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La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Especialidad del café
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Mi taza de café estaba casi vacía cuando ella entró en el café. Era una atractiva rubia de unos cuarenta años, quizá cincuenta y pocos, muy bien vestida con falda negra, chaqueta y zapatos de tacones. Llevaba bien su figura y acerté a ver su amplio escote mientras observaba la sala casi vacía.

Me lanzó con una rápida sonrisa y se acercó al mostrador donde Tony la esperaba.

― Buenas noches, ¿qué desea? ―le preguntó con una sonrisa.

Ella miró nerviosamente a su alrededor y se detuvo un momento antes de hablar en voz baja― Algunas de mis amigas dicen que eres... delicioso ―dijo.

Tony se limitó a sonreír.

― Yo... lo quiero probar por mí misma ―murmuró ella mientras bajaba la mirada hacia sus zapatos― Sé que no debería... pero...

― No te preocupes, lo entiendo ―le aseguró Tony.

― Esperaba que no hubiera nadie más aquí a esta hora ―dijo ella mientras me miraba.

Le devolví la sonrisa, esperando llamar su atención. Era muy atractiva y parecía interesada en algo. El anillo de casada que llevaba en la mano no iba a disuadirme si estaba interesada.

Volvió a centrar su atención en Tony, se revolvió el pelo y le dedicó una gran sonrisa― Entonces, ¿crees que puedes satisfacer mi antojo? ―susurró― Llevo todo el día planeándolo.

Tony asintió con la cabeza y le devolvió la sonrisa― Claro, me encantaría ―dijo― Ven conmigo a la parte de atrás.

Me miró de nuevo antes de ir hasta el final del mostrador y seguir a Tony tras la puerta.

Mi curiosidad estaba a flor de piel. Miré la hora, ya había cerrado. Fui a la entrada y cerré la puerta con llave antes de dirigirme en silencio a la puerta que había detrás del mostrador. Me acerqué sigilosamente y pude oír voces al otro lado de la pared.

― Es muy grande ―decía― no sé... No debería.

― ¡Adelante! ―le instó Tony― Sabes que lo quieres.

Me acerqué lentamente a la puerta y me asomé por la esquina. La idea de que me pillaran mirando me ponía nervioso y me excitaba a la vez. El corazón me latía con fuerza al ver lo que tenía delante.

Tony estaba de pie frente a la mujer mientras ella se encaramaba a un taburete. Tenía ambas manos sobre él mientras abría la boca. Sacó la lengua y lamió la pequeña abertura antes de abrirla y metérsela. Pude oír el suave gemido que emitió al pasar por sus labios carnosos y entrar en su boca.

― Eso es ―la animó Tony― ¡Pruébalo!

Ella tenía mirada de éxtasis en su cara mientras lo introducía lentamente en su boca. De repente sus ojos se abrieron de par en par, sus mejillas se abultaron y crema blanca salió por las comisuras de sus labios. Grandes gotas resbalaron hasta su barbilla mientras se esforzaba por tragar. Apartó la boca, respiró entrecortadamente y se limpió las gotas de la barbilla y se lamió los dedos.

― ¡Qué rico! ―ronroneó antes de volver a llenarse la boca.

― Me alegro de que te guste ―respondió Tony.

Ella apartó la boca y miró a Tony con una sonrisa pícara― He terminado ―dijo― No aguanto más.

Tony se rio y le dio un puñado de servilletas. Ella se limpió la barbilla y la boca antes de limpiarse los dedos.

― ¡Oh, Dios! ―dijo con pesar― Si mi marido o las chicas de la oficina supieran que estoy haciendo esto se enfadarían mucho conmigo.

― No te preocupes ―dijo Tony con una sonrisa― No eres la primera que viene aquí al cierre.

― Ha sido, sinceramente, el mejor Bismark que he tomado nunca ―ronroneó ella― Eres un pastelero fabuloso.

― Gracias ―respondió Tony― Es mi best-seller.

Regresé silenciosamente y me volví hasta la puerta principal. Tras desbloquearla, regresé a mi sitio justo cuando Tony y la rubia regresaban a la sala. Tony me sonrió― Gracias por vigilar ―dijo con un gesto de la mano― Yo invito el café de mañana.

― No hay problema ―respondí.

La rubia se alisó la falda y me sonrió tímidamente mientras le daba las gracias a Tony y se dirigía a la puerta.

― Vuelve cuando quieras ―le dijo Tony mientras salía por la puerta.

MJ

Otro relato ...




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