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La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Katia y sus fotos
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Fue una sorpresa encontrármela en la calle, hacía más de un año que no la veía y la encontré más atractiva que nunca, quizás fuera por tanto tiempo. Quizás por eso los saludos fueron más efusivos que otras veces. Nos fuimos a un café y hablamos un buen rato, fundamentalmente de lo que habíamos hecho ese tiempo. Me contó que se había vuelto a divorciar, que había estado trabajando de profesora de enseñanza media, y cito textualmente— Sigo follando tan poco como siempre. —La frase, no por menos oída dejaba de sorprenderme. Habíamos tenido sexo en más de una ocasión, incluso estando ella casada. También es cierto, que acusaba a sus dos maridos de prestarle poca atención, de follarla poco. —A mí lo que me gusta es follar —solía repetir al acabar nuestras sesiones de sexo vespertino, siempre que follábamos lo hacíamos por la tarde, yo me iba a mi casa antes de la anochecida.

—No creo que tan atractiva como eres no te hayas acostado con todos los que hayas querido —le dije desafiándola con la mirada.

—No he follado nada en meses, estoy muy salida —respondió manteniéndome el desafío.

No hizo falta nada más para irnos a su casa, como siempre cada uno por separado, y ella delante. Tuvimos sexo y fue tan bueno como de costumbre. Ambos hicimos lo necesario para que así fuera. A ella le gusta conversar después de follar, y hablamos como otras veces, de cosas íntimas. Ella me confesó una fantasía que había comenzado a tener desde hacía unas cuantas semanas. Me dijo que le gustaría verse en fotos en Internet. Le dije que no era nada complicado. —Fotos mías desnuda— aclaró sin que fuera necesario.

— ¡Déjame tu Smartphone! —le dije rápidamente.

— ¿Para qué…?

—Para hacerte unas fotos ahora.

—No, no, esas fotos no…—respondió ante mi propuesta.

— ¿Entonces…? —le pregunté confuso.

—Fotos mías follando.

Me quedé silencioso sin respuesta, la reacción la tuvo mi pene que se elevó como un resorte.

—Vuelve conmigo, chiquitín —dijo melosa mientras separaba las piernas y me hacía señas con su índice.

Follamos salvajemente sin muchos prolegómenos, ambos estábamos muy excitados. Especialmente ella, que se corrió repetidamente en orgasmos casi continuos. Después, apoyó su cabeza sobre mi pecho y después de decirme unas cuantas cosas bonitas y halagadoras me propuso— ¿Quieres ser tu quien me hagas las fotos?

— ¿Puedo negarme?

Ella negó moviendo rápidamente la cabeza antes de continuar explicando que ella pondría la cámara, la casa y la cama, prepararía una breve guión y buscaría al chico— Que quien me la vaya a meter sea de mi agrado —y aclaró—Él me la mete y tú me haces las fotos.

— ¿Y si de verte follando me pongo cachondo?

—Acabas de hacer las fotos y lo solucionamos.

— ¿Unos polvos?

—De momento solo uno, que estaré cansada—dijo antes de levantarse.

Un par de días más tarde me hizo llegar un mensaje citándome en su casa. Cuando me acomodé me entregó una cámara fotográfica impresionante, parecía profesional— Vete enterándote de cómo funciona —me indicó.

— ¿De dónde la has sacado?

—No preguntes pero ten cuidado con ella.

—Te debe de haber costado una pasta.

—Un par de polvos por cada día que la tenga, y ya van dos.

— ¿Dos días?

—Dos días y dos polvos, la devolveré mañana y me quedarán cuatro polvos por echar.

— ¿Y si la estropeamos?

—La estropearás tú pero yo me pasaré media vida follando con el dueño, así que ten mucho cuidado.

—Mmmmmmmm… con lo poco que dices que follas puede que se solucione dejándola caer.

—Ni se te pase por la imaginación que follar mucho con el mismo tío me cansa.

Una consulta en Internet, un par de pruebas y un cuarto de hora más tarde ya tenía controlada la cámara que también podía grabar vídeo. Le hice algunas fotos de prueba, con toda la ropa, preparamos la habitación y nos tomamos una cervecita mientras esperábamos al chico. Sonó el timbre de la puerta y me miró y me dijo—No te asustes por lo que vas a ver.

—Contigo cada vez me asustan menos cosas.

Abrió la puerta y entró un chico negro, enorme y musculoso, un armario de casi dos metros y con una sonrisa blanquísima.

Nos presentó y nos saludamos con un apretón de manos. Luego Katia le indicó un cuarto donde podía ir a prepararse.

Sin que yo le insinuara nada, ella hizo un intento de explicarse que sonó a excusa—No es lo que parece, es que soy tan blanca que se verá mejor una polla negra.

Ciertamente se iba a ver muy bien aquella polla, porque además de negra era enorme y el chico ya salió muy excitado del cuarto donde había dejado la ropa.

Katia le miró asombrada y yo simplemente le respondí—Es cosa tuya, tu lo has buscado y supongo que ya habréis follado.

—No, no, que va, lo vi en la calle mirándome el culo y se lo propuse.

— ¿Le propusiste a un desconocido follar contigo mientras os hacen fotos?

—Ajá.

Acepté la explicación y nos fuimos a la habitación preparada. Katia se quitó el albornoz que llevaba dejando al descubierto su espléndido cuerpo; tiene una espléndida figura y un excepcional culo. Me llamó la atención que llevara puesto un top, de color amarillo intenso, de cierre de botones, y que suele ponerse para follar y ocultar sus tetas que la acomplejaban. La verdad es que las tiene algo caídas pero tiene unos pezones que se le ponen duros como acero. A mí me gustan, especialmente mordisquearle los pezones pero ella los oculta porque la incomodan las miradas.

Luego nos explicó claramente a ambos que fotos quería—No quiero fotos generales, no quiero fotos follando, solo quiero fotos de una polla entrando en mi vagina y llenándome el coño.

—Será complicado si no estáis en una postura que permita hacer una foto clara. Además, os vais a mover mucho —alegué en mi papel de fotógrafo.

—Nos pondremos en las posturas que nos tengamos que poner y nos estaremos quietos mientras haces cada foto —aclaró ella.

—Va a ser hasta incómodo —dije pensando que tendrían que estar quietos mientras encuadraba y enfocaba.

—Se trata de que me hagas fotos del coño con una polla dentro. No se trata de fotos de una pareja follando para exponerlas en una exposición de fotografía artística.

Luego discutimos como empezar y que posturas pondrían. Mientras lo hacíamos, el chico no decía nada, solo nos miraba y se acariciaba la polla.

Katia hizo tumbarse a chico sobre la cama y se colocó sobre él dándole la espalda, le cogió la polla, se la acercó al coño y preguntó— ¿Estáis listos para comenzar?

—Listo —dije.

—Listo —dijo el chico.

Katia maniobró para acomodarse la enorme cabeza del inmenso pene entre los labios de su coño e hice la primera foto.

—Continúa bajando —le pedí.

Noté que Katia hacia fuerza pero apenas entraba. El gemido que le oí indicaba que le costaba y le dolía. Aún así logró que entrara un par de centímetros e hice otra foto. Así, poco a poco, centímetro a centímetro, y gemido a gemido, se fue metiendo la polla dentro, hasta metérsela toda y solo quedar asomando poco más que los testículos.

La verdad es que destacaba mucho la polla, y los testículos del chico contra la piel de kata. Ella es muy blanca, y además, como le acomplejan las tetas, para tomar el sol solo se pone bañadores de una pieza, con lo que la parte no expuesta al sol lucía mucho más blanca que el resto, solo piernas, brazos y un poco de espalda, el fino vientre destacaba casi deslumbrante. Además, se había recortado el vello púbico hasta dejarse solo un breve hilo e el centro del pubis que finalizaba en el arranque de su vulva. Cuando se levantó despacio para que le fuera haciendo más fotos, la polla parecía enmarcada entre los labios de su vulva. Noté que el clítoris había crecido y se mantenía erecto. Le pedí que parara un par de veces mientras yo iba cambiando de ángulo. Luego di un par de pasos atrás, abrí el zoom y le hice una foto de cuerpo entero.

—Esas fotos no me las hagas —protestó.

—Te las haré y luego tú decides que haces con ellas —me defendí.

Repetimos las subidas y bajas algunas veces más. Mientras lo hacíamos, los gemidos de Katia cambiaron, ya no eran de dolor, y la polla del chico se fue poniendo brillante señal de la lubricación vaginal que solo podía ser consecuencia de la excitación de ella.

Luego se pusieron de lado y el chico se la metió desde detrás, con la misma mecánica, primero el cabezón de la polla apartando los labios del coño y luego entrando centímetro a centímetro, y luego saliendo de las misma manera mientras yo hacía fotos. Volví a hacerles algunas fotos de cuerpo entero y fue cuando noté que ya no se estaban tan quietos, que ya no se paraban tanto en los posados, que el empujaba y ella hacía bailar su cadera. Y cuando volvía a abrir zoom vi a Katia con los ojos cerrados y la boca entreabierta en una placentera sonrisa. Cerré zoom y le hice algunos primeros planos del rostro. Cuando abrió los ojos se dio cuenta pero no protestó, solo volvió a cerrarlos y amplió la rotación del baile de su cadera.

Sin sacársela, se cambiaron de postura, el chico se volvió a poner sobre su espalda y ella encima, sentada sobre él mirándole. Hice varias fotos de detalle de la polla dentro del coño. Tuve que pedirles varias veces que no se movieran para no perder el encuadre. Cuando les hice fotos de cuerpo entero, desde distintos ángulos, vi que ya no posaban, que ya no disimulaban, que las fotos no les importaban, que solo querían follar. Vi que la boca de Katia buscaba la boca del chico. Aproveché y les tomé un vídeo de unos segundos, precisamente en los que los gemidos de ambos comenzaban a ser más intensos.

Luego, ella se movió torpemente y se colocó, en el centro de la cama, sobre la espalda separando las piernas.

—Ven, ponte ahora encima —le dijo al chico.

— ¿Y cómo podrá hacer fotos ahora de la polla dentro del coño? —protesté.

—Apáñatelas como puedas.

Y eso tuve que hacer, logré que ella levantara las piernas y el dejara sitio para poder hacerle unas fotos de los testículos golpeando el culo de ella. Cada vez que él retiraba la polla, esta salía con cuajarones blancos de las secreciones de Katia. No me lo pusieron fácil, decididamente iban por sus orgasmos. Así que me dediqué a fotografiarlos de cuerpo entero, haciendo detalles de las caritas que ella ponía. Yo ya había follado con ella varias veces antes, pero nunca me había fijado en eso, en las expresiones de su carita de niña mala y viciosa, entonces estaba más ocupado en otras cosas.

Curiosamente, mi excitación había comenzado a desaparecer con los primeros clic y ahora solo me preocupaba obtener buenas fotos; al menos las más impactantes.

— ¿Quieres que le haga una foto a tu coño con el semen saliendo cuando os corráis? —pregunté para anticiparme.

— ¿Correrse dentro? ¡Oh no, no, no!? —Dijo entre jadeos Katia—sería un escándalo si me preñara.

— ¿Qué hago entonces? —Preguntó él con voz entrecortada— ya no me queda mucho.

—Cuando te vayas a acabar la sacas y te corres encima de ella, apoyas tus huevos en su coño y pones la polla apoyada sobre la barriga de Katia, luego dejas que salga todo y me dejas sitio para las fotos —Propuse de inmediato.

Pensé que él no me había oído porque Katia había elevado el volumen de sus gemidos hasta convertirlos casi en gritos. Pero me oyó, la sacó la puso paralela a la barriga de ella y se izó para dejarme sitio. Grabé en vídeo toda la corrida, como salía a borbotones el semen. Hice también varias fotos, de detalle y generales. También le hice a Katia varias fotos de la carita.

Cuando el chico se apartó y se dejó caer a un lado sobre la cama. Katia se miró la barriga bañada en semen y me pidió algo para limpiarse.

—Usa los dedos —Le dije.

— ¿Y con qué limpio los dedos?

—Chúpatelos —Le dije ante la mirada divertida del chico.

—Es que nunca… —Comenzó a decir.

— ¿Nunca lo has probado? —La interrumpí— ahora entiendo porque follas tan poco.

Katia aceptó el desafío y con el dedo medio tomó un goterón y se lo llevó a la boca mientras le hacía fotos—No sabe mal—y volvió a tomar más semen con los dedos—pero dale algo a él para que se limpie.

—Límpialo tu —volví a desafiarla.

Katia abrió los ojos con cierto reparo antes de confesar—Es que nunca lo he hecho.

Era cierto que yo le había comido el coño pero ella nunca había hecho ni ademán de mamármela, ni siquiera jugueteando.

— ¿Nunca lo has hecho? —Preguntó el chico.

—No, nunca, no os riais de mi, nunca ni un poquito, nunca tuve necesidad.

Y era cierto, las veces que habíamos follado rápidamente se desnudaba, casi siempre de cintura hacia abajo, y se abría de piernas ofreciendo un coño mojado y dispuesto. No era una mujer difícil, es más, todo lo contario. Esa es una de las razones por las que nunca me creí su afirmación de que follaba poco. Aunque ahora, después de confesar que nunca se había comido una polla podía creerme su afirmación.

A una indicación mía, el chico se puso de rodillas acercándole la polla a la cara. Les hice varias fotos mientras ella intentaba torpemente metérsela en la boca. Les hice a ambos varias indicaciones. A ella para que se la pudiera tragar y al mismo tiempo respirar. Y a él para que no se precipitara. Todo fue en vano, hicieron lo que quisieron pero ella aprendió rápido y fue capaz de abrir la boca lo suficiente para tragarse toda la polla que le llegó hasta la garganta. Tuvo arcadas y le lloraron los ojos pero continuó.

—Cuando te vayas a correr la sacas y te corres por su cara —Le ordené al chico que ya comenzaba a poner los ojos en blanco.

Obedeció mis instrucciones y la sacó justo para lanzarle una descarga en el ojo izquierdo de ella, y otra en la lengua que ella disciplinada había sacado. Le hice varias fotos a la cara de Katia y grabé otro pequeño vídeo con ella relamiéndose el semen que le goteaba y recogía con los dedos.

Nos tomamos un refresco mientras les mostraba algunas de las fotos y videos.

—No están mal, he conseguido una buena cámara.

— ¿Y qué dices del fotógrafo? —protesté.

— ¿Y el que maneja la polla no importa? —intervino el chico.

Nos reímos un buen rato antes de decidir continuar.

La sesión continuó con ella tumbada sobre la espalda y pasando sus piernas sobre los hombros del chico. Me llamó la atención la mirada de Katia fija en la cara de él, y su expresión sonriente, diría que casi de felicidad; le hice bastantes fotos a la carita. Como en la parte final de la sesión anterior, ya no posaban, follaban y de vez en cuando dejaban sitio o ralentizaban el ritmo para dejarme hacerles fotos. Esta vez hice más vídeos.

Al empezar los jadeos ella se movió poniéndose a cuatro ofreciéndose a lo perrito. El se colocó detrás y apoyó la polla en el culo de Katia que gritó— ¡No, no, ahí no!

—¿Tampoco lo has hecho por ahí? —Le pregunté.

—No, nunca, y menos hoy con el pollón que tiene…

No pudo acabar la frase, porque el chico de un solo movimiento se la metió de golpe. Katia comenzó a gemir y a retorcerse. El chico la hizo apoyar la cara sobre las sábanas y se aferró con ambas manos a las nalgas. Ralentizó el ritmo y me miró indicándome que hiciera unas fotos y unos vídeos de como se la metía desde detrás. Luego rugió y se corrió dentro de ella. Katia, cansada se dejó caer hacia delante con el encima, mientras tanto, comencé a recoger. No me di cuenta de cómo pasó pero cuando miré hacia la cama, se habían puesto frente a frente de lado abrazándose y besándose con ternura.

—Me llevó la cámara para editar las fotos y los vídeos —Anuncié como despedida.

— ¿Te vas? —Preguntó Katia con dulzura.

—Sí, es mejor que me vaya y os deje acabar lo que habéis empezado.

—De acuerdo, nos vemos mañana.

Lo que hizo Katia me sorprendió, se sentó sobre la cama y se quitó el top amarillo ofreciendo sus pezones al chico que los tomó con la boca. Nunca lo había hecho conmigo —eso quiere significar algo— pensé. El gemido que oí inmediatamente antes de cerrar la puerta lo decía todo.

SR44

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