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La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Tren del amor y el sexo
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Mi nombre es Aiko, que significa “niña amada”, tengo 22 años. Mi cuerpo es envidiado por muchas de mis amigas y deseado por muchos hombres. Mis padres son tokiotas, pero han vivido en New York durante 25 años, y allí nací yo. Luego de graduarme en la universidad, fui a conocer Tokio.

Mis padres habían contactado a un familiar de nombre Kenzo, para que me sirviera de guía. Al llegar a Tokio, Kenzo me esperaba en el aeropuerto, tenía todo preparado, se encargó de elegir un lugar de alquiler para mi estadía.

Lo que sería mi hogar por entonces, era un miniapartamento, claramente para que viviera una sola persona. Kenzo me habló de muchos lugares donde ir, pero me llamó la atención que había un tren del amor, y le dije que me gustaría conocerlo. Kenzo salió de mi pequeño refugio, me hizo una reverencia y se fue.

Al día siguiente, Kenzo llegó muy temprano a buscarme para ir a conocer el tren del amor. Llegamos a la estación del tren, y se podía leer "Keikyu Love Train", era un tren de seis vagones que circula por tres estaciones más y el recorrido dura 12 horas.

Subimos al tren y entramos a la cabina que nos asignaron, tenía una pequeña ventana, una mesa rebatible que dejaba lugar a una cama plegable y un exótico baño con ducha. El tren inició su recorrido y por la pequeña ventana podía ver algunos paisajes. A la hora de servir la comida, tocan a la cabina, aparecen dos bellas mujeres japonesas semidesnudas, quienes solo usaban un delantal de cocina para tapar sus pechos y genitales, sus rostros están llenos de deseo y lujuria. Dejaron la comida en la mesa y se fueron.

Al ver a esas bellas mujeres japonesas, mi coño se humedeció y no pude evitar sentir un poco de excitación y deseo. Vi en los ojos de Kenzo que también se emocionó con esas mujeres y me dice― Aquí la comida y el sexo van de la mano ― nos reímos.  Kenzo recoge la comida de la mesa y me dice ― la mesa no hace falta, se come sobre la cama.

Sacó la cama y me explica que se trata del sushi corporal, en esencia se sirve el sushi y sashimi sobre el cuerpo desnudo de una mujer, como si esta fuera el plato o bandeja, y cuando la bandeja es un hombre, entonces recibe el nombre de nantaimori.

Kenzo me dice que, si no quiero comer el sushi corporal, volverá a colocar los alimentos sobre la mesa. Mi estado de excitación hace que le diga― Estamos en el tren del amor, quiero ser tu bandeja ―Inmediatamente fui al baño y salí desnuda, me acosté en la cama y le dije― Quiero que te comas todo.

Kenzo comenzó a colocar las ruedas de suschi y sashimi por todo mi cuerpo, luego le puso salsa de soja, y eso me excitó más. Estaba nerviosa, mi corazón estaba acelerado, pero mi cuerpo se estaba tornando caliente y mi vagina estaba palpitando, llevaba casi 3 meses sin tener sexo ya que había roto con mi novio, y eso era un tiempo de angustias y torturas para mí, porque mis deseos sexuales debían ser satisfechos día a día.

En ese momento Kenzo me dice― Debo comer desnudo ―y comenzó a desnudarse, vi su verga semi erecta que se veía grande. Comenzó a comer sin usar las manos, con su boca tomaba el sushi rozando la boca por mi cuerpo, y lamia la salsa de soja. Se veía tranquilo comiendo, por momentos pensaba si él no me veía atractiva y solo se limitaría a comer suschi. Su boca recorría mi cuerpo, y vi como su verga estaba bien erecta, en ese momento no aguanté más y le dije― ¡Cógeme, hazme el amor, quiero sentir tu verga!

De inmediato su boca llego a mis tetas, y luego bajó a mi depilado coño, donde se dio banquete, chupaba mis labios vaginales, mi clítoris y eso hizo que me viniera, y el saboreaba mis fluidos; lamió hasta la última gota de mi esencia más íntima y dijo― Nunca me había comido un coño tan rico.

Al cabo de unos minutos de manoseo por todo mi cuerpo, Kenzo se puso en posición sobre mi cuerpo y empezó a meterme la verga. Empecé a besarlo despacio, sin prisas, él correspondía a mis besos, mientras profundizaba más con su verga. Yo me moría del placer, había tenido dos orgasmos y podía oír a través de la pared que separa a la otra cabina, fuertes gritos de placer.  Luego me puso en cuatro, y me la volvió a meter, le pedí que llegara en mi boca, pero me dijo― En la próxima estación comes tú, por ahora eres mi banquete. Inmediatamente sentí como su semen caliente quedaba dentro de mi coño y se retiró de mi cuerpo.

Cuando el tren llegó a la siguiente estación, volvieron a tocar la puerta de la cabina, eran otra vez las mujeres con otra comida, nos vieron desnudos y dijeron― Esperamos que ahora coman más rico.

Kenzo se acostó sobre la cama y empecé a colocar la comida sobre su cuerpo. Su verga cobraba fuerza, y luego de tomar algunos alimentos con la boca, no aguanté y me comí su verga, sentí su erección palpitar en mi boca, rompí las reglas y usé la mano para mastúrbalo, lo mamé como una loca desesperada. Mientras mi boca disfrutaba con su verga, instintivamente mi mano acariciaba mi coño para darme placer sin ninguna pausa.

Tanto él como yo estábamos disfrutando, suspirando, jadeando y gimiendo. Me puse sobre él y tomé su verga con una mano para dirigirla a mi coño. Lo cabalgué un rato, tuve otros orgasmos y su leche tibia volvió a invadir mis entrañas.

En la tercera y última estación, llegaron otra vez las dos mujeres, esta vez no traían comida, entraron y se quitaron el delantal, y en la diminuta cabina, ambas mujeres se besaban, entonces fue el momento para que Kenzo me pegó a la ventana y me penetró desde atrás y estallé en un clímax de placer. Después, una de las mujeres me besaba en mi boca y luego bajó a mi vagina. Yo moría de ganas por hacerle oral y mis ganas no duraron mucho porque la otra mujer se cuadró levantando una de sus piernas y puso su coño en mi boca. En la cabina comenzó había un concierto de gemidos.

Kenzo nos miraba mientras se masturbaba hasta que dijo― ¿Quién quiere leche? ―y las tres fuimos al encuentro de su verga. Se vino en las bocas y tetas de las tres. Todas le chupamos y tragamos su semen.

Antes de terminar el recorrido Kenzo y yo entramos al baño, debajo de la regadera había una banqueta de cuero rojo, Kenzo se sentó y no había más espacio, así que tuve que sentarme sobre sus piernas. Su verga se sentía dura, nos abrazamos, nos besamos mientras el agua tibia caía sobre nuestros cuerpos, y mi coño disfrutaba otra vez con su verga adentro.

Cuando el tren termino el recorrido, nos bajamos y Kenzo me acompañó hasta el sitio donde estaba hospedada. Se despidió con una reverencia, y le dije ― Mañana quiero conocer otros sitios.

Kasandra

 

 

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