para que yo pudiera hacer realidad algunas de mis fantasías, así que agarré a Damián de la mano y empecé a salir de la piscina.

—¿Vamos, muchachos, por qué no nos sentamos en la glorieta un tiempo? —dije.

Agarré la mano de Andrés con mi mano libre cuando pasé junto a él y salimos de la piscina los tres juntos. Los guié hacia el mirador y me senté haciéndoles sentarse a ellos un a cada lado de mí; pasando mis piernas a través de las piernas de Damián y apoyando mi cabeza contra el pecho de Andrés.

—¿Ustedes piensan que esta madurita es atractiva?

Y rápidamente respondieron con cosas como que eran como —¡Oh, sí! sí, definitivamente eres una milf ardiente—y así sucesivamente. Les pregunté si alguna vez habían estado con una chica o una mujer antes. Por supuesto que dijeron que sí, y les pregunté si alguna vez habían estado con una mujer lo suficientemente mayor como para ser su madre y entonces dijeron que no.

—Chicos, ha pasado tanto tiempo... —comencé a decir pero me detuve girando la cabeza hacia Andrés y lo besé largo y profundo. Sentí la humedad entre mis piernas al instante; Andrés estaba acariciándome por todo el cuerpo y palpándome los pechos; y Damián comenzó a frotarme las piernas hacia arriba y hacia abajo, con cada golpe ascendiendo más por mi muslo interno, cada vez más cerca de mi palpitante vagina. Me estremecí y continué besando a Andrés cuando separé mis piernas para que Damián pudiera llegar más lejos. Y no pasó mucho tiempo antes de que me frotara la raja y el clítoris a través de mi traje de baño. Luego lo apartó a un lado e insertó un dedo dentro de mí, empapándose con mí humedad, luego fueron dos dedos. Dejé escapar un profundo gemido. y me acerqué a la inquietante y abultada protuberancia en los pantalones cortos mojados de Andrés. Comencé frotando lo que parecía ser la polla más grande que jamás hubiera visto. Le bajé la parte delantera de sus pantalones cortos, y saltó, y casi me dio en la cara. No pude evitar soltar un— ¡Guau! —Y al instante tuve que meterlo en mi boca. Me acerqué a él sin piedad, babeando sobre aquella polla que tenía más de veinte centímetros de largo. y tan gruesa como mi muñeca. Me di la vuelta para obtener el mejor ángulo de su polla y quedando con mi culo apuntando directamente a Damián que acarició mi culo firme y me quitó el bañador para comenzar a follarme con los dedos por detrás.

Yo ya estaba en éxtasis y no pude evitar gemir por la polla dura de Andrés en mi boca, mientras los dedos de Damián hacían sonidos húmedos mientras entraban y salían de mi coño caliente y húmedo. Yo estaba concentrada con mi trabajo en la polla de Andrés que no me di cuenta de que Damián se había quitado los pantalones. Lo siguiente que sé es que hundió su gran polla negra en mi pequeño coño blanco de mujer casada. Dejé escapar un fuerte gemido que probablemente podría haberse escuchado en toda la cuadra.

No hice me moví pero protesté—¡Damián! no dije que pudieras hacer eso.

—Señora Martínez, creo que es esto lo que quiere —dijo—¿Verdad?

Yo solo gemí y susurré—¡Sí!

Una de mis fantasías era que un hombre negro me tomaba y me hacía suya ¡y me estaba pasando!

Su gran polla negra entraba dentro de mí y llegaba a lugares donde nunca me habían llegado. Me convertí en una muñeca de trapo temblorosa cuando un orgasmo masivo me estremeció todo mi cuerpo. Pero todo ese tiempo seguí mamando y chupando la enorme herramienta de Andrés que gruñendo a través de los dientes, pedía follarme él también. Yo también lo quería y sacándome la polla de Damián como un émbolo, me giré y presenté mi coño hinchado a Andrés. Así que ahora estaba cara a cara con la gran polla negra de Damián, que probablemente era unos dos o tres centímetros más larga que la de Andrés, pero no tan gorda. La engullí y probé mi corrida cremosa en su polla, y sentí como Andrés me abría de par en par cuando me la metió. Volví a gritar y Andrés comenzó a moverse lentamente, pero luego aumentó su ritmo hasta convertirse en furia, golpeando mi pequeño conejito hasta que volví a correrme en un gran orgasmo. Tan emocionado como estaba que no duró mucho más y, de repente, entró en erupción, y pude sentir su polla pulsando ráfaga tras ráfaga de joven semen en lo más profundo de mí. Estaba mamando la gran polla de Damián con furia y él tampoco pudo durar mucho más y gritó— ¡Señora. ¡Martínez! —cuando soltó su carga sobre mi cara y mis tetas. Engullí todo lo que pude, mientras que el resto simplemente goteaba por mi cuerpo.

Estaba agotada, y satisfecha por primera vez en demasiados años. Me recosté sobre el banco del mirador con una sonrisa estúpida en mi cara mientras mis ojos se cerraban. Un minuto más tarde oí que se abría la puerta del garaje, mi esposo ya estaba en casa.

—¡Oh! mierda —Andrés tartamudeaba mientras tropezaba poniéndose los pantalones cortos. Ambos tenían una expresión nerviosa y asustada en la cara. Yo simplemente me reí, incluso con la idea de que me atraparan, estaba disfrutando el momento.

—¡Gracias por todo¡ Han sido momentos muy divertidos ¡Hagámoslo de nuevo alguna otra vez!

—Si, si, seguro que si — tartamudeaban mientras corrían por el jardín y saltaban la cerca de regreso al jardín de la casa de Andrés.

Finalmente me levanté y me lancé a la piscina para enjuagarme. Podían ver los goterones de las semillas de Damián y Andrés flotando arremolinados en la piscina. Yo, simplemente me reía entre dientes; había sido fiel a mi esposo durante casi treinta años hasta hoy y ahora sé lo mucho que me he estado perdiendo. Ahora tengo algo  que hacer, un nuevo pasatiempo y no voy a perderme más diversión como esta. Hasta la próxima vez.

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