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La Página de Bedri
Relatos prohibidos
Viaje a Tailandia
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Mi nombre Katy, soy una joven de 25 años a la que le encanta viajar por el mundo para conocer otras culturas y vivir emociones.

Un día, chateando con amigos en una red social, me llamó la atención un hombre de Tailandia, quien dijo que tierra está bendecida con varias características geográficas y atracciones que se adaptarán a los gustos de cualquier persona, y que ofrece una variedad de actividades. Me describió las soleadas playas de Phuket, saborear una cena romántica a la luz de las velas en la isla de Krabi.

Por lo dicho por mi amigo, de nombre Somchai, decidí tomar unas vacaciones para visitar Tailandia. Al llegar al aeropuerto de Bangkok conocí personalmente a Somchai, un hombre de unos 40 años y rasgos físicos tailandeses. Me dijo que su nombre en tailandés significa “hombre de verdad u hombre de valía” y empezó a llamarme Chailai, que significa “bonita”.

Somchai me dijo que Tailandia tiene nada menos que 500 islas, y que él tiene un pequeño yate que le sirve para organizar excursiones con turistas para que disfruten de lo mejor del paraíso. Para aprovechar mejor mi semana en Tailandia, propuso que lo ideal era que me alojara en el yate, donde tendría una habitación para mí. Como me encantan las emociones acepte la propuesta.

Esa misma noche entramos en un bar que parecía decente a tomarnos una cerveza y refrescarnos del calor de Bangkok. Se celebraba el fin de año y la costumbre era verter agua sobre estatuas de Buda, pero en el bar había varias chicas tailandesas lanzándose agua entre ellas y un poco de agua en el hombro de los clientes mojando nuestras franelas.

Con los tragos y el cálido ambiente, empezaron las caricias entre Somchai y yo. Yo no llevaba brassiere y Somchai lo notó por mi camiseta mojada, mis pezones estaban erectos. Luego nos fundimos en un largo y apasionado beso y noté la enorme erección que le había provocado.

Entonces me preguntó― ¿Quieres que vayamos a dar un paseo en el yate?

― Sí ―le respondí.

Al llegar al yate, me cogió de la cintura y dijo― Chailai eres una mujer preciosa, y me gustaría hacerte el amor.

― ¡Hazlo! ―le contesté

Entramos al camarote, donde lo primero que había era un baño y después una habitación con una cama. Allí me quito la camiseta y empezó a besarme las tetas, chupando y mordiéndome los pezones, mientras con una mano me empezó a acariciar el sexo por encima del pantalón. Yo estaba muy caliente y me dejaba hacer. Rápidamente me quitó el pantalón y me quedé solo con la tanga ultra pequeña, tipo hilo, apartó la poca tela y empezó a acariciarme el clítoris y a meter los dedos dentro de mi vagina. Así estuvo un rato, chupándome los pechos y masturbándome. No tardé en tener un intenso orgasmo.

Después, le desabroché el pantalón y le saqué la verga que ya tenía muy dura, y muy grande. Mientras lo besaba en los labios empecé a acariciarle la verga con la mano. Le masturbaba, mientras le seguía besando. Su respiración era intensa y gemía, después bajé hasta la verga y empecé a besarla y a chuparla. Me la metí toda en la boca y, muy despacio, empecé a hacerle una felación. Noté cómo salía el líquido preseminal y lo tragué. Empecé a chupársela acelerando el ritmo y metiéndomela hasta el fondo. Gimió con más intensidad y me agarró la cabeza diciendo― ¡Así, así, mamas muy rico! ―No pasaron más de cinco minutos cuando sentí como liberaba una inmensa y caliente descarga dentro de mi boca. Enseguida me apretó la cabeza hacia él, soltando el resto en mi garganta. Su verga dentro de mi boca más de un minuto y el semen que se salió de mi boca, me mojó las tetas.

Me acostó en la cama boca arriba y me fue abriendo poco a poco las piernas mientras las besaba. Fue subiendo hasta que me lamió la vulva y con la lengua empezó a acariciarme el clítoris. Luego me colocó encima de su cuerpo, dejándome caer sobre él. Sentí su pecho y su vientre debajo de mis muslos, apretándome contra su verga.

Bajó una de sus manos para agarrar la verga y la llevó hasta la entrada de mi vagina, haciéndola entrar poquito a poquito y haciéndome empezaba a sentir aquel trozo de carne dura entrando en mi coño.

Somchai sostenía mi cuerpo encima del suyo y sentí que su verga profundamente en mi vagina. Empecé a moverme para sentir su verga salir y entrar en mi coño, primero lentamente, mientras yo gemía de placer, hasta que después el movimiento ya lo hacía muy rápido y con naturalidad, mientras él me besaba las tetas, y yo empezaba a gritaba de placer.

Luego de varios minutos cabalgándole, me pidió que me pusiera en cuatro. Se colocó por detrás de mí y dijo― Tienes un coño muy bonito y me encanta que este depilado ―Y volvió a meterme la verga en el coño. El placer me iba aumentando a cada movimiento de su verga. Mi cuerpo ardía de placer. Era maravilloso aquel meter y sacar rápido de su verga en mi cuerpo que me hacía volver loca. Yo gemía, gritaba, estremecía, estaba encantada de recibir toda aquella carne dura. Era evidente que Somchai se había pasado la vida cogiendo a muchas mujeres y sabía muy bien lo que estaba haciendo conmigo para que me lo pasase bien.

De pronto Somchai empezó a dar jadeos y gritos, mientras inundaba mi vientre con su semen. Me seguía besando, estando acostado a mi lado, y así nos quedamos dormidos.

A la mañana al despertar, Sonchai había dado rumbo a su yate y estábamos alejados de la costa. Mi maleta seguía la cubierta y salí desnuda, Sonchai estaba sentado al timón.

Ya no hacían falta las palabras, nos sobraba con los ojos, me sujetó por la cintura y me besó de nuevo, me arrastró suavemente hacia él. Agarró su short playero, se lo quitó y me dijo― Ahora estamos iguales ―Y al aire quedó su verga, larga y gruesa.

Me preguntó― ¿Sabes nadar? ―le respondí que sí, entonces me tomó de la mano y nos lanzamos al agua. Él se sumergía y nadaba por debajo de mí tocándome en el sexo. Luego puso sus labios sobre los míos, y empezó a pasarme la lengua suavemente para que yo los abriera. Estábamos bastante alejados de la playa, y el agua me llegaba hasta el cuello. Somchai seguía abrazándome y besándome. Me cogió la mano y la llevo hasta su verga para que pudiese ver lo excitadísimo que estaba. Sus manos recorrían mi cuerpo, y su lengua abandono mi boca para dedicarse a mis tetas.

Su verga apretaba mi vulva mientras jugueteaba con mi clítoris, frotándolo y oprimiéndolo; hasta que me sujeté a su cuello y abrí mis piernas para que mi coño recibiera su verga. Las sensaciones debajo del agua son totalmente diferentes, o al menos yo lo disfruté así. Tuve oleadas de placer y me agité en un orgasmo sin fin.

Nos quedamos abrazados, relajados y me dejé flotar sobre las aguas, pero él no terminaba de soltarme; luego subimos al yate. El sol calentaba mi piel mientras las emociones de las últimas horas, mantenían mis músculos en tensión. Cerré los ojos y me dejé llevar por la sensación de paz que sentía, Adormilada recordaba mis orgasmos, y pensaba que, si en dos días había sentido tanto, unas maravillosas vacaciones me esperaban.

Por encima de la cama había una claraboya por la que se veía el cielo estrellado. Yo continuaba desnuda. Somchai había preparado la cena, la mesa estaba servida con una botella de vino. Disfrutamos de la cena, nos besamos apasionadamente y bajo el cielo comenzó a disfrutar de su postre, me lamió el coño. Luego nos acostamos sobre la cubierta, yo encima de Somchai en posición inversa, con mi coño al alcance de su lengua y su verga al alcance de mi boca. Comenzamos con un 69, su lengua penetraba y salía de mi vagina, lamía, chupaba, jugaba, y hacía todas las travesuras. Yo tragaba su verga, la chupaba, la mamaba, la acariciaba. Mi boca parecía una vagina, su verga entraba y salía, gemíamos y disfrutábamos. Obtuve un riquísimo orgasmo y luego él se corrió en mi boca.

Después de un descanso y de dos o tres copas de vino, le dije a Somchai ― La noche a penas ha comenzado y mi cuerpo quiere más verga ― Me coloqué encima de él, tomé su verga con mis manos y la introduje en mi coño. Con movimientos de cadera conseguí que su miembro penetrara hasta el fondo de mi vagina. Me movía con rapidez en un sube y baja mientras él me chupaba los pezones, los mordía. Su lengua recorría mis tetas Mis movimientos cada vez eran más rápidos y comencé a gemir y a sentir otro orgasmo.

Somchai me volteó y comenzó a lamerme el culito, cada vez más relajado y cada vez más dilatado, hasta que su verga penetró mi culo. Sus manos en mis caderas hacían que se moviera con fuerza, con furia. Bombeaba con ganas mi culo y yo solo gemía hasta que me llenó el culo con un largo y cálido chorro de semen.

Al poco tiempo, empecé a acariciarlo, a masturbarlo, quería más sexo.  Somchai fue hasta la cocina del barco, tomó un envase de helado, puso un poco en mi vagina y comenzó a lamerla con ansia, cada vez con más fuerza. Su lengua entraba y salía, recorría todo mi interior, así como atacaba mi clítoris con fuerza y sus dientes de vez en cuando daban un pequeño mordisqueo, lento y suave. No puedo precisar el tiempo que tardamos, pero el orgasmo me llegó con una serie de convulsiones y movimientos pélvicos fuertes y rápidos.

En la mañana siguiente, fui hasta el puesto en el timón, y sentándome encima de Somchai le di los buenos días con gran beso. Comencé a moverme sobre su verga, sus manos se fueron a mis tetas que comenzó a acariciar. Su verga se levantó y poco a poco me fui acomodando para que me la metiera. Fue un buen polvo mañanero, lento, muy lento, pero muy placentero. Me movía al compás de las olas y de mis caderas, subiendo y bajando, hasta que conseguimos tener otro orgasmo matutino, mientras mi mente se recreaba en la pasión que me consumía.

Esa mañana nos duchamos, nos vestimos y llegamos a otra isla donde bajamos a desayunar, para después Sumchai y yo continuar buscando otras emociones.

Kasandra

Otro relato ...




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