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La Página de Bedri
Vino
Vino y nutrición
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Las culturas clásicas del Mediterráneo, pueden considerarse la cuna del vino, junto con el aceite de oliva y el trigo, como los pilares benefactores de la dieta.

Hasta hace poco tiempo el consumo del alcohol no se consideraba como una parte importante de la dieta, pero en el caso de nuestra cultura el alcohol, y en especial el vino tinto, ha sido y sigue siendo, un componente esencial de la dieta y puede ser parcialmente responsable de las bajas tasas de enfermedades cardiovasculares que existen en las poblaciones mediterráneas, la denominada como Paradoja Francesa (Renaud y Lorgeril, 1992), frente a los países nórdicos.

Se acepta en general que el cuerpo humano está sometido a un proceso continuo de oxidación, y que, en cierto modo, envejecemos porque nos oxidamos. La mayoría de las enfermedades degenerativas: cardiovasculares, cáncer, demencia senil, Alzheimer, degeneración macular, etc, que están causadas o son promovidas por el daño oxidativo. La longevidad es en cierto modo la resistencia del cuerpo a la oxidación, pero tiene una eficiencia limitada (Cutler, 1984), es el llamado sistema antioxidante endógeno. Pero los alimentos también nos proveen de antioxidantes de tipo exógeno, es decir, de origen externo. Las reacciones de oxidación se transmiten vía radicales libres para dar compuestos de tipo peróxidos e hidroperóxidos que producen el daño celular. Para combatir el peligro de los radicales libres disponemos de algunos mecanismos, más bien pasivos, que se oxidan siempre en primer lugar, antes que las moléculas a las que protegen, como es el caso de las vitaminas C y E. Otro grupo de antioxidantes exógenos, actúan inactivando radicales libres. Entre ellos están los polifenoles, presentes en muchos alimentos de origen vegetal y en la uva en especial, que son la principal causa de los efectos cardiovasculares del vino.

Valor calórico

Dentro de una dieta equilibrada, no sólo en sus nutrientes sino también en valor energético, no podemos olvidar las calorías que le aporta las bebidas alcohólicas.

El alcohol etílico o etanol es el resultado de la fermentación del azúcar. El valor energético fisiológicamente útil del etanol es de 7 Kcal/gramo, pero para calcular la energía aportada a través de la ingestión de bebidas alcohólicas, hay que tener en cuenta que su densidad es 0,8 g/ml y que el contenido de alcohol viene expresado en volumen.

Como un dato orientativo, las calorías procedentes del etanol dentro de una dieta equilibrada, no deben superar el 10% de las calorías totales de la dieta.

Consumo moderado

Después de relatar los beneficios del vino y su calor energético con este lío de cifras, recalcaría, para terminar: ¿qué se entiende por “consumo moderado” para obtener los mayores beneficios sin llegar al umbral perjudicial para la salud?.

El consumo moderado está sometido a distintas variables de la persona como el hábito en el consumo, peso, edad, sexo, determinaciones genéticas, distintas patologías, tomas en la comida o en ayunas...lo que lo hace muy variable y difícil de estandarizar.

Las recomendaciones de los organismos sanitarios internacionales se refieren a gramos de alcohol puro (etanol) como medida de ingesta máxima diaria, que no debe de pasar de 30 gramos. Basándonos en los cálculos anteriores podremos saber el etanol puro que contiene una cantidad determinada de vino.

Se puede deducir, como recomendación final, y siempre que no exista contraindicación de algún tipo, que un cuarto de litro de vino al día, bien elegido, y bien saboreado, nos transmitirá sus propiedades saludables, a la vez que nos proporcionará un placer más de la vida.