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La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Obsequio inesperado
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Este año resultó atípico en lo que respecta a la fiesta anual que realiza la empresa en la que trabajo porque se celebró un día laborable. Fue la reunión de las cinco sucursales en una misma fiesta. Eso nos brindó la oportunidad de conocernos, escuchar buena música y compartir tragos y bailar. En definitiva, fue buena para hacer nuevos amigos.

Todo transcurrió con normalidad, sin sobresaltos, aburrido y formal hasta que comenzamos a interactuar con los chicos de las otras sucursales. Algunas parejas ya comenzaban a moverse en la pista de baile apenas iluminada por proyectores led móviles, y con el sonido muy alto.

Abstraída en mis pensamientos, acomodada en la penumbra sobre un mullido sillón, apenas vi a un hombre mayor de pie junto a mí, invitándome a bailar.

Se presentó, diciendo llamarse Benito y me besó la mano.

“Que antigüedad” Pensé ― Me llamó Belu ―le respondí al tiempo que me ponía de pie dejando me llevara de la mano hasta la pista de baile. Los temas bailables eran casi lentos, como para comenzar a mover los pies.

Estimé su edad en cincuenta años y más, canoso, saco y pantalón sport.

― Eres muy bella, y muy joven ―Dijo.

― No exageres ―respondí.

― No exagero Belu. Siempre me digo, empezare invitando a la más bonita. Si no soy aceptado voy bajando mis pretensiones...

― ¡Que interesante! ―Dije― ¿Y a cuantas chicas has invitado hoy?

― Eres la primera ―Se apresuró a decir.

― Me reí y dije― Y tú eres el primero en invitarme.!

Mientras hablábamos seguíamos el ritmo de la música tomados de las manos.

― Es delicioso hablar contigo, Belu. Estamos de igual a igual. Nuestros nombres comienzan con B ―Dijo sonriendo.

― ¡Que curioso! ¿Será que me siento bien hablando contigo por coincidir en B?

Benito dio un paso más diciendo― Me encanta estar a tu lado, pero si pudiera elegir mi nombre me llamaría Carlos, para estar a tus espaldas.

No respondí, intuyendo que Benito había me había contemplado el traste.

Me sentía atraída por su manera sencilla de hablar. Su edad no me molestaba en nada ya que tengo amigos mayores como él. Su estatura 175 aproximadamente, su vientre bastante plano. Pulcro con buen perfume masculino y suave al tomarme las manos.

Cuando me preguntó si quería volver al sillón para encontrarme con alguien, le respondí que ido venido sola― Quiero divertirme ― Dije con seguridad en la voz.

Sus ojos brillaron de contento ―Podemos beber algo ¿Quieres? ―Me preguntó.

Asentí y nos dirigimos a la barra, y luego a la penumbra del sillón. Ahí pudo ver casi la totalidad de mis piernitas desnudas ya que al sentarme la faldita se acortaba más. Pasamos mucho tiempo hablándonos casi al oído. Para oírnos sin gritar. Conmigo preguntando, como buena preguntona que lo soy. Él halagando mi belleza, sensualidad, femineidad y otras cualidades que nunca he tenido.

Cuando comenzaron a sonar temas lentos, me llevó hacia la pista apoyando suavemente una mano en mi espalda baja. En ese momento sentí que era agradable estar con él. Benito me tomó con delicadeza y comenzamos a juntar nuestros cuerpos con espaciados roces. Luego se hizo más frecuente la fricción de mis pezones duros en su pecho. Me pareció hermoso sentirlo así. Y di un paso más en nuestra relación.

Apoyé la cabeza en su hombro mientras bailábamos y creo que ese gesto lo encendió. Comencé a percibir las tocadas que me hacía en el vientre con un bulto en crecimiento. Enseguida nos mirábamos a los ojos y descubrí que me gustaba que fuera tan seguro y sereno; que respetará mis tiempos, que me entendiera a pesar de nuestra diferencia etaria. comencé a desearlo.

Volvimos al sillón y me senté muy junto a su lado. Él me abrazo, me sentí segura y confiada. Espero un tiempo largo, hasta que consideró que podía dar un paso y me besó. Primero un pico en los labios. Luego cuando sintió mi lengua, la devoró. Le respondí de la misma forma, aferrándome a su cuello para que nuestras bocas no se apartasen.

Benito me dijo al oído― Eres la mujer que no he encontrado en años ―Y continuó― Soy vendedor viajante de la empresa. En cada viaje intento amenizar mis estadías... pero nunca he conocido una chica tan sensual y hermosa como tú.

Mi mano bajó desde su cuello acariciando el pecho por sobre la camisa. Me detuve sobre su cinturón. Él tomó mi mano y la besó con intensidad. Suspiró y dijo muy despacio― Belu, preciosa, me has encendido tanto que mi mayor deseo es disfrutar tus encantos en la intimidad. Conocernos tal cual somos, sin máscaras ni trajes.

Yo estaba con los pezones duros y bastante humedad en mi tanguita. Me limité a bajar la mano desde su cinturón hasta apoyarla en el bulto de su sexo. Y le dije― Deseo conocer todo lo que insinúas.

Benito me devoró la boca. Luego salimos de la fiesta, tomados de la mano hasta subir a su automóvil en la cochera.

Antes de comenzar a rodar, Benito me preguntó si disponía de tiempo para intimar. Le respondí que tomaríamos del tiempo que uno desea brindarle al otro.

Él comenzó conduciendo suavemente hasta el hotel que había visto antes de entrar a la fiesta, según dijo.

Luego de cerrar la puerta de la habitación tras nosotros, Benito me levantó en brazos. Mi pollera ajustada y breve se subió hasta la cintura. Ante sus ojos quedó mi tanguita mojada per no dijo nada.

Me cedió el paso al baño, oriné y me duché, luego fui hacia él envuelta en una toalla. Luego entró él al baño y oí el ruido del agua en la regadera. También vino cubierto con su toalla. Me besó apasionadamente y sentándose en la cama eligió un canal de música.

― Espérame dos minutos más ―le pedí y volví al baño.

Apliqué perfume en crema en mi zona íntima. Me calcé mis sandalias de tirantes y desnuda fui hacia él.

Benito había sintonizado un canal de música romántica. La intensidad de la luz era mínima y estaba acostado con los brazos cruzados bajo su cabeza. La toalla doblada en cuatro cubría únicamente su sexo.

Al verme desnuda, se incorporó de un brinco y me elevó del piso entre sus brazos, besándome el cuello y orejas. Me retorcí de gozo y por las cosquillas que me provocaban sus labios en las orejas

Dejándome sobre la cama quitó el calzado y comenzó a besarme toda, desde la punta de los pies, centímetro a centímetro, hasta llegar a la cabeza

Durante muchos minutos me estuvo besando, lento, suave y meticuloso, pero intenso haciéndome sentir el placer en cada punto de mi piel. Llegué dos veces al orgasmo. Cuando besó los labios externos de la vagina, y luego, cuando se ensañó en mis duros pezones. Deseaba sentir que me penetrará o me metiera la verga en la boca. Pero el la reservaba sin ofrecérmela. Enseguida pude de tenerla ante los ojos. La vi gruesa, no muy larga y rígida.

Era como un concierto musical con caricias de su lengua prodigadas al derecho y al revés. Cada vez que yo me movía retorciendo el cuerpo me abrazaba diciendo que le permitiera disfrutar del placer de cubrir mi piel.

Minutos después yo estaba manando fluidos por la vagina. Con mis pezones duros al punto de dolerme. Co mi boca ansiosa de engullir su trozo de carne. Y el capullo mi ano, bastante flexible luego de tener su lengua caliente humedeciéndolo, también reclamando ser atendido.

Comenzó a tocarme las tetas con las manos y a lamerme los pezones. A acariciarme la vulva, a lamerla y meter un dedo juguetón. Mientras jugaba con mis pezones me besaba comiéndome la lengua. Su otra mano se encargaba de magrearme el clítoris y acariciarme el ano presionándome el esfínter.

Llegué a un orgasmo gritando su nombre, pidiendo que me ensartase con su verga. Se lo pedí con desesperación real.

Se acostó y puso los brazos a los lados. Yo empecé a darle besos y hacerle caricias en el pecho y el vientre, poblado con una buena pelambrera, y terminé bajando hasta meterme su verga en la boca. El grosor me hacía abrir mucho la boca, llegando a dolerme las mandíbulas. Mientras, él me acariciaba la cabeza, la espalda y el culo mientras se la mamaba, atragantándome.

Al rato me pidió que lo cabalgase. Su pene estaba extremadamente duro y me lo froté sobre el sexo, entre los labios vaginales tocándome el clítoris. Mi cuerpo ya mostraba señales de estar gestándose un nuevo orgasmo.

Tomé con una mano su miembro y lo orienté a la puerta de entrada. El calor del glande me hizo temblar. Benito me sujetó por las caderas y me apretó contra a su cuerpo ensartándome hasta el fondo. Quedé sentada sobre sus pelotas, muy cargadas. Comencé a moverme y pronto a convulsionar liberando mucho fluido, casi literalmente meando sobre él.

Así permanecimos y mientras su pene estaba dentro de mí, él introducía dos dedos en el capullo de mi culo. Y me decía palabras hermosas― Eres tan sensual Belu. Sos inteligente, sabes disfrutar los buenos momentos, sos libre. Tienes un cuerpo divino, tus tetas son un manjar exquisito. Tu vulva tan rosada y sin pelitos es de muñeca. Tu ojito marrón es un capullo de pétalos que ante las caricias y besos se abre para que mi gusano lo visite y deje su carga de regalos. Sos única mi reina.

Este hombre mayor era un poeta, no lo se. Pero intuí que deseaba hacerme el culo. Para mí es normal entregar la cola en cada encuentro que me resulte satisfactorio. Por eso seguí el juego hasta darle el gusto.

Cuando sacó la verga de mi vagina, le pregunté si había acabado. Me dijo que no, pero que me estaba disfrutando mucho― Me gusta que me mires. Me encanta mirarte cuando llegas al orgasmo. Eres una hembra divina. Tu capullito marrón es una tentación irresistible de la que no puedo apartarme un ápice

Me abrazó y empezó a acariciarme la cabeza y la espalda. Me dio palmadas suaves en las nalgas.

Me acomodé para chupar nuevamente su hermoso pene hasta ponerlo duro. Casi no fue necesario porque ya lo estaba.

Benito me dijo que había disfrutado enormemente estando en mi vagina, profunda, suave y aterciopelada, pero que también lo enloquecía el capullo marrón de mi cola y deseaba conocerlo y explorarlo, si se lo permitía. Sonreí, le besé y le dije que podía disfrutarme como quisiera.

Me acostó de espaldas y me penetró a fondo. Me levantó las piernas hasta apoyarlas en sus hombros y hundió profundamente la verga en mí. Apenas se movía y me apretaba el clítoris con su entre pierna. Me agité y grité no sé qué. Temblaba y lloré de gozo pronunciando su nombre.

Me la sacó y los fluidos bajaron resbalando por mis muslos.

Me dijo que me pusiera en cuatro sobre la cama. Sus dedos untuosos con algún lubricante jugaron con el anillo de mi ano suavizando y distendido su cierre original.

Apoyó la cabeza de su verga gruesa en la pequeña entrada y sin urgencias entró suavemente, sin lastimar ni causar dolor, tomándose todo el tiempo permitiendo adaptar el anillo a la entrada del dominante invasor.

Cuando su falo estuvo todo enterrado en mis entrañas y sus pelotas pegadas a mi entre pierna me dijo― Mi reina, perdóname, pero debo darte sin compasión para llenarte de leche tu hermoso aposento.

Y comenzó un frenético mete y saca. empujándome y haciéndome perder la posición de cuatro patas. Luego, él mismo volvía a acomodarme para empujar sin tregua

Yo no veía hacia atrás, pero tenía la certeza que mi capullo ya sería una flor abierta en plenitud.

Un potente orgasmo anal me llegó sin avisar cuando Benito se aferró a mis nalgas abriéndolas con las manos mientras su pelvis me golpeaba sin pausa. Sentía su pelambre púbica acariciándome la sensible piel del capullo abierto y las contracciones de su verga llenándome muy adentro con su preciosa carga untuosa de semen.

Casi dos horas duraron las erecciones de Benito. Cuando su miembro se ablandó, nos duchamos juntos, acariciándonos con ternura

Yo feliz y cansada lo besé y me dijo― Belu eres una hembra divina, sensual, libre, sin prejuicios y buena chica. Por eso quisiera hacerte un regalo.

― Gracias Benito ―Dije― La pasé de diez.

― Mi regalo para ti con amor fue una pastilla azul que hizo maravillas en mí y pude complacerte. Te lo merecías y mucho más.

Belu.

Otro relato ...




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