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La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Hacer cambiar de opinión a Jessica
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Encendí la cámara, sonreí y dije― Hola, Internet, soy yo, René, otra vez. Se ha hablado mucho de mi primer vídeo. ¿Era real? ¿Le pagué? ¿Fingí y usé agua con azúcar? Pero puedo asegurar que fue real. No le pagué para que cambiara de opinión ¿Y cómo podría ocultar el agua con azúcar en mi cuerpo desnudo?

― De todos modos ―dije entonces mirando a donde sentada a mi lado, estaba Jessica, la encantadora rubia desgreñada. La señalé y dije― Quiero presentaros a Jessica! Saludad a Jessica.

― Hola ―dijo ella con una sonrisa incómoda en la cara.

Entonces volví a mirar a la cámara y continué― Jessica es en realidad la novia de uno de mis amigos, y ella como varios de vosotros ahí fuera, duda que hiciera cambiar de opinión a Sofía.

Jessica me miró fijamente con una mirada incómoda, antes de que yo continuara― Sí. Así que ella duda de que yo haya hecho cambiar de opinión a Sofía, no cree que pueda follarme a alguien tan bien que cambie de opinión. Así que, ¿sabes lo que eso significa?

La miré y sonreí, y ella suspiró y sacudió la cabeza hacia mí, antes de que mirara de nuevo a la cámara y dijera― Sí, después de un pequeño debate, ella ha accedido a aceptar el reto, y esta vez, si puedo follarla bien ¡Y me dejará correrme dentro de ella! Algo que Donato, su novio, nunca ha podido hacer. ¡Lo siento Donato! Pero de nuevo, esto es sólo un experimento, no es nada personal. Entonces habré ganado la apuesta, otra vez. Y ella estará de acuerdo, en dejarme ponerlo en internet, ¿verdad?

― Sí ―respondió ella con un suspiro de cansancio― Pero no va a suceder ―dijo entonces.

― ¿De verdad? ―respondí con una sonrisa. Entonces me giré, la miré, sonreí y le pregunté― ¿Lista?

― ¡Acabemos con esto! ―respondió, y me acerqué a ella, me incliné y presioné mis labios contra los suyos, y ella contra los míos, y comenzamos a besarnos.

Conozco a Jessica desde hace un par de años, desde que sale con mi compañero Donato, y sé que es bastante simpática, dispuesta a reírse, y por lo que Donato me ha contado en secreto, es muy excitante en la cama, así que estaba ansioso por descubrirlo por mí mismo.

Así que, una vez que empezamos a besarnos, con nuestros labios en contacto, nuestras lenguas explorando la boca del otro, llevé mi mano hacia su muslo y al hacerlo, noté su mano ir hacia la mía. Durante un minuto más o menos, la besé con avidez, mientras mi mano empezaba a acariciarle el muslo, suavemente hacia arriba y hacia abajo, y ella hacía lo mismo conmigo. Luego, llevé mi mano hacia arriba y encontré su suave y cálido coñito, y comencé a masajearlo por encima de sus vaqueros, y ella gimió suavemente en mi boca, antes de que su mano subiera y encontrara mi creciente bulto, y comenzara a hacer lo mismo conmigo. Durante un rato estuvimos sentados, besándonos y acariciando la entrepierna del otro, antes de separarme de sus labios, sonreír y bajarme de la cama.

Entonces, de pie frente a ella, me acerqué y empecé a desabrocharle los vaqueros, mientras ella seguía sentada mirando cómo lo hacía, antes de que se los desabrochara y empezara a bajárselos por su culo regordete y redondo, bajaron por sus muslos regordetes, y después de quitarle las zapatillas deportivas, le quité también los vaqueros.

Entonces la miré y vi sus bragas de algodón a rayas sobre un regordete y húmedo montículo, y ansiosamente me entre sus piernas, y bajé mi boca a su entrepierna. Ella gimió al sentir mi aliento caliente y húmedo en la parte delantera de sus bragas, y luego gimió un poco más cuando empecé a morder y a respirar con fuerza contra su coñito oculto.

Durante un minuto más o menos, la tenté frotando la boca sobre sus bragas y rozando su coñito, hasta que quise saborearlo de verdad. Así que cogí las bragas y empecé a bajárselas por el culo, y luego por los muslos, hasta que cayeron al suelo, y entonces, abriendo un poco más las piernas, miré su coño liso y suavecito, con un triángulo recortado de vello rubio encima.

― ¡Qué bonito! ―dije con una sonrisa, y ella se sonrojó y sonrió.

Entonces empujé mi cara en su húmedo y rosado coñito, y gimió suavemente cuando sintió mi lengua empezar a lamerle la raja. No tardó en gemir más, mientras yo pasaba mi lengua húmeda por todo su coño, jugando con sus pequeños labios y su clítoris, antes de pasar entre ellos y hurgar en su húmedo agujerito. Y mientras ponía en práctica mis mejores habilidades con la lengua, ella se agachó, metió su suave mano dentro de mis vaqueros, y encontró mi polla casi completamente dura, y comenzó a frotármela, mientras yo seguía lamiéndole el coño.

Durante unos minutos seguí lamiéndole el coño, mientras ella me masturbaba, hasta que decidí que necesitaba verla desnuda. Así que aparté mi boca de su húmedo coño, me arrodillé y empecé a desabrocharme los vaqueros. Su mano seguía dentro, sujetando mi polla, y en cuanto me hube desabrochado los pantalones, me la sacó, se inclinó y la metió con avidez en su dulce boca. Fue entonces mi turno para el placer, cuando sus labios se cerraron alrededor de mi pene, y luego comenzaron a deslizarse hacia arriba y hacia abajo, mientras me la chupaba.

Me sorprendió un poco lo ansiosa que parecía estar, pero no fui lo suficientemente estúpido como para decir nada, y simplemente me quede arrodillado entre sus piernas abiertas y regordetas, mientras ella se sentaba hacia adelante, chupándome la polla.

Jessica era buena. Sus labios subían y bajaban con fuerza por mi polla, babeándola toda mientras sujetaba por la base. Parecía ansiosa por hacer que me corriera, pero eso no iba a suceder, al menos todavía no. Así que después de un rato más, una vez que ella había chupado me había chupado la polla, incluso me había lamido las, saqué mi polla de su boca, la hice apoyarse en la cama, y luego me quité la camiseta listo para metérsela a ella. Jessica, también se quitó la camiseta, mostrando su cuerpo blanco y regordete, con un pecho de buen tamaño bajo un sujetador azul.

Liego me acerqué a ella, coloqué mi polla en la húmeda entrada de color rosa de su coño, y la penetré con facilidad. Mi polla pasó entre sus pequeños labios rosados, separándolos, y comenzó a gemir cuando empecé a llenarla con mi polla.

Mientras entraba, me incliné sobre ella y, cuando estaba a mitad de camino, empecé a balancearme suavemente hacia adelante y hacia atrás, haciendo que su respiración fuera más intensa. Luego, lenta y constantemente, empecé a retirar mi polla, antes de empujarla de nuevo, y luego otra vez, y otra vez, y Jessica empezó a gemir más fuerte.

― ¡Oh! ¡Oh! ―gimió mientras mi polla iba de un lado a otro dentro de ella.

Sonreí, gustando de los calientes gemidos, y feliz porque ella hacía por lo que le estaba haciendo. Antes de continuar, y durante los siguientes minutos me quedé encima de ella, metiendo y sacando mi polla de su coño. Entonces, mientras mi miembro se iba hacia adelante y hacia atrás en su húmedo agujero, apartando sus pequeños labios rosados, me incliné y la besé, y ella me devolvió el beso, antes de que comenzara a empujar dentro de ella más rápido y más fuerte.

Jessica gimió un poco más fuerte, antes de mirarme, asentir y decir― ¡Sí! ¡Fóllame así! ¡Fóllame así!

Continué empujando dentro de ella un poco más rápido y más fuerte, y luego ella se levantó y pasó las manos por la parte posterior de mi cuello, antes de que sus piernas se levantaran un poco alrededor de mi cintura, y comenzó a gemir más constante.

― ¡Oh, sí! ¡Oh, sí! ¡Oh sí! ―gimió una y otra vez.

― ¿Te gusta esto? ―le pregunté.

― ¡Si! ¡Si! ―gimió otra vez.

― ¿Quieres más? ―le pregunté.

― ¡Sí! ¡Sí! ―repitió.

Así que me eché hacia atrás, puse mis manos detrás de sus rodillas y tiré de sus piernas hacia su cabeza, y entonces, con ella casi doblada en dos, empecé a empujar dentro de ella con más fuerza, haciendo que mis pelotas golpearan su culo.

― ¡Oh, joder! ¡Oh, joder! ―jadeó cuando empecé a meter la polla con más fuerza y profundidad en su coño.

― ¿Es esto lo que querías, es esto? ―volví a preguntar.

― ¡Sí! ¡Sí! Sí ―gimió ― ¡Fóllame! ¡Fóllame! ¡Fóllame! ―gritó entonces.

Durante los siguientes calientes y sudorosos minutos, la penetré, follando su dulce y húmedo coño con fuerza y rapidez, y ella gimió y se quejó, suplicándome más.

Entonces, después de metérsela casi hasta las pelotas, una y otra vez, me retiré por completo y le ofrecí mi polla dura y húmeda. Levantando su cabeza, entre los tobillos, abrió la boca codiciosa, la apretó alrededor de mi polla y comenzó a chuparla.

― ¡Oh, joder, sí! ―exclamé antes de mirar a la cámara y decir― Tenías razón, Donato, tu novia es dinamita pura en la cama.

Entonces, después de que me chupara la polla un poco más, se la saqué de la boca, le solté las piernas y me tumbé en la cama a su lado. Ansiosamente, se sentó, y se puso a cuatro patas sobre mi cuerpo, antes de colocarse justo encima de mi polla, mirando a la cámara. Me quedé tumbado contemplando como su redondo culo bajaba y su pequeño y húmedo coño se deslizaba alrededor de mi miembro y lo hacía desaparecer dentro de ella.

Ambos dimos un pequeño gemido, mientras ella se hundía y no se detuvo hasta que estuvo casi completamente dentro, casi hasta la base. Y luego con casi todo mi interior, comenzó a levantarse y luego a bajar, y comenzó a montarme. Jessica se levantó y bajó encima de mí, deslizando su húmedo y caliente coño por mi miembro, y mientras lo hacía, me recosté y observé su redondo y regordete culo, botando frente a mí.

Durante los siguientes minutos cabalgó sobre mi polla de forma constante, gimiendo y respirando con dificultad, hasta que se inclinó hacia delante, puso sus manos sobre mis piernas y comenzó a levantar y dejar caer su húmedo coñito cada vez más rápido sobre mí.

― ¡Oh, sí! ¡Oh, sí! ¡Oh sí! ―gimió mientras lo hacía.

Continué contemplando cómo su redondo culo se levantaba y caía sobre mi entrepierna, y podría haber permanecido así durante el resto del día, pero después de unos minutos más, pareció quedarse sin fuerzas, y con un suspiro se detuvo, antes de apoyarse de nuevo contra mí, y frotó incansablemente su coño contra mi polla.

― ¿Te gusta mi polla? ―le pregunté.

― ¡Sí! ―respondió tímidamente antes de sonrojarse.

― ¿Te gusta que te machaque el coño? ―le pregunté.

― ¡Sí! ― dijo de nuevo, casi riéndose nerviosamente.

― ¡Bien entonces! ―dije, antes de inclinarme hacia delante y besarla, y ella me devolvió el beso.

Entonces, mientras nos besábamos, me acerqué, de nuevo puse mis manos detrás de sus rodillas, y se las levanté, y mientras lo hacía, empecé a meter la polla en su pequeño y húmedo coño. Gimió al instante con fuerza, levantó su boca de la mía y giró su cabeza hacia el techo, y seguí metiéndola dentro de ella.

Mi polla empujaba dentro de su agujero, y luego volvía a salir, apartando sus pequeños labios, y ella gemía una y otra vez cada vez que lo hacía.

― ¿Te gusta Jessica? ¿Te gusta eso? ―pregunté.

― ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ―gimió con fuerza.

Continué empujando dentro de ella, antes de preguntarle― ¿Quieres más?

― ¡Sí! ¡Sí! ¡Dame más! Dame toda tu polla ―gimió ella.

― ¿Lo quieres todo? ¿Lo quieres todo dentro de tu caliente y húmedo coño? ―le pregunté.

― ¡Sí! ¡Lléname! Lléname con tu polla ―gimió.

Así que continué follándola rápida y ansiosamente, y ella se recostó contra mi pecho, casi doblada en dos otra vez, gimiendo una y otra vez. Durante unos cuantos minutos permanecimos así, follando y haciendo que la cama chirriara un poco, hasta que decidí cambiar la posición de nuevo, y deteniéndome, hice que se pusiera de cara a la cámara, antes de arrodillarme y colocarme detrás de ella.

― ¿Estás lista para más? ―le pregunté.

― ¡Sí! ― respondió con entusiasmo.

Entonces coloqué mi polla contra su húmedo y caliente coño, y empujé dentro de ella. Ella gimió mientras la llenaba de nuevo con mi polla, antes de que me sujetara a su cintura, y entonces empecé a bombear constantemente dentro de ella. Jessica gimió suavemente mientras la follaba a cuatro patas, y sabía que la cámara estaba captando todas las imágenes de su cara mientras lo hacía. Entonces empecé a aumentar el ritmo y ella comenzó a gemir más fuerte y más expresiva.

― ¡Oh, sí! ¡Oh, sí! ¡Oh sí! ―gimió nuevamente.

― ¿Disfrutas de esto, Jessica? ―le pregunté.

― ¡Sí! ¡Sí! ―gimió.

― Porque te estoy follando muy bien, ¿verdad? ―le pregunté.

― ¡Si! ¡Si! Me estás follando muy bien ―contestó, y al instante miré a la cámara y sonreí.

Así que continué, y empecé a follarla más fuerte y más rápido, agarrado a su cadera y entrando con fuerza en ella, mientras mis bolas golpeaban contra su coño.

― ¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios! ¡Oh Dios! ―gimió una y otra vez, mientras se agarraba a las sábanas.

― ¿Te gusta que te machaque el coño? ―le pregunté.

― ¡Sí! ¡Sí! ―respondió de nuevo.

― ¿Quieres que siga? ―le pregunté.

― ¡Si! ¡Si! ¡Sigue! ¡Sigue! Quiero que sigas ―gimió desesperada.

― ¿Quieres que siga? ―le pregunté sin dejar de follarla.

― ¡Sí! ¡Sí! ―gritó ella.

― ¿Y qué pasa si necesito correrme? ―pregunté― ¿Debo seguir? ¿Seguir follando así, aunque tenga que correrme?

― Err... Err... ―murmuró ella, dudando claramente y sin saber qué responder.

― ¿Debería seguir follando contigo hasta que me corra? ―le pregunté metiendo y sacando mi polla de su cálido y húmedo coño.

― Err... ―balbuceó de nuevo.

― ¡Vamos Jessica, necesito una respuesta! ―le dije instándola a que se decidiera.

― ¿Debería seguir follándote hasta que me corra? ―le pregunté de nuevo.

― Err... ¡Sí! ¡Sí, sí! ¡Sí! Sigue follándome hasta que te corras. Pero sigue follándome ―gimió con fuerza.

Miré a la cámara y volví a sonreír, antes de continuar. Durante los siguientes minutos la follé tan fuerte y tan rápido como pude, ansioso por oírla gemir y ansioso por ganar el reto. Entonces, mientras mi polla se movía de un lado a otro dentro de ella, y mis pelotas golpeaban repetidamente contra los húmedos labios de su coño, sentí que mi excitación crecía rápidamente.

― ¡Aquí viene Jessica, no puedo aguantar más! ―exclamé excitado.

― ¡Sigue follando conmigo! ¡Sigue follándome! ―gritó ella.

Así lo hice, y mientras continuaba metiendo y sacando rápidamente mi polla de su húmedo y cálido agujero, sentí que mis pelotas se tensaban, sentí que mi semen comenzaba a surgir, y con un poderoso gemido, agarré fuertemente la cintura de Jessica, y comencé a explotar dentro de ella.

― ¡Oh Si! ¡Sí! ¡Sí! ―exclamé, mientras descargaba en el húmedo y desprotegido coño de mi amiga.

― ¡Oh Si! ¡Joder! ¡Sí! ― grité, mientras continuaba bombeando dentro y fuera de ella, y mi polla lanzaba mi semen dentro de ella.

Jessica comenzó a gemir en voz alta también, como ella me sentía llenando su coño con mi pegajoso caliente semen, y juntos gemimos y exclamamos en voz alta.

Entonces, después de varios segundos increíbles y felices, noté cómo mi polla empezaba a detenerse, y después de bombear en ella un par de veces más, empujé profundo y la mantuve allí, antes de inclinarme hacia adelante y presionar mi cuerpo sudoroso contra el suyo.

― ¡Oh, joder! la oí gemir, antes de que se dejara caer en la cama, conmigo tumbado encima y con mi polla reblandecida todavía dentro de su coño.

Durante un momento o dos estuvimos tumbados recuperando el aliento, antes de que mirara por encima de su hombro y preguntara― Entonces, ¿Te he hecho cambiar de opinión?

― Sí, me has hecho cambiar de opinión ― respondió antes de empezar a reírse.

Luego, después de un momento, saqué mi polla, húmeda y pegajosa de su coño, y luego me levanté para ir a los pies de la cama y quedarme sentado frente a la cámara. Luego palmeé la cama a mi lado, y con una profunda inspiración, Jessica se levantó, y se sentó a mi lado.

Entonces mire a la cámara y dije― Así que, por si no lo has visto, hice cambiar de opinión a Jessica, y me dejó correrme dentro de ella ¿No es así?

― Sí, lo hiciste ―respondió con un suspiro.

― ¡Sí, lo hice! ―celebré.

― Ahora, para que los que dudan puedan ver las pruebas por sí mismos ¿podrías mostrarle a Internet mi fluido? ―dije.

Y con un suspiro, Jessica se agachó, separó los labios de su pequeño y húmedo coño, y una blanca sustancia viscosa empezó a rezumar.

― ¡Ya está! Todo eso es mío ―dije con orgullo.

― Bueno, la mayor parte es mío y probablemente hay un poco de ella, pero principalmente, es todo mío. ―aclaré con entusiasmo― Y ahora, si no te importa decirlo ―dije mirando a Jessica y haciendo un gesto a la cámara al mismo tiempo.

Jessica suspiró, soltó los labios de su coño, y mirando a la cámara dijo― Me llamo Jessica, y René efectivamente me hizo cambiar de opinión, así que le doy permiso para publicar esto en internet para que todo el mundo vea la prueba.

― ¡Sí! ―exclamé triunfante.

Luego, mirando a Jessica de nuevo, le pregunté― ¿Entonces, quieres hacerlo de nuevo?

― ¡Donato te va a patear el culo! ―respondió ella.

― Con más razón, deberíamos aprovechar mientras podamos ―respondí.

Ella se rio y contestó― De acuerdo, pero no te vas a correr dentro de mí dos veces.

― Ya lo veremos ―respondí con una sonrisa, antes de apagar la cámara.

RTC

Hacer cambiar de opinión

René opina que se puede hacer cambiar de opinión a cualquier chica, sólo follándola. Esta es la narración de los experimentos realizados.

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