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La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Huber desea un nuevo encuentro
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Hace un tiempo,  cumpliendo el deseo a Marité,  relaté  la ocasión en que Claudio y yo acudimos a casa de Huber y Marité. 

Hace muy poco, Clau, recibió una llamada de ese hombre pidiendo encontrarse nuevamente. Pero poniendo la condición de que Clau debería ir acompañado por una chica. Huber deseaba tener un encuentro,  con Marité,  Clau y una amiga. Aclaró que recibirían una recompensa monetaria, que fijarían un arancel. Cuando Clau lo habló conmigo, me entristeció pero lo acepté y propuse que lo hablara con Belu.

Acordaron que Claudio y Belu tendrían un encuentro con Huber y su pareja, la hermosa pelirroja Marité. Más tarde, Clau, en la intimidad de nuestra casa me relató con detalles ese encuentro.

Comenzó diciendo así:

«Fuimos a bailar los cuatro como dos parejas de amigos y ocasionalmente, nos intercambiábamos de compañera de baile. Yo la miraba a los ojos y Marité luego de enfrentar nuestras pupilas, bajaba la vista al piso. Cuando la tome de la cintura deslicé las manos por sus caderas, una vez. Luego varias veces más y las bajé con la palma de la mano abierta,  rozando sus firmes y pequeñas nalgas, ella sonreía.

Belu, giraba frente a él. Tocando con su voluminoso  culo el sexo de Huber. Por momentos las chicas bailaban entre ellas rozándose los pechos, contoneando las caderas y agitando las traseros.

Acercando su boca a mi oído, Huber me dijo que quiere chupármela antes que coja a Marité. Me reí y le respondí que tengo para los dos.

Bebimos en la barra y brindamos por nuestro encuentro.

Ya en su hermosa casa, que ya conocía,  Marité y Belu pasaron juntas al baño. Nosotros esperamos en el living a, acomodados en sendos sillones.

Pasaron muchos minutos hasta su regreso pero valió la pena la espera. Marité apareció vestida únicamente con una larga prenda transparente, que permitía apreciar su desnudez. Los pezones oscuros de su pecho, su culo pequeño y muy blanco con glúteos bien separados por una franja oscura y profunda.  Su vulva  totalmente depilada pasaba desapercibida bajo la prenda suelta que hacía de cortina. Con el cabello rojo recogido y exquisitamente perfumada. Belu se había ataviado para este encuentro con un babydool rojo, muy corto y sus grandes pechos apenas eran  contenidos siendo una invitación al placer. Aunque es más bajita que Marité, tiene bonitas piernas.  La prenda apenas cubría parte de su carnosa y bien marcada vulva. Su generoso culo era visible hasta la mitad de las nalgas. También olía muy bien. Ambas sonreían y se movían ante nosotros como en una pasarela. Marité con su boca amplia de labios finos, enseñando su blanca dentadura.  Belu. Con su carita redondeada, boca mediana y labios carnosos. Por momentos nos enseñaba la punta de la lengua.

Huber sugirió que debíamos ducharnos  bien antes de tocar a las chicas. Me pareció muy buena ocurrencia y acepté. Nos metimos al baño. Una ducha tibia bajando por mis pelotas me excitó bastante.

Huber, tomé mi miembro entre sus manos  me lo enjabono prolijamente. Eso hizo que me provocará una erección.  Y lo metió a su boca, lo succionó con tanta maestría que debí controlarme mucho para no derramarme en él.

Lo hice poner de pie, pasé el jabón por su cuello y espalda y cuando llegue a su trasero, lo hice inclinarse había adelante y ayudando con mi mano enjabonada inserte un dedo en su ano. El reaccionó con un suspiro. Lo saqué, y lo metí, así tres o cuatro veces. Luego dos dedos y los moví haciendo círculos. Mientras, él se masturbaba frenéticamente.

Salimos del baño con toallas sujetas a la cintura ocultando nuestros miembros. Las chicas se habían retirado al dormitorio y estaban gozando de un 69 lésbico ignorando por completo nuestra presencia.

Huber volteó la cabeza para mirarme y dejó caer la toalla. Estaba con el pene erecto y se abalanzó sobre Belu que en ese momento estaba sobre Marité. Separo las lindas nalgas de mi amiga y hundió  su cara entre ellas para lamerle el ano. Había quedado de espaldas hacia mi e inclinado sobre Belu. Aproveche a pincelar mi verga en su raja. Sabía que lo disfrutaría.

Cuando las chicas se separaron de su 69, tenían las vulvas hinchadas y muy mojadas.

Marité, que estaba boca arriba, levantó los brazos abiertos en gesto de abrazarme. Me dejé caer sobre su cuerpo caliente con la  verga muy dura presionando sobre su depilado montículo y las bolas rozaban los labios exteriores de su sexo. Huber intentaba poner en cuatro a Belu para penetrarle el culo.

Fui besando el cuerpo de Marité, desde el vientre hasta la boca, cuello y orejas. Ella también iba bajando con dulces besos hasta llegar a tragarse la cabeza de mi miembro y atragantarse, metiendo todo el largo en su boca. Se le escapaba saliva por las comisuras de la boca pero cesó hasta sentir que yo eyaculaba. Se retiró con las sábanas el excedente de semen que asomaban entre sus labios

Me recupere en unos minutos y fui acomodando mi cuerpo sobre el suyo hasta tener enfrentado nuevamente el falo a su sexo. Paseé las manos por debajo de su cola y con los dedos que podía mover jugaba a penetrar su ano. Mientras mi glande, ya durito se abría paso en su túnel del amor.  Marité gozaba y gemía y Belu fingía gozar y gemir. La conozco.

Marité, parecía gozar mucho cada embestida que le daba. Su vagina bien abierta, hinchadita y caliente me motivaba a darle con mucha fuerza. A mandarle al fondo todos los centímetros de mi verga. Por momentos sentía el cuerpo de Huber apoyándose en mí, no sé con qué propósito. Yo no podía parar, y Marité movía la cabeza hacia todos lados y la sentía estremecerse con las oleadas de sus orgasmos.

Mi cuerpo se puso rígido y no pude evitar verter mi semen muy profundamente en su cáliz. Por un momento permanecimos quietos aun teniéndola ensartada.

Cuando decayó mi erección, ella se liberó de mi abrazo y fue al baño. Me puse de pie y mi falo dejaba caer gotas de líquido al piso. Sobre la alfombra blanca,  Belu y Huber, disfrutaban un 69.

Marité, asomando en la puerta del baño,  me llamó por gestos. Fui con ella y me tomo del pene aun flácido, me lo aseó en el lavatorio.  Luego poniéndose de espaldas entre mis brazos, condujo mis manos hasta colocarlas sobre sus duritas y exquisitas tetas pequeñas. Mi verga comenzó a levantarse nuevamente debido al estímulo de tocar sus pezones y de su cola rozando mi sexo.

Cuando noté la verga ya dura, le apreté los pezones con los dedos. Se le pusieron muy duros, emitió un chillido bajito y me empujó con su cola. El glande ya hinchado con su forma de sombrerito estaba entre sus nalgas abriéndolas un poco. Ella tomo un poco de jabón de manos del lavatorio y untando su mano la llevo hacia atrás para untarme la verga. Sin mediar palabras, ambos ya sabíamos lo que deseábamos que pasase.

La hice apoyar el vientre sobre la pileta, quedando  parada en punta de pie para lograr llegar a apoyarse bien con su culito apuntando hacia mí. Y yo dirigiendo con una mano la verga que apoyaba la cabeza en su puerta pequeña.  Con el brazo izquierdo la sostenía un poco por la barriga. Cuando le presioné el ano, dio un leve saltito y se aferró a la grifería.

Luego que el glande venciera la resistencia del primer y segundo esfínteres anal, comenzó el goce para ella. Cuando le llegó un orgasmo se le aflojaron las piernas quedando únicamente sostenida por mi brazo y la verga ensartada en su intestino.

Tomó compostura nuevamente, ya tenía el ano dilatado a todo el grosor de mi falo que la sometía sin cesar. Mi movimiento de meter y sacar se incrementó.  Marité no reaccionaba a mis embestidas. Aferrada a la grifería dejaba escapar de entre sus labios una leve queja que yo interpretaba que  era de disfrute anal.

Mi tensión sexual había crecido tanto que ya no podía contener la eyaculación. Saqué la verga por completo de su intestino y le vi el interior rojo brillante del ano  que comenzaba a cerrarse. Con mi mano derecha retiré hacia atrás la piel de mi verga. El glande creció en tamaño y en su color púrpura, y lo apoyé  en su ano levemente abierto. De un envión la penetré y bien pegado a su culito derramé todo el semen que me urgía descargar.

Nos separemos mirándonos a los ojos. Yo giré hacia la ducha a fin de higienizarme y refrescarme y ella permaneció de pie mirándose en el espejo.

Al rato, Belu entró al baño trayendo de su mano a Huber muy sudoroso. Belu y yo nos higienizamos como pudimos. Ante la mirada de los dueños de la casa. Marité tomada a la cintura de Huber, no dejaba de sonreír.

Luego de vestirnos, él me dio un sobre con el arancel acordado.  Eran las cinco de la mañana. Salimos a la calle a esperar un taxi. Creo que no olvide contarte nada, finalizó diciendo Claudio.»

En el fondo de mi alma tengo celos de mi novio porque deseo tenerlo únicamente para mí.

Rober

Claudio

Rober nos habla de Claudio, uno de sus amantes

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